Cinco bulos que generan confusión cuando tenemos que enfrentarnos a los incendios forestales
Un de los bulos más extendidos es que no está permitido limpiar el monte
Tampoco es cierto que exista una trama de terrorismo incendiario
España afronta la era de los megaincendios: menos fuegos, pero más extensos, intensos e imparables
Poner a salvo a la población para evitar la pérdida de vidas humanas es lo primero que hay que hacer cuando se declara un incendio forestal. La segunda prioridad es aminorar, en la medida de lo posible, los daños materiales que afectan a las propiedades y a los recursos más valiosos con los que cuenta las localidades afectadas por las llamas.
Pero hay otro deber inexcusable que afecta directamente a las noticias y contenidos que circulan por medios de comunicación y redes sociales. Y es que los bulos y la desinformación, cuando hablamos del fuego, pueden tener un trágico coste, sobre todo porque son un terreno abonado para la confusión en el peor momento posible, cuando más certezas y claridad necesitamos.
Las mentiras y medias verdades también erosionan la confianza en las instituciones y dificultan que la ciudadanía comprenda las verdaderas causas de unos incendios que cada vez van a ser más habituales y extremos debidos al cambio climático. Por este motivo resulta indispensable identificar y desmontar bulos tan peligrosos y extendidos como los cinco que analizamos a continuación.
Limpieza del monte
«No nos dejan limpiar el monte» es uno de los bulos más extendidos, que básicamente afirma que la Ley de Montes, la Agenda 2030 y el Pacto Verde Europeo impiden desbrozar o gestionar de manera adecuada los bosques, cuando ocurre justamente lo contrario.
La realidad es que tanto Europa como Naciones Unidas recomiendan ciertas prácticas como el pastoreo extensivo, la trashumancia o la gestión forestal sostenible precisamente porque contribuyen a reducir el riesgo de incendios. Además la Ley de Montes permite tanto la retirada de restos vegetales como los desbroces.
Únicamente se limitan ciertas actividades como, por ejemplo, las quemas, el uso de maquinarias que generan chispas o las barbacoas, y sólo de forma temporal, durante los momentos del año en que aumenta el riesgo de incendio, como los veranos o las olas de calor.
El calor de siempre
«En verano siempre ha hecho calor y los incendios son normales». Es cierto que España es un país caluroso, pero también resulta evidente que el cambio climático aumenta la frecuencia y la intensidad de los fenómenos extremos, como los incendios forestales, las olas de calor, las sequías o las inundaciones.
Un dato que confirma que las temperaturas se están saliendo de los rangos habituales en verano es el aportado por la Organización Meteorológica Mundial, que asegura que los tres años más cálidos de siempre han sido precisamente los tres últimos años. Dicha entidad también señala que «los últimos 11 años, de 2015 a 2025, son los 11 años más cálidos».
También podemos citar un estudio del World Weather Attribution (WWA) realizado tras la intensa ola de calor que alcanzó registros nunca vistos en buena parte de Europa a finales de junio. WWA explica que estos eventos tan extremos son «decenas o cientos de veces más probables desde 2003 y prácticamente imposibles hace tan sólo 50 años».

Terrorismo incendiario
La afirmación que dice que existe «una trama organizada de terrorismo incendiario» podría servir como base para el argumento de una extraordinaria película o serie de ficción, pero no tiene nada que ver con la realidad.
De hecho, si hacemos caso de los informes de la Fiscalía emitidos en los últimos años, la conclusión es que no hay evidencias de algo parecido a una trama delictiva o mafiosa.
Lo que sí que es cierto es que la mayoría de los incendios forestales se deben a causas humanas, pero con un matiz importante: principalmente son accidentes o negligencias. Según la memoria de la Fiscalía General del Estado de 2025, en 2024 los incendios por negligencias o accidentes fueron el 51% del total. Únicamente fueron intencionados el 24%.

Recalificaciones para urbanizar
Otro de los mensajes más repetidos sostiene que «los incendios sirven para recalificar terrenos y urbanizar». Pero esto es imposible porque la Ley de Montes no autoriza la recalificación de un suelo quemado hasta que pasan 30 años tras el incendio forestal.
Sólo hay una excepción a esta norma, pero debe alegarse que existen «razones imperiosas de interés público de primer orden».
Esto significa que el proyecto debe ser declarado de utilidad pública y encontrarse en terrenos cuya recalificación estuviera prevista antes del incendio. Además, tiene que dar el visto bueno la comunidad autónoma correspondiente.

Renovables y minas
También circula la idea de que provocar un incendio «facilita la construcción de instalaciones renovables o la explotación de yacimientos minerales». La realidad es que los parques eólicos y solares pueden instalarse en suelos rústicos y forestales. Por tanto, no hace falta ninguna recalificación. Lo mismo sucede en el caso de las minas.
Por otro lado, un parque eólico o fotovoltaico siempre requiere una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) favorable. Para obtenerla, el estudio de impacto ambiental debe evaluar cómo era el entorno en el que se pretende ubicar la planta antes del incendio y qué valores naturales albergaba, de modo que quemar un monte no facilita dicho trámite.
Finalmente, hay que tener en cuenta que en las zonas protegidas de los parques naturales y nacionales, la instalación de infraestructuras renovables está muy restringida, al margen de que se hayan o no producido incendios forestales.