Menos enfermedades y más bienestar: oír el canto de las aves es una forma de aprender a escuchar nuestra salud
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Escuchar el canto de un vencejo puede ser, según la ciencia, una forma de aprender a conocer la propia salud. Así lo defendió «Naturaleza y Salud», la jornada que SEO/BirdLife organizó en Granada como actividad paralela del XXVII Congreso Español de Ornitología. Obviamente, es una gran metáfora, pero tiene mucha verdad cuando conectamos la biodiversidad, una naturaleza equilibrada y la salud humana.
El encuentro reunió a algunas de las voces más autorizadas de España en la relación entre biodiversidad y salud, con una conclusión compartida: los ecosistemas biodiversos reducen el riesgo de enfermedad y refuerzan el bienestar físico y mental.
El código postal pesa como el genético
«El 80 % de nuestra salud depende de nuestro entorno. Nuestra salud depende más de nuestro código postal que de nuestro código genético», afirmó Mònica Ubalde, bióloga e investigadora en ISGlobal.
Ubalde situó la planificación urbana en el centro de la salud pública del futuro. «Los alcaldes son ministros de sanidad, aunque ellos no lo saben, porque pueden hacer mucho por la salud a través de sus políticas públicas», sostuvo.
La biodiversidad y la salud medioambiental «tienen que ir de la mano», defendió por su parte Fernando Valladares Ros, profesor de investigación del CSIC y director del Grupo de Ecología y Cambio Global del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Recetar naturaleza, con matices
Cuando la biodiversidad se empobrece y desaparecen especies, advirtió Valladares, los ecosistemas pierden piezas clave de su funcionamiento, «igual que una máquina que acaba dejando de funcionar correctamente cuando le faltan demasiadas piezas o algunas esenciales».
Desde la práctica clínica, Juan Antonio Ortega García, pediatra y responsable de la Unidad de Salud Medioambiental Pediátrica (PEHSU) del Hospital Virgen de la Arrixaca, matizó el entusiasmo por la llamada «receta verde».
Prescribir naturaleza «requiere conocer a la persona, su entorno, y un constructo de servicios y diferentes perfiles profesionales», advirtió, ya que no todo el mundo puede acceder a un medioambiente de calidad.
Un entorno que también enferma
«Hemos cambiado el medioambiente en los últimos 50 años como nunca antes, principalmente a través del petróleo. Nos están plastificando la vida, y va en aumento», alertó Nicolás Olea Serrano, catedrático emérito de la Universidad de Granada.
Olea centró su intervención en los disruptores endocrinos, cuya exposición resulta especialmente nociva durante el embarazo: «Se expone a la mujer, al feto y a las células reproductivas del embrión».
Fue esa doble mirada —la naturaleza que cuida y el entorno que también puede dañar— la que resumió el espíritu del encuentro: escuchar a las aves, en último término, como una forma de aprender a escuchar la propia salud.

De la evidencia a la conservación
Para SEO/BirdLife, este mensaje no se queda en el terreno científico: es también una palanca de conservación, ya que cuanta más gente entienda que su salud depende de la naturaleza, mayor será el compromiso social para protegerla.
Ese es el planteamiento que impulsa el área de Salud, Bienestar e Inclusión (SBI) de la organización, que trabaja para llevar esta evidencia a alianzas con el sector sanitario, la planificación urbana y la educación.
Lo que deja el Congreso de Ornitología
El balance general del XXVII Congreso Español de Ornitología, que reunió durante cinco días a más de 400 científicos, técnicos de administraciones y entidades conservacionistas, dejó otras conclusiones de calado, con más de 230 comunicaciones y pósteres presentados. Entre ellas, que las aves ya están reaccionando con rapidez al cambio global, con variaciones medibles en su reproducción, su migración y su distribución.
El encuentro cerró con la presentación del Manifiesto de Granada, un documento que reclama situar la evidencia científica en el centro de las políticas públicas para afrontar la crisis de biodiversidad y orientar la planificación del territorio.