Michel Devoret trabaja en una de las tecnologías más ambiciosas del siglo, la computación cuántica. Aun así, cuando habla de los riesgos más cercanos, no señala primero a los ordenadores cuánticos, sino a la inteligencia artificial.
El Premio Nobel de Física de 2025 y científico jefe de Hardware Cuántico de Google Quantum AI lo resumió con una frase directa en una entrevista reciente. “Si hay que preocuparse de algo de manera prioritaria ahora mismo, diría que es más la IA”, afirmó, al explicar que esta tecnología ya está cambiando empleos, aulas y laboratorios.
La alerta de Devoret
Devoret no presenta la inteligencia artificial como una película de robots fuera de control. Su preocupación va por otro lado, más cotidiano y quizá más incómodo. La IA ya está en el móvil, en el trabajo, en los deberes y en la investigación científica.
El físico sostiene que la diferencia está en cómo se usa. “Cuando se sabe usarla, da superpoderes”, dijo. La idea es sencilla: una persona que verifica, compara y entiende lo que pregunta puede multiplicar su capacidad, pero quien copia sin pensar puede acabar más confundido.
En la práctica, eso significa que la alfabetización digital ya no va solo de manejar una pantalla. También consiste en saber detectar errores, pedir fuentes, entender límites y no tratar a una respuesta automática como si fuera una verdad caída del cielo.
Un Nobel cuántico
La advertencia llama la atención porque Devoret no viene precisamente de un campo menor. La Real Academia Sueca de Ciencias le concedió el Nobel de Física de 2025 junto a John Clarke y John M. Martinis por demostrar efectos cuánticos en un circuito eléctrico lo bastante grande como para medirse en un chip.
La computación cuántica intenta aprovechar reglas raras de la física a escala muy pequeña. En vez de trabajar solo con ceros y unos, usa bits cuánticos que pueden representar más posibilidades durante el cálculo. Dicho sin rodeos, promete resolver ciertos problemas que a los ordenadores normales se les atragantan.
El avance premiado se basó en circuitos superconductores, materiales capaces de conducir electricidad sin resistencia en condiciones especiales. No es magia. Es ingeniería finísima, como intentar que una orquesta toque una pieza delicada sin que nadie desafine.
La cuántica aún va paso a paso
Google confirmó en octubre de 2025 que Devoret es científico jefe de Hardware Cuántico en su equipo Quantum AI. La compañía también recordó que sus trabajos sobre efectos cuánticos macroscópicos ayudaron a sentar las bases de los actuales ordenadores cuánticos superconductores.
Ese contexto importa. Devoret no resta valor a la computación cuántica. Al contrario, trabaja en ella. Pero sí marca una diferencia clara entre una tecnología que todavía necesita tiempo para madurar y otra, la IA, que ya está metida en la vida diaria de millones de personas.
Google ha presentado avances como Willow, un chip cuántico diseñado para reducir errores al aumentar su escala. La corrección de errores es clave porque los sistemas cuánticos son muy sensibles y se estropean con facilidad. Algo parecido a intentar escuchar un susurro en mitad de una estación llena de gente.
El riesgo más inmediato
La computación cuántica también tiene riesgos reales. Uno de los más citados es su posible impacto sobre la seguridad digital, porque un ordenador cuántico potente podría romper métodos de cifrado usados hoy para proteger bancos, correos o compras en línea.
Por eso, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos publicó en 2024 los primeros estándares de criptografía poscuántica. Ese término significa nuevos sistemas de seguridad pensados para resistir futuros ataques de ordenadores cuánticos.
Pero Devoret insiste en que la IA va por delante en urgencia social. No hace falta esperar a un gran salto técnico para ver sus efectos. Ya influye en cómo se redactan informes, cómo se estudia, cómo se programa y cómo se decide qué información parece fiable.
China, EEUU y Europa
En la entrevista, Devoret también habló de la carrera tecnológica global. No describió a China como una amenaza simple, sino como un actor que está acelerando el avance del campo, de una forma parecida a lo que ocurrió con la carrera espacial en el siglo XX.
Ese matiz es importante. La competencia científica puede crear tensión, pero también empuja a invertir, formar talento y construir mejores laboratorios. Al final del día, muchas tecnologías nacen precisamente cuando varios países y empresas sienten que no pueden quedarse atrás.
Devoret ve además una oportunidad para Europa si sabe reforzar su investigación. Su propia carrera mezcla universidad e industria, con vínculos con Yale, la Universidad de California en Santa Bárbara y Google Quantum AI. Esa combinación explica parte de su mensaje: la ciencia básica y la tecnología aplicada no deberían vivir de espaldas.
La lección práctica
La frase de Devoret deja una conclusión bastante clara. La pregunta ya no es solo qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué hacemos nosotros con ella. ¿La usamos para pensar mejor o para dejar de pensar?
Para estudiantes, trabajadores y científicos, el consejo implícito es casi el mismo. Conviene usar la IA como apoyo, no como sustituto del criterio propio. Pedir explicaciones, comprobar datos y contrastar fuentes puede marcar la diferencia entre aprender más y repetir errores con mucha seguridad.
La entrevista principal se ha publicado en EL PAÍS.










