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Una jubilada de 70 años está construyendo un pueblo con minicasas para mujeres por 129.000 euros y ya hay 500 en lista de espera

Robyn Yerian tenía 70 años cuando decidió que una parte importante de sus ahorros para la jubilación no acabaría en una vivienda convencional sino que optó por otro proyecto: levantar en Cumby, una pequeña localidad de Texas (Estados Unidos), un lugar en el que mujeres de edades similares pudieran vivir de manera independiente, pero sin afrontar solas esta etapa de sus vidas. Así nació The Bird’s Nest, una comunidad formada por minicasas.

Para ponerla en marcha, Yerian destinó alrededor de 150.000 dólares de sus ahorros, unos 129.000 euros al cambio. El dinero sirvió para desarrollar la propiedad y preparar el terreno para las viviendas, que al final han terminado despertando mucho más interés del que podía imaginar al comenzar: actualmente viven allí 11 mujeres pero alrededor de 500 esperan conseguir una plaza. El precio es uno de sus grandes atractivos, pero no el único. Las residentes tienen entre 60 y 80 años y buena parte de ellas son solteras, divorciadas o viudas. Cada una conserva su propia vivienda y su intimidad, mientras comparte con las demás una forma de vida en la que pedir ayuda a una vecina no resulta extraño. Se acompañan al médico, hacen compras o están pendientes unas de otras cuando alguna enferma.

Una jubilada de 70 años está construyendo un pueblo con minicasas para mujeres

Yerian conocía de primera mano las posibilidades de este tipo de viviendas. Antes de desarrollar The Bird’s Nest había vivido en una minicasa de dos dormitorios que le costó 57.000 dólares. En 2022 buscaba una forma de reducir gastos durante la jubilación y, al mismo tiempo, obtener unos ingresos que le permitieran afrontar el futuro con mayor tranquilidad. Finalmente compró un terreno de cinco acres en Cumby y fue adaptándolo hasta convertirlo en una comunidad preparada para este tipo de viviendas. La propiedad dispone de 14 plataformas de hormigón de unos 3 por 9 metros, donde las inquilinas pueden colocar sus casas móviles o construir su propia minicasa. El desarrollo del terreno terminó costándole alrededor de 150.000 dólares.

Las residentes que llevan su propia vivienda pagan 450 dólares mensuales, unos 390 euros, por la parcela. El precio incluye servicios como agua, alcantarillado, recogida de basura y mantenimiento de las instalaciones. Existe también la posibilidad de alquilar alojamiento junto a la parcela por una cantidad que ronda los 700 dólares mensuales, aproximadamente 606 euros. La propuesta resulta especialmente llamativa en un momento en el que el coste de la vivienda también preocupa a quienes llegan a la jubilación. En The Bird’s Nest, además, Yerian pretende mantener estables los alquileres y evitar que las residentes tengan que enfrentarse continuamente a subidas.

La regla de convivencia de este pueblo de mujeres: «nada de dramas»

Encontrar un lugar barato donde vivir era parte del proyecto, pero no explica por sí solo las 500 solicitudes. Yerian quería construir algo que no tenía cuando empezó a pensar en su propia jubilación: una red de personas cercanas a las que recurrir cuando aparecieran los problemas cotidianos. Ese apoyo se nota especialmente cuando alguna de las residentes necesita ayuda. Las mujeres se llevan unas a otras a las citas médicas si hace falta, comprueban cómo se encuentra una vecina después de una operación o una enfermedad y se ayudan con diferentes tareas. «Somos las terapeutas y el apoyo de las demás», ha explicado Yerian al hablar de la relación que mantienen.

Pero la convivencia también tiene una norma bastante peculiar: nada de dramas. Si surge un problema entre dos residentes, la filosofía de Yerian es hablar directamente con la persona implicada en lugar de alimentar discusiones o crear conflictos dentro del grupo. La relación que se ha formado entre las vecinas ha hecho que el proyecto vaya más allá de compartir un terreno. Cada una mantiene su espacio privado, pero sabe que al otro lado tiene a alguien que puede echarle una mano. Esa combinación entre independencia y compañía es precisamente una de las razones que explican el interés despertado por el proyecto.

Una lista de espera de unas 500 mujeres para vivir en The Bird’s Nest

El tamaño de The Bird’s Nest hace imposible atender toda la demanda. La comunidad cuenta con 14 espacios preparados para viviendas y actualmente viven allí 11 mujeres. Cuando Yerian habló sobre la disponibilidad de una de las plazas, aseguró que tenía alrededor de 500 personas interesadas en ocuparla. La cifra muestra hasta qué punto la idea ha encontrado un público que busca algo diferente para la jubilación. No es únicamente una cuestión de vivir en menos metros cuadrados. Para algunas mujeres supone conservar su autonomía sin renunciar a tener compañía y ayuda cerca.

El proyecto tampoco ha estado libre de dificultades. Encontrar un terreno que permitiera legalmente instalar este tipo de viviendas fue uno de los principales obstáculos. Finalmente, la propiedad de Cumby pudo desarrollarse bajo la consideración de parque para vehículos recreativos, lo que permitió preparar las parcelas y las conexiones necesarias.

Yerian no parece arrepentirse de haber empleado una parte tan importante de sus ahorros en aquella idea. Su pequeña comunidad está prácticamente ocupada y centenares de mujeres quieren entrar. Lo que comenzó como una manera de afrontar su propia jubilación ha terminado convirtiéndose en otra forma de imaginarla: una casa pequeña, gastos más contenidos y unas vecinas dispuestas a ayudar cuando realmente hacen falta.