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La gran reflexión de Don Quijote sobre la esperanza: «Siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas para dar remedio a ellas»

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

En el capítulo XV de la Primera Parte de Don Quijote de la Mancha, Don Quijote y Sancho Panza quedan tendidos en el suelo de un valle tras una paliza. Los autores de los golpes son unos arrieros yangüeses, dueños de una manada de jacas gallegas.

El origen de la pelea fue Rocinante. El caballo se acercó al trote a las jacas, que lo recibieron a coces y mordiscos, y los arrieros lo molieron a palos. Don Quijote cargó contra ellos y terminó derribado junto a su escudero.

Todos golpeados y sin fuerzas para levantarse, amo y criado repasan sus heridas en una conversación que deja una reflexión del caballero sobre la esperanza ante la mala suerte.

La puerta abierta que Don Quijote encuentra tras la paliza de los yangüeses

Sancho se lamenta de que ni todos los emplastos de un hospital bastarían para curar sus heridas.

Según la edición del Quijote que publica el Centro Virtual Cervantes, Don Quijote le responde con una frase de consuelo: «Siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas para dar remedio a ellas».

El remedio que ve el caballero es el asno de Sancho, que salió ileso de la pelea y puede cargarlo hasta algún castillo donde le curen las heridas, ya que Rocinante también quedó maltrecho.

Para justificar que un caballero monte en burro, Don Quijote recuerda a Sileno, el ayo del dios Baco, que entró montado en un asno en la ciudad de las cien puertas. Sancho Panza, sin embargo, matiza la comparación: para él, una cosa es ir montado como un caballero y otra viajar «atravesado como costal de basura», que es como iba a llevar a su amo.

La misma esperanza de Don Quijote ante el yelmo de Mambrino

El caballero vuelve a la imagen de la puerta seis capítulos después. En el capítulo XXI, tras la decepción de los batanes, Don Quijote ve a un jinete con algo sobre la cabeza que brilla como el oro. Cree que es el yelmo de Mambrino, el casco encantado que había jurado conseguir.

Ante el recelo de Sancho, el caballero recurre al refrán «donde una puerta se cierra, otra se abre». Es la misma lógica de la frase dicha tras la paliza, ya que para el personaje cada desdicha trae consigo una salida.

En el capítulo XV, esa salida tiene un final menos heroico. Tras menos de una legua de camino (unos cinco kilómetros), amo y escudero llegan a una venta que Sancho reconoce como tal. Don Quijote, en cambio, insiste en que es un castillo.

¿Quién fue Miguel de Cervantes, el autor de Don Quijote?

Miguel de Cervantes nació en Alcalá de Henares, probablemente el 29 de septiembre de 1547, según la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico del Ministerio de Cultura. En 1571 combatió en la batalla de Lepanto, donde perdió la movilidad de la mano izquierda.

Cuatro años después, unos corsarios berberiscos lo capturaron. Cervantes pasó cinco años cautivo en Argel, hasta que su familia y los frailes trinitarios pagaron el rescate en 1580. De vuelta en España, trabajó como comisario de abastos para la Armada Invencible y pasó por la cárcel en Sevilla.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha apareció en Madrid en 1605. En 1615, Cervantes publicó la Segunda Parte, un año después de la continuación apócrifa firmada por Avellaneda. Murió en Madrid en 1616, mientras terminaba Los trabajos de Persiles y Sigismunda.