Los psicólogos explican qué significa sujetar la puerta a quien viene detrás: el pequeño gesto que puede reflejar empatía
Mantener la puerta abierta para otra persona va más allá de los buenos modales
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Sujetar una puerta para que pase la persona que viene detrás es uno de esos gestos cotidianos que suelen durar apenas unos segundos. Sin embargo, esta pequeña muestra de cortesía puede decir mucho sobre cómo nos relacionamos con los demás. La psicología estudia este tipo de comportamientos para comprender qué nos lleva a ayudar a desconocidos sin esperar nada a cambio. Aunque no basta para determinar la personalidad de alguien, sí permite explorar la relación entre la empatía, las normas sociales y la cooperación.
Un gesto que va más allá de la educación
Cuando una persona se detiene para mantener una puerta abierta, primero tiene que reparar en la presencia de alguien más. Después, anticipa que esa persona puede beneficiarse de unos segundos adicionales para entrar y adapta su comportamiento para facilitarle el paso.
Qué dice la investigación científica
Un estudio publicado en 2011 examinó por qué las personas mantienen abiertas las puertas para otros. Los investigadores plantearon que esta conducta puede entenderse como una forma de cooperación que permite reducir el esfuerzo conjunto en una interacción cotidiana.
Otra investigación publicada en 2015 analizó cómo influye el esfuerzo empleado al sujetar una puerta en las respuestas de otras personas. En dos experimentos con participantes que entraban o salían de un edificio, los investigadores observaron que los gestos realizados con mayor implicación provocaban más agradecimientos y, en determinadas condiciones, más conductas de ayuda posteriores.
La importancia de prestar atención a los demás
La empatía consiste, entre otras cosas, en reconocer o comprender las emociones y perspectivas de otras personas. Aunque mantener una puerta abierta no demuestra por sí solo que alguien posea una inteligencia emocional elevada, puede ser una expresión de atención hacia quienes comparten su espacio.
También intervienen las conductas prosociales, aquellas acciones voluntarias que buscan beneficiar a otras personas. Ceder el paso, ayudar a alguien que lleva las manos ocupadas o recoger un objeto que se le ha caído son ejemplos cotidianos de este comportamiento.
Lo que este hábito no puede demostrar
Conviene evitar las conclusiones absolutas, ya que una persona que no sujeta una puerta no tiene por qué ser menos empática. Puede no haber visto a quien venía detrás, tener prisa o encontrarse ante una situación que le impida ayudar.
Por tanto, este gesto no constituye una prueba psicológica ni permite medir la inteligencia emocional. Su importancia reside en algo más sencillo, ya que hay que recordar que prestar atención a nuestro entorno y facilitar pequeñas cosas a los demás puede mejorar la convivencia, incluso cuando no existe una recompensa a cambio.
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