Cantora a precio de ganga: la deuda millonaria de Pantoja marca un dramático giro en su vida
Isabel Pantoja ha abandonado definitivamente su histórica finca Cantora
La finca será subastada por una deuda de 2,2 millones de euros, muy por debajo de su valor real
La vivienda de más de 1.200 m² y las 370 hectáreas de terreno presentan un estado de deterioro
Isabel Pantoja atraviesa uno de los momentos más delicados de su vida personal y económica. Tal y como ha podido confirmar en exclusiva la revista Lecturas, la finca Cantora, el lugar más emblemático de su historia, está a punto de salir a subasta debido a una deuda millonaria que la tonadillera no ha podido afrontar. El cortijo, situado en Medina Sidonia y heredado tras la muerte de Paquirri, acumula una deuda hipotecaria que asciende a 2,2 millones de euros, una cantidad que ha terminado por hacer insostenible su mantenimiento.
Cuatro meses después de abandonar definitivamente Cantora, ahogada por las deudas, Isabel Pantoja puso rumbo a una nueva etapa vital lejos de Andalucía. Antes, eso sí, vació por completo la finca, como demostraron las imágenes captadas por distintos programas de televisión en las que se veía a camiones de gran tonelaje transportando sus pertenencias personales rumbo al puerto de Cádiz, con destino final el Caribe. Cantora, tal y como la conocíamos, quedó desmantelada y prácticamente en ruinas.
Según ha explicado Luis Pliego, director de la publicación en El tiempo justo, lo que ha salido a la venta no es directamente la finca, sino la deuda asociada a la hipoteca. Durante los últimos cinco años, Isabel Pantoja dejó de pagar los cerca de 12.000 euros mensuales que tenía estipulados con el banco, lo que provocó que la deuda se disparara hasta superar los dos millones de euros. Ante esta situación, la entidad bancaria se ha quedado con la propiedad y ha decidido sacar esa deuda al mercado por aproximadamente un millón de euros, lo que permitirá al comprador acudir posteriormente a la subasta con ventaja.
Cantora cuenta con más de 370 hectáreas de terreno y una vivienda principal de más de 1.200 metros cuadrados. Sin embargo, su estado actual dista mucho del esplendor que tuvo durante décadas. Quien adquiera la finca se encontrará con una propiedad prácticamente arrasada: faltan puertas, electrodomésticos, sistemas de aire acondicionado y gran parte del mobiliario. Además, se trata de suelo rústico, lo que impide cualquier tipo de reconversión urbanística o uso hotelero, un factor que podría rebajar notablemente su valor final en la subasta.
La última tasación situaba Cantora en torno a los cuatro millones de euros, pero este movimiento financiero hace sospechar que difícilmente alcanzará esa cifra. De hecho, según fuentes cercanas, de haberse subastado directamente la finca en otro momento, Isabel Pantoja podría haber saldado parte de la deuda, algo que ya no será posible. Las consecuencias no solo afectan a la cantante, sino también a su hijo Kiko Rivera, quien pierde definitivamente la parte de herencia que le correspondía de su padre, Paquirri, aproximadamente el 47% de la finca. Las deudas de Isabel se han llevado por delante el legado del torero.
Kiko Rivera ha recibido la noticia estando de viaje en Nueva York junto a su pareja, Lola, ajeno por completo al desenlace final de Cantora. Aunque hace años renunció legalmente a su parte, no ha ocultado el dolor que le produce ver cómo desaparece el único patrimonio que le dejó su padre. Madre e hijo no mantienen comunicación alguna sobre este asunto, y el DJ aseguró recientemente que todo estaba en manos de sus abogados y que desconocía en qué punto se encontraba el proceso.
Mientras Cantora se despide para siempre, Isabel Pantoja ha comenzado una nueva vida lejos de su antigua residencia. Tras una breve etapa en Canarias, donde vive en una lujosa casa alquilada por unos 5.000 euros mensuales, la tonadillera tiene previsto establecer su nuevo centro de operaciones en República Dominicana. Desde allí, según su entorno, intentará relanzar su carrera internacional, apoyada únicamente por su hermano Agustín, el único familiar que permanece a su lado.