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La psicología afirma que las personas que compran la lotería de Navidad en verano no lo hacen por avaricia: necesitan reducir la incertidumbre

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

En pleno mes de julio, con el termómetro por encima de los 30 grados, las administraciones de las zonas de costa emp iezan a formar colas para algo que no se sortea hasta finales de diciembre. Recordemos que la Lotería de Navidad salió a la venta este año el 29 de junio, y para muchos españoles el primer décimo llega junto a la toalla y la crema solar.

A primera vista, adelantarse seis meses podría parecer simple afán de ganar o una superstición más. Pero los psicólogos que han estudiado el fenómeno apuntan a otra explicación, mucho menos relacionada con el dinero de lo que parece.

¿Por qué algunos compran la Lotería de Navidad en verano, según la psicología?

A priori, la clave está en la incertidumbre. Para buena parte de los compradores, el décimo no es una inversión, sino una forma de cerrar una pregunta abierta: la de qué pasaría si el Gordo cayera en un número que no se ha comprado. Resolverla en agosto evita arrastrarla hasta diciembre.

En este marco, la psicóloga Irene Giménez, del Instituto Dra. Natalia Ribé (Grupo Top Doctors), lo relaciona con la ansiedad anticipatoria, que define como el miedo a algo que no existe o que no va a ocurrir.

El famoso «¿Y si toca?» funciona como un pequeño foco de inquietud que el comprador desactiva en cuanto tiene el décimo en la cartera.

A su vez, la ciencia respalda la idea de que la duda pesa más que el mal resultado. En 2016, un equipo del University College London encabezado por Archy de Berker, junto a Robb Rutledge, Christoph Mathys, Louise Marshall, Gemma Cross, Raymond Dolan y Sven Bestmann, publicó en Nature Communications un experimento con pequeñas descargas eléctricas.

En él, los participantes sufrían más estrés cuando la probabilidad de recibir la descarga era del 50% que cuando sabían con seguridad que iba a llegar o que no llegaría. Lo medían con la dilatación de la pupila y la sudoración. En otras palabras, el cerebro tolera peor no saber que saber que algo va a salir mal.

A eso se suma el llamado arrepentimiento anticipado. Los investigadores Marcel Zeelenberg y Rik Pieters lo analizaron en 2004 en la lotería del código postal de Países Bajos, donde el premio se asigna por barrio: muchos jugaban sobre todo para no quedarse fuera si les tocaba a sus vecinos.

En España ocurre algo muy parecido con el número del trabajo o del bar de siempre.

Supersticiones, vacaciones e ilusión de control: los condimentos de este fenómeno de la lotería

Por su parte, el verano añade sus propios motivos. Algunos son prácticos: al principio de la campaña hay más números disponibles, se evitan las colas de diciembre y se puede comprar para la familia o los compañeros con calma. Otros tienen más que ver con la emoción que con la logística.

Entre las razones más repetidas por los compradores figuran:

Siguiendo esta línea, los psicólogos llaman ilusión de control a la tendencia a pensar que elegir un número, buscar una terminación concreta o comprar en un sitio determinado aumenta las posibilidades de ganar.

Pues no es así: el bombo es completamente aleatorio. El psiquiatra Sergio Oliveros Calvo, también de Top Doctors, recuerda que este sorteo arrastra infinidad de supersticiones que empujan a jugar.

A ello contribuye el llamado sesgo de disponibilidad. Las imágenes de ganadores descorchando botellas de cava se repiten cada 22 de diciembre, y esa presencia constante hace que el premio parezca más probable de lo que es. La probabilidad real de que un décimo resulte premiado con el Gordo es de uno entre 100.000.

¿Qué se compra realmente con un décimo?

Si la probabilidad es tan baja, cabe preguntarse qué obtiene a cambio quien paga veinte euros en verano. La respuesta de los especialistas es casi siempre la misma: una recompensa emocional, no económica.

La psicóloga Montserrat Sanz García, de MSG Psicología, lo resume así: «La anticipación, el soñar despierto con qué haríamos si ganáramos y la emoción compartida con amigos y familiares son formas de recompensa emocional».

En este sentido, el décimo permite imaginar durante meses una vida sin deudas, una casa nueva o un viaje pendiente.

Y cabe remarcar que esa expectativa tiene una base química. La simple anticipación del premio libera dopamina, el neurotransmisor asociado a la motivación y el placer, y alivia la ansiedad de forma pasajera.

Después llega lo que se conoce como adaptación hedónica: pasado el sorteo, sin premio o con una pequeña devolución, las emociones vuelven a su nivel habitual. Por eso el atractivo del décimo está en la espera, no en el resultado, y por eso comprarlo en verano alarga ese periodo de ilusión casi seis meses.

Ojo con la ludopatía: ¿Cuándo la Lotería de Navidad deja de ser una tradición?

La mayoría de los compradores no tiene ningún problema con el juego. Según los especialistas de Top Doctors, quien compra lotería de Navidad busca sobre todo conformidad social (no quedarse fuera del grupo), algo muy distinto de la búsqueda de riesgo propia del jugador patológico. Recordemos que la ludopatía afecta aproximadamente al 1% de la población española.

El riesgo aparece cuando el décimo se convierte en la principal herramienta para gestionar la ansiedad o la tristeza. Los psicólogos advierten de que usar el juego como estrategia de afrontamiento habitual puede derivar en un hábito problemático.

A nivel estadístico, los estudios del economista George Loewenstein, de la Universidad Carnegie Mellon, señalan además que las personas con menos ingresos dedican una parte mayor de su sueldo a la lotería.

Para concluir, las cifras muestran que el sorteo sigue creciendo. El gasto medio por habitante pasó de 69,90 euros en 2023 a 76,08 euros en 2025. Este año, Loterías y Apuestas del Estado ha puesto a la venta 205 series por número, siete más que el año pasado, y cada décimo premiado con el Gordo se llevará 328.000 euros netos el 22 de diciembre.