José Mourinho lo quiere saber todo. Lo que sucede dentro del terreno de juego, pero también lo que ocurre fuera. El portugués prácticamente vive en Valdebebas, donde pasa gran parte del día y donde incluso se le puede ver paseando por el barrio junto a miembros de su cuerpo técnico. Ha regresado al Real Madrid con las ideas muy claras: el equipo está por encima de absolutamente todo.
Mourinho tiene ojos en todas partes, aunque su intención no es convertirse en un policía para sus futbolistas. Prefiere ejercer de psicólogo. Habla mucho con ellos, intenta conocer sus preocupaciones y se interesa por aquello que sucede en sus vidas. Pareja, hijos, familia… Quiere entender a la persona para poder gestionar después al futbolista.
Porque Mourinho tiene claro que todo lo que sucede fuera termina teniendo reflejo dentro del campo. También observa el compromiso. Si el Real Madrid pierde un partido y sabe que posteriormente un jugador ha salido de fiesta como si nada hubiese sucedido, no le gustará. Quiere que sus futbolistas sientan las derrotas. Que ganar y perder no sea lo mismo.
Mourinho observa absolutamente todo
Dentro de Valdebebas el examen es permanente. Mourinho analiza cómo entrena cada jugador, su comportamiento, motivación, concentración o confianza. Esa observación diaria termina teniendo un peso importante en las decisiones que posteriormente toma para los partidos.
Y durante los encuentros tampoco deja pasar una. Dumfries ya lo comprobó en Cornellá cuando recibió una bronca por tardar en ejecutar un saque de banda. Tenía cinco segundos para hacerlo y cinco segundos eran cinco segundos. También Huijsen comprobó esa exigencia cuando tardó demasiado en cambiarse una camiseta manchada de sangre.
El control alcanza igualmente a la alimentación y la convivencia. Mourinho ha establecido que jugadores y cuerpo técnico desayunen y coman juntos en Valdebebas, con menús específicos y una doble finalidad: cuidar el rendimiento físico y fortalecer las relaciones dentro del vestuario.
Nada está por encima del equipo
Mourinho sabe que resulta imposible conseguir que todos sean amigos. En un vestuario existen afinidades diferentes y futbolistas que conectan más entre ellos. No le preocupa. Lo verdaderamente innegociable es otra cosa: no hay nada por encima del equipo.
Los problemas individuales, los egos o cualquier diferencia que pueda aparecer deben quedar en un segundo plano. Hasta ahora no han surgido conflictos, pero Mourinho ya ha marcado las líneas rojas. El foco debe estar siempre en el rendimiento colectivo y en ganar.
Ese es el gran mandamiento de su nuevo Real Madrid. Puede proteger públicamente a Vinicius, preocuparse por los problemas personales de sus jugadores o sentarse a hablar con ellos cuando lo necesiten. Pero después exige una respuesta.
Mourinho está más cercano que durante su primera etapa, pero sigue siendo Mourinho. Observa, escucha, analiza y decide. Y por encima de todo, quiere ganar. Porque ganar continúa siendo la palabra más importante de su diccionario.