Euroliga

El primer Clásico se tiñe de azulgrana

El Barcelona ha golpeado primero en la semana de Clásicos. Lo ha hecho en el Palau Blaugrana, donde se ha impuesto al Real Madrid en la segunda jornada de la Euroliga (75-73). Un partido con escasa trascendencia clasificatoria que permite a los culés cobrarse venganza de la Supercopa y que provoca la primera derrota oficial para el proyecto de Chus Mateo. Los blancos estuvieron a punto de firmar una remontada épica, pero Sergio Llull falló el triple que le hubiera dado la victoria.

El Barça dominó con claridad durante toda la noche y su ventaja era de 17 minutos en el último cuarto (69-52), pero su rival a punto estar de redondear una campanada memorable de la mano de un gran Gaby Deck (21 puntos), el único que nunca perdió la fe. Agarrado al argentino, fue limando su desventaja hasta disponer de una última posesión para vencer, pero murió en la orilla. Acabó pesando demasiado la noche gris de Edy Tavares y Dzanan Musa, que llegaban muy entonados y pasaron de puntillas por el partido.

Chus Mateo tomó dos decisiones de dudosa factura para arrancar el duelo: dejar a Tavares en el banquillo y emparejar al Chacho Rodríguez en defensa con Satoransky. El checo se puso las botas posteando al canario y cimentó la primera ventaja importante para los locales (16-6). Cornelie empezaba bastante perdido en el ‘5’ y era Yabusele quien sostenía a su equipo con 7 puntos en el primer cuarto (24-15).

Ya con Tavares sobre el parqué, su equipo fue otro. Aprovechó su emparejamiento con el bisoño Nnaji, que encima tuvo que abandonar el partido por una torcedura de tobillo. La entrada de Vesely por el nigeriano volvió a lanzar a los azulgrana. El pívot se gustó desde la media distancia y lideró el parcial de 12-2 que volvió a disparar a los locales en el marcador (40-27). Un triple lejanísmo de Mario Hezonja, muy pitado en el Palau por su pasado culé, taponó un poco la herida antes del descanso (40-30).

Una remontada sin guinda

Era el bosnio quien lideraba el ataque exterior de los blancos ante la poca productividad de Dzanan Musa, un poco superado en su primer Clásico, pero se quedaba demasiado solo por momentos. Tavares tampoco conseguía imponer el terror en la zona, objetivo logrado con creces en la final de la Supercopa, y el ataque del Real Madrid se atascaba ante un rival que movía la pelota con mucha más fluidez.

Jokubaitis, que ha dado un gran paso adelante esta temporada, manejaba el duelo y se hartaba a servir bolas perfectas a Vesely. A sus 32 años, el checo sigue con los muelles bien engrasados y remataba dos ‘alley-oops’ casi consecutivos. Su movilidad era un tormento para Tavares, impotente para tapar todas las vías de agua que se abrían en defensa. En los estertores del tercer cuarto, el Barça veía la victoria cada vez más cerca (61-43). Con 5 puntos de Cornelie, el Real Madrid se oxigenaba un poco antes del último parcial (63-52).

Pero los chicos de Chus Mateo seguían sin encontrarse cómodos en el Palau Blaugrana. Demasiados ataques erráticos y precipitados ante un Barça que, sin alcanzar un nivel brillante, navegaba casi siempre con ligero viento a favor. Tres minutos sin anotar y un triple de Mike Tobey volvían a poner el Clásico muy cuesta arriba (69-52). Dos triples seguidos de Cornelie y Causeur generaban una nueva de pizca de esperanza a falta de 5 minutos (69-58).

El sueño de la remontada parecía morir con la quinta falta personal de Tavares. El africano fue eliminado por un durísimo bloqueo sobre Satoransky, confirmado ya como el factor clave del Clásico, el Madrid parecía finiquitado a falta de cuatro minutos (74-62), pero emergió Deck para arrinconar a un rival que se relajó demasiado pronto y se vio atenazado por los nervios en los últimos minutos. Una pérdida absurda de Laprovittola otorgó la última posesión al Madrid y Llull intentó un triple los suyos, pero el aro escupió su intento. Coitus interruptus y triunfo culé con una inesperada sudada final.

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