La izquierda carroñera se alimenta de la muerte de Maricarmen
Cuando en su debate de investidura en 2023, Pedro Sánchez dijo aquello de «estamos eligiendo algo muy importante: o bien alzamos un muro ante estos ataques recurrentes a los valores de la España democrática y también constitucional, o bien le damos salvoconducto», no se refería a los muros que verdaderamente interesan a los españoles, los muros de las nuevas viviendas públicas, porque no se ha construido ninguna, sino a los muros con los que ahora la izquierda pretende manipular la muerte de Maricarmen, la octogenaria que hace ahora un año escribió al presidente del Gobierno reclamándole su ayuda para evitar su desahucio. Sánchez no hizo nada, esperó a que Maricarmen saliera en camilla de su casa y se incendiaran las calles para ahora, una vez muerta, levantar los muros prometidos. O sea, los muros del odio y la división de los españoles.
En esta España con la democracia secuestrada y la izquierda bailando sobre el cadáver de una anciana instrumentalizada de forma bastarda, Sánchez quiere dar un paso más al frente para que el muro que prometió en su última investidura sirva para recluir a esa España que no se resiste a hacerle frente. De aquí a las elecciones, Maricarmen será la punta de lanza de una izquierda que, en el colmo de la infamia, culpabiliza a la derecha y a los fondos buitres de su muerte, cuando no hay más buitre que esa izquierda cainita que ahora trata de rentabilizar políticamente la tragedia.
La empresa propietaria del piso de la anciana, la misma que le mantuvo el alquiler ventajoso que tenía gracias a la mediación del Ayuntamiento de Madrid, está siendo objeto de graves amenazas, y al mismo tiempo, el Sindicato de Inquilinas prepara una querella por homicidio imprudente contra Urbagestión por la muerte de Maricarmen. Mientras, la izquierda agita las calles y los sindicatos UGT y CCOO se suman a una huelga general partidista y sectaria reclamada por ese Sindicato de Inquilinas que no es otra cosa que la correa de transmisión del Gobierno. En el caso Maricarmen no hay más buitres que ellos.