La psicología dice que comprobar dos veces si la puerta está cerrada con llave no es una obsesión sino una falla en la memoria prospectiva
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Antes de salir de casa, muchas personas siguen una rutina casi automática sin prestarle demasiada atención: coger las llaves y cerrar la puerta. Sin embargo, en ocasiones, las prisas y las preocupaciones diarias hacen que dudemos de si hemos cerrado la puerta con llave, lo que lleva a comprobar la cerradura por segunda vez. Ahora bien, al contrario de la idea generalizada, esto no implica que exista un problema grave de memoria ni de salud mental. Un estudio publicado en el Journal of Experimental Psychopathology analizo cómo los fallos en la memoria prospectiva pueden generar dudas sobre las acciones cotidianas.
La psicología diferencia entre comprobar algo una vez y desarrollar una conducta compulsiva. Si una persona necesita revisar la puerta repetidamente para aliviar la ansiedad, pero la sensación de tranquilidad desaparece al cabo de unos segundos, puede entrar en un ciclo asociado al trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). En este sentido, los especialistas recomiendan consultar con un psicólogo si este comportamiento interfiere en la vida cotidiana.
¿Por qué hay personas que comprueban dos veces si la puerta está cerrada?
Preocuparse por la seguridad del hogar es algo completamente normal. Sin embargo, comprobar la cerradura dos veces no significa que una persona sea más responsable que otra, ni permite afirmar que tenga una personalidad obsesiva. Cerrar la puerta con llave es un gesto cotidiano que realizamos casi de forma automática y, cuando repetimos una misma acción cada día, solemos llevarla a cabo mientras pensamos en otras cosas, sin prestar la atención suficiente como para recordar después con claridad si la hemos llevado a cabo.
Una de las claves para analizar este comportamiento está en cómo nos sentimos después de comprobar si la puerta está cerrada. Si podemos continuar con nuestras actividades sin darle más vueltas, probablemente se trate de una verificación puntual. En cambio, si las dudas persisten incluso después de haber visto y confirmado que la cerradura está cerrada, puede comenzar un ciclo en el que cada nueva comprobación proporciona tranquilidad durante unos instantes, pero no consigue eliminar por completo la preocupación.
El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) puede manifestarse mediante pensamientos intrusivos relacionados con la seguridad y comportamientos repetitivos que buscan aliviar la ansiedad. Según el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, comprobar una y otra vez si una puerta está cerrada es uno de los ejemplos de conducta compulsiva.
Sin embargo, comprobar la cerradura por segunda vez no basta para determinar que una persona tiene este trastorno. Los expertos valoran la capacidad para controlar ese comportamiento, el malestar que provoca y su impacto en la vida cotidiana. Conviene prestar atención si alguien vuelve repetidamente a la puerta, llega tarde porque no consigue dejar de comprobarla, necesita que otras personas le confirmen constantemente que todo está en orden o empieza a evitar salir de casa.
Memoria y responsabilidad
Lo que muchas personas desconocen es que comprobar algo repetidamente puede tener el efecto contrario al que buscan. Aunque parece lógico pensar que cuantas más veces revisemos la cerradura, más seguros estaremos, algunos estudios científicos apuntan en otra dirección. Los experimentos de van den Hout y Kindt mostraron que comprobar repetidamente una cocina de gas virtual podía hacer que los recuerdos de esas acciones perdieran viveza y detalle. En otras palabras, cuanto más repetimos la comprobación, menos confianza podemos tener en nuestro propio recuerdo.
Nuestro cerebro puede jugarnos una mala pasada. La primera vez que cerramos la puerta y giramos la llave, solemos recordar la acción con cierta claridad. Sin embargo, cuando repetimos el mismo movimiento una y otra vez, los recuerdos pueden volverse similares y resultar más difíciles de distinguir. Se produce entonces una paradoja: la tranquilidad que buscamos puede disminuir con cada nueva revisión, alimentando un círculo vicioso del que resulta difícil salir.
A esto se suma otro elemento importante: el sentido de la responsabilidad. El psicólogo Stanley Rachman planteó que las comprobaciones compulsivas pueden estar relacionadas con la responsabilidad que una persona siente para evitar un posible daño, la probabilidad que atribuye a que ocurra y la gravedad que imagina que tendrían sus consecuencias.
El papel de la memoria prospectiva
Es importante diferenciar entre la memoria prospectiva y la memoria que nos permite recordar acciones pasadas. La primera ayuda a ejecutar una intención pendiente, mientras que la segunda interviene al intentar recordar si ya hemos cerrado la puerta. Ambas pueden verse afectadas por factores como el estrés, el cansancio o las distracciones.
Cuando las revisiones se vuelven constantes, generan un malestar considerable o interfieren en la vida cotidiana, es recomendable consultar con un profesional de la salud mental. En definitiva, entender cómo intervienen la atención y la memoria permite entender que dudar de una acción cotidiana no implica necesariamente un fallo cognitivo ni un trastorno psicológico. Lo importante es observar si se trata de una duda ocasional o de un comportamiento repetitivo que afecta al bienestar y a la vida cotidiana.
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