Un granjero soltó 150 gallinas en una granja de 271.000 hectáreas en Australia: dos años después, la tierra retiene más agua y han florecido nuevas flores
La presencia de las gallinas buscando comida y dejando estiércol ha servido para recuperar el suelo
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Una explotación ganadera de Australia Occidental decidió probar hace dos años algo bastante poco habitual. En lugar de limitar las gallinas a un gallinero convencional, sus responsables comenzaron a desplazarlas por distintas zonas del terreno para comprobar qué ocurría cuando las aves picoteaban, escarbaban y dejaban su estiércol sobre el suelo. Empezaron con unas 150 gallinas ponedoras y con una idea vinculada a la agricultura regenerativa, la de aprovechar el comportamiento de los animales para intentar mejorar algunas áreas de pasto.
La experiencia se desarrolla en Gabyon Station, una enorme propiedad situada en la región de Murchison, a unos 500 kilómetros al noreste de Perth. Sus aproximadamente 271.000 hectáreas hacen que la superficie recorrida por las aves sea diminuta en comparación con el tamaño total de la explotación. Aun así, Gemma Cripps y Helen Williamson, responsables del experimento, aseguran haber encontrado diferencias en los lugares por los que han pasado las gallinas: el agua penetra mejor en el terreno, las plantas crecen con más vigor e incluso algunas flores silvestres han aparecido con un color diferente.
Un granjero soltó 150 gallinas en una granja de 271.000 hectáreas en Australia
La idea surgió después de que Cripps participara en un curso de agricultura regenerativa. En Gabyon ya estaban buscando distintas maneras de recuperar el terreno y decidieron incorporar las gallinas al proyecto. No pretendían que 150 aves transformaran una propiedad de semejantes dimensiones, sino observar qué sucedía en pequeñas parcelas sometidas a su actividad.
Las gallinas hicieron buena parte del trabajo simplemente comportándose como gallinas. Mientras buscaban alimento removieron la capa superficial del terreno con las patas y el pico. Esas pequeñas alteraciones facilitaron, según explica Cripps, que el agua pueda infiltrarse cuando llueve. Al mismo tiempo, los excrementos aportaronn materia orgánica y actuaron como fertilizante. El proyecto ya estaba documentado en 2024. Gabyon había incorporado un gallinero móvil automatizado con capacidad para unas 130 aves. Las gallinas podían salir por la mañana a una zona delimitada mediante una cerca eléctrica y regresar al anochecer. La intención era hacer que siguieran al ganado, especialmente por zonas degradadas, y observar después las diferencias en el terreno.
Dos años después observaron cambios en el agua, las plantas y las flores
Las primeras diferencias llamaron especialmente la atención después de las lluvias. Cripps asegura que las zonas recorridas por las gallinas muestran en la actualidad una mejor hidratación del suelo y que la vegetación aparece posteriormente con mayor vigor. Son observaciones realizadas sobre el terreno por las responsables de Gabyon durante estos dos años, y no los resultados de un ensayo científico controlado. Por otro lado, uno de los cambios más curiosos apareció en las flores silvestres ya que en determinados lugares donde anteriormente predominaban flores amarillas y blancas comenzaron a observar ejemplares rosas después del paso de las aves. Cripps cree que podría estar relacionado con cambios en el pH del suelo provocados por el estiércol, aunque por ahora no se ha demostrado científicamente una relación directa entre ambos fenómenos.
Las gallinas, además, no se han comido esas flores pero después de las lluvias de invierno sí que han aprovechado el nuevo alimento verde disponible en el terreno y eso también se ha dejado notar en los huevos ya que sus yemas adquirieron un naranja más intenso. Unos huevos producidos en Gabyon y que se comercializan en Geraldton.
Un dingo mató unas 80 gallinas en una sola mañana
Mantener aves al aire libre en una zona tan aislada también ha provocado problemas. Uno de los más graves ocurrió a comienzos de este año, cuando un dingo entró en la zona donde se encontraba el grupo y mató alrededor de 80 gallinas en una mañana. La pérdida redujo considerablemente el número de animales y afectó a la producción de huevos. Tras el ataque reforzaron la protección mediante una gran cerca eléctrica portátil. Su movilidad ha permitido llevar a las gallinas a otro punto del pasto y con ello que se evite tenerlas continuamente sobre el mismo terreno.
A este problema se ha añadido la detección en junio de gripe aviar H5 altamente patógena en aves marinas de Australia Occidental. Gabyon se encuentra a unos 200 kilómetros de la costa, en una zona aislada y sin una fuente permanente de agua, pero sus responsables temen las consecuencias que tendría una eventual obligación de mantener encerradas a las gallinas.
Pese a todo estos contratiempos, la intención es continuar con el proyecto que se ha iniciado. Las aves apenas han recorrido una fracción de las 271.000 hectáreas disponibles y Cripps contempla aumentar el grupo si la demanda de huevos permite asumir los costes. También trabajan en criar sus propias gallinas para controlar mejor su procedencia. Por ahora, lo que comenzó como una prueba con un pequeño grupo de ponedoras ha dejado suficientes cambios visibles en determinadas parcelas como para que sus responsables quieran seguir adelante con el trabajo y ver hasta donde pueden llegar.