Europa está mirando al cielo con una idea muy concreta. No se trata solo de tener internet en pueblos remotos o en barcos, sino de asegurar que las comunicaciones clave no dependan siempre de empresas de Estados Unidos.
El Gobierno español ha pedido a la Unión Europea que acelere una constelación europea de satélites y que la próxima licitación de espectro tenga en cuenta la soberanía digital. Óscar López, ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, lo resumió con una frase directa durante la reunión informal de ministros de Telecomunicaciones celebrada en Chipre entre el 29 y el 30 de abril de 2026. «No vamos a ser competitivos en el futuro si no tenemos un modelo europeo».
España mueve ficha
La petición española llega en un momento incómodo para Bruselas. La Comisión Europea debe decidir qué hacer con la banda europea de dos gigahercios, usada para servicios móviles por satélite, porque las autorizaciones actuales caducan en mayo de 2027.
Dicho de forma sencilla, el espectro radioeléctrico es el espacio invisible por el que viajan las señales. Si internet fuera una carretera, el espectro serían los carriles. Y esos carriles no son infinitos.
España, con el respaldo de Francia, quiere que la próxima adjudicación no se base solo en criterios técnicos o económicos. La idea es añadir una capa política, para que Europa no se quede sin margen propio cuando las comunicaciones sean críticas.
Qué es una constelación
Una constelación de satélites no es un único aparato dando vueltas alrededor de la Tierra. Es una red de muchos satélites que trabajan juntos, como si fueran antenas en el cielo.
Starlink, la red de SpaceX, ha convertido ese modelo en algo familiar para millones de usuarios. Su servicio usa satélites en órbita terrestre baja para ofrecer internet de banda ancha, una zona más cercana a la Tierra que permite reducir el retraso de la señal.
Ahí está parte del reto europeo. No basta con lanzar satélites sueltos. Hace falta una red coordinada, con permisos, estaciones terrestres, industria propia y reglas claras. Suena menos espectacular que ver un cohete despegar, pero es lo que decide quién controla la conexión.
IRIS2, el plan europeo
El proyecto europeo ya tiene nombre. Se llama IRIS2 y la Comisión Europea lo presenta como una constelación segura para gobiernos, empresas y ciudadanos, con unos doscientos noventa satélites en varias órbitas.
La misión principal no es copiar a Starlink punto por punto. IRIS2 busca comunicaciones seguras para instituciones, ministerios, embajadas, equipos de emergencia y zonas donde las redes terrestres fallan. En la práctica, eso significa tener una red de respaldo cuando la fibra, el móvil o las antenas de tierra no bastan.
La Comisión adjudicó en octubre de 2024 un contrato de doce años al consorcio SpaceRISE, formado por operadores europeos como SES, Eutelsat e Hispasat. Ese contrato prevé desarrollar, desplegar y operar el sistema, con servicios gubernamentales previstos para 2030.
Por qué importa el espectro
La banda de dos gigahercios es relevante porque permite servicios móviles por satélite. La Comisión abrió en 2025 una consulta específica sobre su uso futuro y recordó que los permisos actuales, concedidos a operadores que hoy son Viasat y Echostar, expiran en mayo de 2027.
Esa consulta recibió sesenta y cuatro aportaciones, según el informe factual publicado por la Comisión. No es un detalle menor. Cuando muchas empresas quieren el mismo trozo de cielo radioeléctrico, Bruselas tiene que decidir si prioriza continuidad, competencia, innovación o control estratégico.
La soberanía digital, en este caso, no significa cerrarse al mundo. Significa no depender por completo de infraestructuras ajenas cuando hay una crisis, un apagón, una guerra o una catástrofe natural. Es como tener una linterna en casa aunque casi siempre funcione la luz.
La IA entra en el mismo debate
La reunión de Chipre no habló solo de satélites. La Presidencia chipriota del Consejo de la UE planteó también la adopción de una inteligencia artificial confiable, la protección de menores online y la resiliencia de las infraestructuras críticas.
López defendió que Europa tiene una «oportunidad histórica» para crear un modelo propio de inteligencia artificial. Su mensaje no fue que la UE deba tener necesariamente la IA más rápida o más barata, sino una en la que usuarios, empresas y administraciones puedan confiar.
Bruselas ya ha puesto en marcha diecinueve AI Factories, centros que combinan supercomputación, datos y talento para desarrollar modelos de inteligencia artificial. También prepara gigafactorías de IA, una palabra grande para instalaciones capaces de entrenar modelos muy complejos con mucha potencia de cálculo.
Lo que falta por decidir
La propuesta española aún no cierra nada. La Comisión Europea y los Estados miembros tendrán que concretar cómo se diseña la licitación, qué peso tiene la soberanía digital y cómo encaja todo con IRIS2.
Por otro lado, el calendario aprieta. Mayo de 2027 parece lejano, pero en telecomunicaciones un año se pasa volando entre consultas, recursos, informes y negociaciones. Y mientras tanto, los competidores no se quedan quietos.
Al final del día, la pregunta es sencilla. ¿Quiere Europa alquilar siempre su conexión al cielo o quiere tener también sus propias llaves?
La nota de prensa oficial se ha publicado en La Moncloa.













