Reciclaje de plástico

Así es el descubrimiento científico que abre la puerta a un nuevo tipo de plástico más fácilmente reciclable

El pasado año se produjeron más de 128 millones de toneladas de polietileno, el plástico más empleado del planeta

Menos del 10% del plástico se recicla

La ciencia está investigando nuevos plásticos más fácilmente recuperables

Durante 2025, se produjeron más de 128 millones de toneladas de polietileno a nivel mundial. Hablamos del plástico más empleado en el planeta, presente en una enorme variedad de productos cotidianos: bolsas, films, envases, botellas, tapones, cables, tuberías e incluso juguetes infantiles.

Las previsiones apuntan a que el valor económico de este polímero se seguirá incrementando en el futuro. Según la consultora Precedence Research, el mercado global del polietileno, estimado en 168.750 millones de dólares en 2025, podría alcanzar los 273.570 millones de dólares en 2035, con una tasa de crecimiento anual cercana al 5% durante la próxima década.

De cumplirse estas expectativas, será sin duda una gran noticia para la industria del plástico, pero quizá no tanto para el medioambiente, salvo que se solucionen tres importantes problemas relacionados con el polietileno: no se biodegrada con facilidad, acaba fragmentado en microplásticos y no resulta fácil de reciclar.

Collares microscópicos

La causa de que sea tan complicado reciclar el polietileno está en su propia estructura química, formada por cadenas larguísimas de moléculas muy simples, como si fueran collares microscópicos hechos siempre con la misma pieza repetida miles de veces. Esa arquitectura le da buena parte de sus virtudes: es un plástico ligero, flexible, resistente y barato de producir.

Pero esa misma fortaleza se convierte en un problema cuando el plástico llega al final de su vida útil. Las cadenas del polietileno son muy estables y no se rompen fácilmente en sus componentes originales.

Por eso hay que triturar, fundir y volver a moldear el material, un proceso que requiere un gasto adicional de energía y que suele implicar una pérdida de calidad de la materia prima secundaria, es decir, del plástico reciclado.

Contaminación y mezcla

El segundo problema es que no todo el plástico llega igual a las plantas de reciclaje. Una botella de plástico tipo HDPE (polietileno de alta densidad) o de PET (tereftalato de polietileno), limpia y bien separada, puede tener una segunda vida con relativa facilidad.

Sin embargo, las bolsas, los films y muchos envases flexibles suelen llegar en peores condiciones: sucios, mezclados con otros materiales o con restos de comida, tintas y adhesivos. Cuanto más contaminado o combinado llegue el residuo, más difícil y menos rentable será su transformación en un nuevo producto de calidad.

Todo lo dicho no significa que el reciclaje sea una mala opción. Al contrario: sigue siendo una herramienta necesaria para reducir residuos y aprovechar materiales ya producidos. Pero todavía falta mucho por avanzar en esta materia, como demuestra el hecho de que, a día de hoy, sigamos reciclando menos del 10% de todo el plástico producido a nivel mundial.

Nueva reacción química

Afortunadamente, la ciencia está buscando nuevas formas de diseñar plásticos que puedan recuperarse mejor. Así lo demuestra el descubrimiento, por parte de un grupo de investigadores liderados por la Universidad de Flinders (Australia), de una nueva reacción química que destaca por sus múltiples aplicaciones, incluyendo la producción de un nuevo tipo de plástico más fácilmente reciclable.

Comenzando por lo más básico, una reacción química no es más que una transformación de la materia: una o varias sustancias interactúan entre sí, cambian su estructura molecular y dan lugar a otras nuevas sustancias, con propiedades diferentes.

En este caso, los científicos han descrito una reacción conocida como metátesis de trisulfuro. El nombre puede parecer complejo, pero la idea de fondo es sencilla: funciona como una herramienta capaz de reorganizar ciertas moléculas de azufre, presente en una amplia gama de productos y sustancias, sin destruir por completo su estructura.

Múltiples aplicaciones

Esta capacidad abre la puerta a numerosas aplicaciones. Según los investigadores, podría servir para el desarrollo de fármacos, la biotecnología, la ciencia de las proteínas y la ciencia química y de los materiales.

«Es raro descubrir una reacción completamente nueva, y aún más raro que sea útil en tantos campos y aplicaciones», afirma el autor principal, el profesor Justin Chalker, de la Universidad de Flinders.

Chalker y su equipo ha utilizado esta reacción para crear materiales similares al polietileno, pero con una diferencia clave: están diseñados para descomponerse químicamente y recuperar sus componentes originales.

La reacción química puede utilizarse en una amplia gama de aplicaciones útiles. Foto: Universidad de Flinders.

Reciclaje químico

Frente al reciclaje convencional, basado en triturar, fundir y volver a moldear, este reciclaje químico apunta a una idea más ambiciosa: descomponer el polímero en sus piezas iniciales, casi como si fuera un lego, para reutilizarlas después en la fabricación de nuevos materiales de calidad similar.

El profesor Harshal Patel, también investigador de la Universidad de Flinders, explica que gracias a la reacción pudieron crear «análogos del polietileno que se pueden fabricar, usar y luego descomponer, de modo que el plástico se pueda convertir de nuevo en sus componentes originales. El reciclaje químico en circuito cerrado es una capacidad importante para impulsar una economía circular del plástico».

Los científicos consideran que este hallazgo es sólo la punta del iceberg y que en los próximos años se seguirán descubriendo nuevas posibilidades de la reacción química, también en el desarrollo de materiales avanzados. De hecho, una beca del Consejo Australiano de Investigación permitirá ampliar esta línea de trabajo a otros tipos de plásticos, cauchos, espumas y fibras reciclables.