Ciencia Animales sorprendentes

Ni casualidad ni anécdota: estos animales están aprendiendo a sacar provecho de la tecnología humana

Los animales no sólo se adaptan al entorno urbano, sino que además se benefician de él

Varias especies animales son capaces de manejar herramientas

Entre los animales que saben aprovecharse de la tecnología humana, en concreto de los semáforos, se encuentra el gavilán de Cooper.
Entre los animales que saben aprovecharse de la tecnología humana, en concreto de los semáforos, se encuentra el gavilán de Cooper.

Charles Darwin nos enseñó que las especies más exitosas no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que mejor saben adaptarse al medio. Por eso los animales más aptos para sobrevivir saben reaccionar a la pérdida de sus hábitats, a las alteraciones del clima o a la presión que causan las actividades humanas sobre los ecosistemas.

Dicha capacidad de adaptación también se manifiesta en los espacios que han sido directamente colonizados por la civilización, comenzando por las grandes ciudades, que ciertamente no fueron diseñadas pensando en los comportamientos y las necesidades de la fauna que las continúa habitando.

Ello ha obligado a muchas de estas especies no sólo a modificar sus pautas de conducta para sobrevivir, sino a ir más allá. De hecho, algunos animales están comenzando a incorporar elementos creados por la civilización como parte activa de su estrategia vital. No se trata únicamente de adaptación al entorno urbano, sino de aprendizaje y uso de la tecnología humana en su propio beneficio.

El gavilán y los semáforos

El pasado año, la revista científica Frontiers in Ethology publicó un estudio firmado por el biólogo Vladimir Dinets que se ha convertido en un claro ejemplo de lo que estamos hablando. El trabajo describe el comportamiento de un gavilán de Cooper en Nueva Jersey (Estados Unidos).

Durante varias semanas, el investigador observó cómo este joven ejemplar utilizaba una intersección con semáforos y señales acústicas para peatones como parte de su estrategia de caza.

Semáforo en rojo

El gavilán parecía anticipar cuándo se formarían largas colas de coches, especialmente tras activarse las señales sonoras del semáforo cuando está en rojo, y aprovechaba esos momentos para volar a baja altura entre los vehículos y sorprender a pequeñas aves que se alimentaban en el asfalto.

El propio autor subraya que no se trata de un comportamiento instintivo ni aleatorio. El gavilán mostró una clara asociación entre señales humanas y oportunidades de caza, lo que implica aprendizaje, memoria espacial y capacidad de anticipación. Así se explica en el siguiente vídeo.

Coches cascanueces

Otro de los casos mejor documentados de uso de la tecnología humana por parte de animales es el de los cuervos y cornejas que dejan nueces sobre el asfalto para que los coches las rompan al pasar, permitiendo así que quede libre el fruto. Este fenómeno fue detectado en varias ciudades japonesas, aunque también ocurre en otros lugares del mundo.

Algunas cornejas ajustan incluso el lugar y el momento: depositan las nueces cerca de pasos de peatones y esperan a que el semáforo se ponga en rojo para recoger el alimento sin riesgo.

Esto significa que dichas aves integran en su estrategia para obtener alimento la presencia de vehículos, infraestructuras (carreteras y semáforos) y normas de tráfico, empleando la tecnología humana como una herramienta indirecta para acceder a recursos que, de otro modo, quedarían fuera de su alcance.

Delfines y redes de pesca

En Laguna, en el sur de Brasil, se da desde hace generaciones una relación singular entre delfines mulares y pescadores artesanales. Los cetáceos aprenden a coordinarse con los humanos, señalando cuándo y dónde deben lanzar las redes para capturar peces.

La diferencia con otros ejemplos de cooperación es que aquí los delfines incorporan una tecnología humana (las redes) a su propia estrategia de caza. De hecho, varios estudios científicos muestran que los delfines participantes obtienen más alimento que aquellos que no cooperan.

También se ha comprobado que este comportamiento se transmite culturalmente entre los cetáceos de generación en generación.

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Pulpos y herramientas

Al contrario de lo que se solía pensar, no sólo los primates o las aves tienen la habilidad de manejar herramientas: también los pulpos han sido observados recogiendo y transportando cáscaras de coco, latas u otros restos humanos para utilizarlos como refugio móvil frente a depredadores.

Estos cefalópodos llegan al extremo de ensamblar y reutilizar objetos fabricados o desechados por humanos, como si fueran casi unos expertos en reciclaje y economía circular. Es uno de los ejemplos más claros de uso planificado de tecnología ajena al entorno natural original.

La vaca Veronika

Otro de los casos que ha captado la atención mundial es el de Veronika, una vaca que vive en una granja de Austria y que ha demostrado por primera vez en el ganado bovino un uso flexible y funcional de herramientas.

Veronika no sólo coge palos y una escoba con la boca para rascarse, sino que selecciona y manipula deliberadamente cada extremo según la zona de su cuerpo que quiera aliviar.

Para rascar su lomo emplea el cepillo de cerdas duras, y para zonas más delicadas, como el vientre o la ubre, elige el mango liso, ajustando el agarre y la orientación de la herramienta de forma consistente a lo largo de numerosas sesiones.

 

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Capacidades cognitivas

La historia de esta vaca sugiere que, bajo entornos estimulantes y con la oportunidad de interactuar libremente con objetos de su ambiente, algunas especies animales pueden revelar capacidades cognitivas hasta ahora subestimadas, que pueden emplear para integrar la tecnología humana en su repertorio de estrategias vitales.

En definitiva, estos casos no convierten a los animales en ingenieros ni tampoco implica que su inteligencia sea comparable a la nuestra. Pero sí obligan a replantear una idea muy extendida: que la tecnología es una barrera infranqueable entre la naturaleza y nosotros.