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CASA REAL ESPAÑOLA

El restaurante que sirvió el banquete de boda de Felipe y Letizia es hoy uno de los templos gastronómicos más exclusivos de Madrid

La boda de Felipe y Letizia en 2004 supuso un banquete de enorme complejidad

El restaurante Jockey, símbolo del lujo clásico madrileño, fue el encargado de servir a más de 1.200 invitados

El menú, concebido como una síntesis de España, combinó cocina de vanguardia de Adrià y Arzak

Mientras millones de espectadores seguían por televisión la boda entre el entonces príncipe Felipe y Letizia Ortiz aquel lluvioso 22 de mayo de 2004, otra coreografía perfectamente medida se desarrollaba a pocos metros de las cámaras. Bajo la gigantesca carpa instalada en el Palacio Real de Madrid, cientos de camareros ultimaban uno de los servicios más complejos y simbólicos de la historia reciente de la gastronomía española: el banquete de la futura pareja real.

Detrás de aquella operación estaba Jockey, el legendario restaurante madrileño que durante décadas fue uno de los grandes símbolos del lujo clásico de la capital. Dos décadas después de aquel almuerzo histórico —y catorce años después del cierre del restaurante— su nombre sigue inevitablemente unido a la boda más mediática de la monarquía española contemporánea. Porque si el vestido de Pertegaz, la lluvia o el no beso en el balcón forman parte del imaginario colectivo de aquel día, también lo hace el fastuoso banquete que reunió a representantes de 40 casas reales, jefes de Estado, empresarios, aristócratas y celebridades en el Palacio Real. 

Los exteriores de la boda de los Reyes Felipe y Letizia. (Foto: Getty Images)

Hoy, en el mismo espacio que ocupó Jockey en la calle Amador de los Ríos, se levanta Saddle, uno de los restaurantes más exclusivos de Madrid y heredero de parte de aquella tradición gastronómica y ceremonial. COOL se ha puesto en contacto con el restaurante para conocer cómo recuerdan uno de los episodios más emblemáticos de la historia reciente de la alta restauración española y qué queda hoy del espíritu de Jockey en el nuevo Saddle, desde la memoria del servicio clásico hasta la huella de uno de los comedores más influyentes del Madrid del poder.

El restaurante donde cenaba el poder madrileño

Jockey fue durante décadas una referencia indiscutible de la alta sociedad madrileña. Fundado en los años sesenta, el restaurante se convirtió en un punto de encuentro habitual de empresarios, ministros, diplomáticos y aristócratas en una ciudad donde el lujo todavía se medía en discreción, servicio impecable y cierta liturgia del detalle. No era un restaurante más: era un lugar donde el poder se sentaba a comer sin necesidad de exhibirse. Allí se mezclaban sobremesas políticas, acuerdos empresariales y una forma muy concreta de entender la gastronomía como parte del protocolo social.

La Reina Sofía y el Rey Juan Carlos fueron clientes habituales del restaurante, lo que terminó de consolidar su posición como uno de los espacios más influyentes del Madrid de finales del siglo XX y principios de los 2000. Sin embargo, según recuerdan desde el entorno actual del propio espacio, en los últimos años ninguno de los actuales miembros de la familia se ha dejado ver por el restaurante, un dato que marca también el cambio de etapa entre el Madrid de entonces y el de ahora.

Juan Carlos I, Doña Sofía y los Reyes Felipe y Letizia el día de su boda. (Foto: Getty Images)

Fue en ese contexto cuando el nombre de Jockey apareció de forma natural en uno de los encargos más importantes de su historia: el banquete de la boda de Felipe y Letizia. La responsabilidad no era menor. No se trataba solo de cocinar para más de mil invitados, sino de representar gastronómicamente a España ante el mundo. De hecho, uno de los detalles menos conocidos de aquel día es que la Reina Sofía fue quien tomó la decisión final sobre el menú del banquete. Según relataron posteriormente miembros del servicio, Jockey envió varias propuestas a Zarzuela, pero fue ella quien eligió la definitiva y supervisó incluso el diseño de las minutas. El resultado fue un menú de fuerte carga simbólica, pensado para equilibrar tradición, representación territorial y protocolo internacional.

Lo que queda de Jockey en el nuevo Saddle

El cierre de Jockey en 2012 marcó el final de una época en la restauración madrileña, no solo por la desaparición de uno de los grandes restaurantes de la capital, sino también por el declive de un modelo de alta gastronomía basado en la solemnidad del comedor clásico, la discreción y el ritual del servicio como parte esencial de la experiencia. En ese mismo espacio, Saddle recoge hoy parte de aquella herencia y la reinterpreta desde una sensibilidad contemporánea, manteniendo la vocación de excelencia gastronómica y servicio impecable, aunque adaptada a una Madrid más global, abierta y visible. Su propuesta culinaria, inspirada en las raíces clásicas y contemporáneas, sitúa el producto y la temporalidad en el centro del discurso, combinando referencias explícitas al pasado —como los callos «Homenaje a Jockey» o el jarrete homenaje a Santi Santamaría— con elaboraciones de sofisticación actual como la gamba roja de Garrucha en crudo con ajoblanco, el espárrago blanco de Tudela con bogavante azul o el châteaubriand de king crab y caviar Oscietre.

Al mismo tiempo, la importancia concedida al servicio en sala y a preparaciones terminadas ante el comensal, visibles en platos como el steak tartar o el lenguado meunière a la brasa, recupera la dimensión ceremonial de la gran restauración clásica, aunque despojada de la rigidez protocolaria que definía a los restaurantes del pasado y transformada ahora en una expresión de lujo contemporáneo sustentado en la técnica, el producto y la experiencia.