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Santi, fontanero autónomo de 37 años: «El sueldo se me queda en 4.000 euros al mes, un fontanero que trabaja en una empresa no va a cobrar más de 1.800 euros»

La fontanería es uno de esos oficios, o profesiones, que nunca dejan de hacer falta, y a la vez, encontrar profesionales cualificados no siempre resulta sencillo. Santi Villafruela tiene 37 años, lleva más de dos décadas trabajando en el sector y conoce bien las diferencias entre hacerlo contratado por una empresa o trabajar por cuenta propia. Él ha pasado por las dos situaciones y asegura que, en términos económicos, el cambio fue considerable cuando decidió hacerse autónomo.

La relación de este fontantero con el oficio comenzó cuando apenas tenía 14 años y empezó a acercarse a la fontanería de la mano de un primo y, a partir de ahí, fue aprendiendo y acumulando experiencia. Durante años trabajó como asalariado y llegó a cobrar alrededor de 1.200 euros mensuales, una cantidad que ahora queda lejos de sus ingresos actuales. Como autónomo, explica que después de pagar impuestos y afrontar los gastos propios de su actividad consigue quedarse con unos 4.000 euros limpios al mes. Una cifra importante, aunque insiste en que no llega sola si se tienen en cuenta, que detrás están las horas de trabajo, el desgaste físico y todas las responsabilidades que supone trabajar por cuenta propia.

Santi, fontanero autónomo de 37 años: «El sueldo se me queda en 4.000 euros al mes»

Santi recuerda con claridad la diferencia que notó cuando decidió dejar de trabajar para otros y empezar su propio camino. «Pasé de cobrar 1.200 euros al mes a tener un sueldo digno para vivir, viajar y permitirme mis caprichos», explica. En su caso, la decisión de hacerse autónomo le ha permitido multiplicar sus ingresos, aunque para llegar hasta ese punto fueron necesarios años de experiencia y aprendizaje.

Los 4.000 euros de los que habla son la cantidad que, según explica, le queda una vez descontados impuestos y gastos relacionados con su actividad. Ser autónomo significa también hacerse cargo de herramientas, desplazamientos, vehículo, materiales cuando corresponde y otros costes que un asalariado no asume directamente. Aun así, para este fontanero, la diferencia compensa y tiene claro que económicamente su situación actual es mejor que cuando trabajaba contratado.

«Un buen fontanero tendría que ganar 3.000 euros al mes»

El dinero, sin embargo, no es el único aspecto que Santi tiene en cuenta cuando habla de su profesión. La fontanería es un trabajo físicamente exigente y después de más de 20 años en el oficio sabe perfectamente lo que supone pasar una jornada trabajando de rodillas, cargando peso o adoptando posturas incómodas durante horas. «La verdad es que el sueldo no da con el trabajo que tú haces, sobre todo físicamente», señala.

A su juicio, un profesional con experiencia debería estar bien remunerado precisamente por esas condiciones. «Un buen fontanero tendría que ganar 3.000 euros al mes, ya que estás todo el día machacándote, de rodillas, con las manos reventadas, con dolor de espalda, cargando peso y subiéndote a alturas», asegura. Son molestias que pueden aparecer con el paso de los años y que forman parte de una profesión en la que el cuerpo acaba soportando buena parte del esfuerzo diario.

Lo que puede cobrar un fontanero que trabaja para una empresa

La situación cambia bastante cuando se trabaja como asalariado. Según la experiencia de Santi, los salarios que pagan las empresas están muy por debajo de lo que puede llegar a ingresar un profesional que trabaja para sí mismo y cuenta ya con una cartera de clientes. «Un fontanero que trabaja en una empresa no va a cobrar más de 1.800 euros, a no ser que sea encargado o que lleve la obra entera», afirma. Por eso, después de haber conocido ambas formas de trabajar, no duda sobre cuál considera más rentable. «Tengo claro que cualquier fontanero a día de hoy va a ganar mucho más dinero haciéndose autónomo que trabajando para una empresa», sostiene. Eso no significa que empezar por cuenta propia sea sencillo. Antes hay que saber resolver averías, presupuestar correctamente los trabajos, tratar con clientes y responder cuando algo no sale según lo previsto. La diferencia es que, cuando el negocio funciona, el profesional deja de depender de un salario fijado por otra persona.

Primero aprender el oficio y después trabajar por cuenta propia

Precisamente por esa responsabilidad, Santi no recomienda a quien empieza que se lance directamente a trabajar como autónomo. Su consejo es pasar primero por una empresa y aprovechar esos años para aprender todo lo posible. La fontanería incluye trabajos muy distintos y la experiencia se adquiere enfrentándose a averías, instalaciones y problemas que no siempre se pueden prever sobre el papel. «Si empezara en esto, aprendería todo lo que pudiera y, el día de mañana, volaría yo solo», explica. Para él, trabajar como asalariado puede servir como una etapa de formación antes de dar un paso que implica asumir clientes, gastos y responsabilidades propias. Sólo después, cuando se domina realmente el oficio, considera que merece la pena plantearse trabajar de manera independiente.