El fútbol puede llegar a ser tremendamente sencillo. Tanto como poner a los buenos. Y Arda Güler lo es. Mucho. El turco comenzó en el banquillo contra el Rayo Vallecano porque José Mourinho decidió darle descanso y apostar por Diomande, pero necesitó muy poco tiempo para volver a demostrar que en este Real Madrid sí que hay un futbolista intocable.
Güler entró en el minuto 71 precisamente por el atacante marfileño y sacó al Madrid del túnel en el que se había metido tras el descanso. Después de una gran primera parte, el conjunto blanco bajó el ritmo, perdió el balón y permitió que el Rayo se sintiera cómodo. El partido entró en una fase peligrosa, el Bernabéu comenzó a impacientarse y los pitos aparecieron para castigar la pobre imagen del equipo. Hasta que apareció Arda.
Hizo jugar al Real Madrid
Fue poner un pie en el césped y volvieron a suceder cosas. Güler le quitó el balón al Rayo, se lo quedó y comenzó a hacer magia. El Real Madrid recuperó el control, volvió a instalarse cerca del área rival y, sobre todo, transmitió nuevamente sensación de peligro. Todo pasaba por las botas del turco.
En apenas 19 minutos completó 13 de los 15 pases que intentó, aceleró la circulación y encontró espacios donde sus compañeros sólo veían piernas rayistas. No necesitó marcar para dejar su sello. En el tiempo añadido recibió, levantó la cabeza y regaló a Mbappé el balón del definitivo 4-1. Una asistencia perfecta para cerrar la goleada y terminar con el suplicio de una segunda mitad demasiado gris.
La debilidad de Mourinho
Mourinho está enamorado de su fútbol. Lo considera un jugador diferente, capaz de actuar como mediapunta y evolucionar con el paso del tiempo hacia posiciones más retrasadas, siguiendo un camino similar al de Modric o Bernardo Silva. Le gusta su talento, pero también su inteligencia para interpretar cada momento de los partidos.
Los números confirman su creciente importancia. Güler suma un gol y dos asistencias en los cinco primeros partidos de Liga y se ha convertido en el futbolista que da sentido al ataque madridista. Puede descansar, rotar o empezar desde el banquillo, pero el equipo siempre termina necesitándolo.
Y el Real Madrid también lo sabe. Por eso, mientras Güler continúa ganándose su nuevo estatus sobre el césped, el club trabaja para adecuar su contrato a la dimensión que ya tiene dentro del equipo. La renovación hasta 2031 o 2032, acompañada de una importante mejora salarial, será el blindaje definitivo de un jugador que ha dejado de ser una promesa. Arda ya es intocable.