Calabaza Calabazas de Halloween

La resaca de Halloween: todo lo que puedes hacer con los restos de calabaza para evitar su desperdicio

El desperdicio y la pérdida de alimentos representan entre el 8 % y el 10 % de las emisiones mundiales

La descomposición de las calabazas genera metano, un poderoso gas de efecto invernadero

Calabazas de Halloween más longevas: los trucos antes de tallarlas para que no se pudran en tres días

Una terrorífica calabaza de Halloween.
Una terrorífica calabaza de Halloween.

En los últimos años se ha popularizado en España la costumbre anglosajona de celebrar Halloween decorando calabazas con rostros amenazantes o cómicos. El origen de dicha práctica se encuentra en Irlanda, donde se vaciaban nabos para convertirlos en faroles en alusión a la popular leyenda de Jack o’ Lantern.

Según la misma, Jack era un hombre astuto que logró engañar al diablo para evitar que se llevara su alma. Cuando murió, no pudo entrar en el cielo por su mala conducta ni tampoco en el infierno por sus tratos con el maligno. Condenado a vagar eternamente en la oscuridad, recibió del diablo una brasa con la que iluminar su camino, que guardó en un nabo ahuecado.

Posteriormente, los inmigrantes llevaron esta tradición a Estados Unidos durante el siglo XIX. Allí encontraron en las calabazas una alternativa más abundante y fácil de tallar, hasta convertirlas en uno de los símbolos más reconocibles de esta fiesta en los países en los que se celebra actualmente.

Residuos

Hoy Halloween se ha convertido en una fiesta de la que disfrutan niños y mayores, con disfraces, dulces y adornos que transforman casas, escaparates y calles durante unos días. Sin embargo, cuando termina la celebración, surge una pregunta a la que no siempre sabemos responder: ¿qué hacemos con los restos de las calabazas?

Muchas de estas cucurbitáceas se compran exclusivamente para ser talladas, terminando en la basura pocos días después. Una costumbre que puede parecer inofensiva, pero que supone malgastar recursos naturales y generar residuos que son perfectamente evitables.

Desperdicio alimentario

Diferentes organismos de Naciones Unidas llevan décadas alertando de las consecuencias que generan la pérdida y el desperdicio de alimentos, responsables de entre el 8% y el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

A ello se suma el despilfarro de recursos naturales como el agua, la energía y el suelo empleados en producir alimentos que nunca llegan a consumirse, así como el deterioro de los ecosistemas.

Metano

Los desechos de las calabazas también pueden ocasionar otro grave impacto ambiental: cuando estos residuos orgánicos acaban en el vertedero y se degradan en condiciones anaerobias, es decir, en ausencia de oxígeno, pueden generar metano, un potente gas de efecto invernadero.

Según la Agencia Internacional de la Energía, el potencial de calentamiento global de una tonelada de metano equivale a la de 82-87 toneladas de CO₂ durante los primeros 20 años de su liberación. Afortunadamente, la vida atmosférica del metano es de tan sólo 12 años, una cantidad insignificante si la comparamos con el dióxido de carbono, que puede permanecer siglos tras llegar a la atmósfera.

Sobran por tanto las razones para evitar el desperdicio de los restos de calabaza. La buena noticia es que existen alternativas para darles una segunda vida después de Halloween. A continuación, repasamos algunas de las propuestas más populares.

Comida

La primera opción es también la más sencilla: comer la calabaza en lugar de desecharla. La pulpa que se extrae al vaciarla puede utilizarse en numerosas recetas, siempre que se haya conservado en condiciones adecuadas y siga siendo apta para el consumo.

Una posibilidad es preparar una crema de calabaza, sola o combinada con zanahoria, puerro y otras verduras. También puede asarse para servirla como guarnición, incorporarse a guisos y salsas o triturarse para elaborar purés. Su sabor ligeramente dulce permite, además, utilizarla en bizcochos, magdalenas, tortitas y otras recetas de repostería.

Incluso las pipas dan juego. Después de separarlas de los filamentos, lavarlas y secarlas, basta con tostarlas en el horno con algunas especias para obtener un aperitivo crujiente.

Compostaje

Cuando la calabaza ya no es apta para el consumo humano, todavía hay alternativas para evitar que termine en un vertedero. Una de ellas es el compostaje, un proceso que transforma los residuos orgánicos en abono natural para enriquecer el suelo. Para ello, sólo hay que depositar los restos en una compostera doméstica o comunitaria.

Conviene trocear la calabaza para facilitar su descomposición y combinarla con materiales secos, como hojas caídas, pequeñas ramas o cartón sin plastificar. Así se equilibra la humedad y se favorece la aireación de la mezcla.

Donaciones

Los restos de calabaza también pueden servir como alimento para animales. En España, los zoológicos no suelen aceptar donaciones de particulares, pero sí merece la pena consultar a granjas escuela y santuarios, que pueden utilizarlas para alimentar a determinadas especies.

Antes de realizar la donación, hay que confirmar que el centro las admite y comprobar que están en buen estado. Además, las cucurbitáceas deben estar libres de pintura, purpurina, restos de velas y otros elementos que puedan perjudicar a los animales.

Contenedor marrón

Si la calabaza ya no es apta para el consumo ni admite otros usos, lo recomendable es depositarla en el contenedor marrón, destinado a los residuos orgánicos.

Antes de hacerlo, hay que retirar las velas, los adornos y cualquier elemento que no sea biodegradable. Si la localidad no cuenta con recogida separada de biorresiduos, conviene consultar las indicaciones municipales para saber dónde depositarla.

Estos residuos se trasladan a plantas de tratamiento donde igualmente pueden transformarse en compost, o someterse a digestión anaerobia para producir biogás. De este modo, incluso cuando la calabaza termina en el contenedor, sus restos pueden convertirse en un recurso en lugar de acabar desperdiciados.