Suiza está convirtiendo una enorme excavación en Laufenburg, en el cantón de Argovia, en una batería subterránea pensada para ayudar a estabilizar la red eléctrica europea. El proyecto de FlexBase aspira a superar los 2,1 gigavatios hora de almacenamiento y a entregar más de 1,2 gigavatios de potencia, una escala que la empresa compara con la central nuclear de Leibstadt.
La idea parece sacada de una obra de ciencia ficción, pero responde a un problema muy cotidiano. ¿Qué pasa cuando hay mucho sol al mediodía, demasiado viento por la noche o una demanda enorme justo cuando la producción renovable baja? La respuesta, cada vez más, pasa por guardar electricidad a gran escala.
Una batería bajo Laufenburg
El proyecto se levanta en el Centro Tecnológico de Laufenburg, cerca de la llamada Estrella de Laufenburg, un punto histórico de la red eléctrica europea. Según FlexBase, la construcción empezó en primavera de 2025 y combina almacenamiento energético, un centro de datos de inteligencia artificial refrigerado por agua, oficinas y laboratorios.
La excavación tiene unos 27 metros de profundidad y se ha descrito como más larga que dos campos de fútbol. No es un simple sótano. Ahí se instalarán tanques, bombas y equipos eléctricos de una batería de flujo redox, una tecnología pensada más para la red que para caber en un móvil.
El grupo constructor ERNE explica que la obra mueve cientos de miles de metros cúbicos de material, parte del cual se procesa para volver a utilizarse en el propio proyecto. En la práctica, la obra es casi una pequeña ciudad técnica bajo tierra.
Por qué hace falta
La red eléctrica se está llenando de piezas nuevas. Hay más paneles solares, más aerogeneradores, más coches eléctricos, más bombas de calor y más centros de datos. Todo eso aumenta la necesidad de equilibrar la electricidad casi al instante.
Swissgrid aprobó en enero de 2026 la primera fase de conexión a la red, con 800 megavatios de capacidad. Ese paso es clave porque una batería de este tamaño no sirve de mucho si no puede absorber y devolver energía con rapidez cuando la red lo necesita.
FlexBase calcula que la capacidad final podría cubrir el consumo de unos 210.000 hogares durante 24 horas. La cifra ayuda a entender la escala, aunque el objetivo real no es alimentar casas una por una, sino actuar como un gran amortiguador eléctrico.
Cómo funciona esta batería
Una batería de flujo redox no funciona como la batería de iones de litio de un portátil. En lugar de guardar la energía principalmente en piezas sólidas, usa líquidos especiales almacenados en grandes tanques. Cuando esos líquidos circulan por unas celdas, la energía química se convierte en electricidad.
Dicho de forma sencilla, es como tener el combustible eléctrico separado del motor. Para guardar más energía se pueden ampliar los tanques, mientras que la potencia depende más del equipo que convierte esa energía en electricidad útil. No es pequeño. Pero para una red eléctrica, el tamaño puede ser parte de la solución.
Invinity Energy Systems ha sido elegida para diseñar una batería de flujo de vanadio de hasta 1,5 gigavatios hora en la fase inicial, con opción de crecer después hasta 2,1 gigavatios hora. La compañía prevé trabajar en la ingeniería durante 2026 y 2027.
Invinity entra en juego
Marcel Aumer, consejero delegado, presidente y fundador de FlexBase Group, defendió la elección de Invinity por «su no inflamabilidad, su estabilidad cíclica y su flexibilidad». Esa frase resume buena parte del atractivo de esta tecnología. Seguridad primero.
Las baterías de flujo no son una varita mágica. Ocupan mucho espacio, requieren bombas y necesitan una instalación compleja. Pero tienen una ventaja clara para ciertos usos estacionarios, ya que su electrolito acuoso reduce el riesgo de incendio frente a otros sistemas.
Ese punto importa mucho en Laufenburg porque la batería compartirá campus con un gran centro de datos de inteligencia artificial. Al final del día, no solo se trata de guardar energía renovable. También se trata de gestionar picos de consumo en instalaciones que pueden pedir mucha electricidad de golpe.
Más que almacenamiento
FlexBase presenta el campus como un centro tecnológico completo, no solo como una batería gigante. El calor residual del centro de datos se enviará a una red de calefacción urbana para Laufenburg y municipios cercanos, con un ahorro estimado de unas 75.000 toneladas de dióxido de carbono en 30 años, según la empresa.
También hay un impacto económico evidente. SWI swissinfo.ch informó en abril de 2026 de que el proyecto, financiado con fondos privados, tendría un coste estimado de entre 1.000 y 5.000 millones de francos suizos y podría crear unos 300 empleos. También apuntó a una entrada en funcionamiento en 2029.
Quedan fases por completar, permisos técnicos por cerrar y equipos por integrar. Pero la dirección es clara. La transición energética ya no va solo de levantar más paneles solares o aerogeneradores. También va de construir los almacenes gigantes que permitan usar esa electricidad cuando de verdad hace falta.
El comunicado de prensa oficial se ha publicado en FlexBase.











