Suena raro, pero la ciencia lo respalda: los hongos pueden ser la alternativa al silicio para desarrollar chips informáticos
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Para quienes no estén al tanto de la materia, el silicio sostiene desde hace décadas la revolución digital, pero su coste material, energético y logístico empuja a la ciencia a buscar nuevas vías. Y una de las más sorprendentes no está en una fábrica ni en un laboratorio de semiconductores, sino bajo tierra, particularmente en los hongos.
Y es que en ellos se extiende el micelio, una red de filamentos microscópicos que varios estudios recientes señalan como un posible soporte biológico capaz de transmitir y procesar señales eléctricas. En este sentido, la llamada computación fúngica aún está dando sus primeros pasos, pero ya ha empezado a captar la atención de la investigación científica.
Los hongos como alternativa al silicio: ¿En qué consiste la computación fúngica?
El micelio es la estructura vegetativa de los hongos: una densa red de hilos que crece bajo la tierra y que, en condiciones naturales, sirve para absorber nutrientes y comunicar distintas partes del organismo.
Lo que los investigadores descubrieron es que esa red también genera señales eléctricas con patrones organizados, comparables a los potenciales de acción neuronales.
El ingeniero John LaRocco, del Instituto de Sostenibilidad de la Universidad Estatal de Ohio, publicó un estudio en la revista PLOS ONE en el que demostró que el micelio del hongo shiitake posee propiedades memristivas: los circuitos biológicos modifican su resistencia eléctrica tras estímulos repetidos.
En la práctica, el micelio puede recordar señales anteriores y adaptar su respuesta de forma parecida a la plasticidad neuronal del cerebro humano.
Antes de LaRocco, Andrew Adamatzky, director del Laboratorio de Computación No Convencional de la Universidad del Oeste de Inglaterra (Bristol), había demostrado en la década de 2010 que el moho Physarum polycephalum produce patrones eléctricos similares a los de las neuronas.
En 2024, Adamatzky publicó Fungal Machines junto a Mohammad Mahdi Dehshibi, investigador de la Universidad Carlos III de Madrid, y su equipo presentó los primeros prototipos de placas base biológicas en las que el micelio actúa como procesador y memoria a la vez.
¿Por qué los hongos podrían resolver el mayor problema del silicio?
Los chips de silicio dependen de una cadena de producción con varios puntos débiles. Requieren minerales críticos y tierras raras cuya extracción deteriora el medioambiente. Su fabricación consume cantidades masivas de energía y agua. Y al final de su vida útil, generan residuos electrónicos que resisten el reciclado de forma casi sistemática.
Los hongos eliminan la mayor parte de esos problemas. El micelio es barato, se cultiva en compost estándar y es completamente biodegradable.
Un chip fúngico se descompondría de forma natural al final de su ciclo, sin metales pesados ni componentes tóxicos. El consumo de energía en su producción también sería notablemente menor.
Algo que hay que remarcar es que el contexto agrava la urgencia: el boom de la inteligencia artificial ha generado una escasez global de semiconductores que, según los analistas del sector, no se resolverá antes de 2029. Los grandes fabricantes priorizan la producción para centros de datos, lo que deja al resto de la industria con suministros ajustados.
¿En qué punto está la investigación y cuáles son sus límites?
La computación fúngica sigue en fase de prueba de concepto. Los circuitos de micelio operan a frecuencias de hasta 6.000 Hz, muy por debajo de los memristores comerciales de silicio, que trabajan entre 12.000 y 15.000 Hz. Mejorar la estabilidad, la escalabilidad y la consistencia entre colonias de hongos distintas son los retos pendientes.
Que los que viven de la computación no se preocupen por ahora, debido a que los investigadores no apuntan a reemplazar el procesador de un ordenador doméstico.
Las aplicaciones que estudian son más acotadas: monitorización medioambiental, dispositivos aeroespaciales, ropa inteligente y modelos de estimulación cerebral para investigar enfermedades como la epilepsia o el trastorno por estrés postraumático.
Solo para dar un ejemplo real, la empresa Mycosoft, fundada por Morgan Rockwell, ya ha comercializado sensores basados en señales fúngicas: el Mushroom 1, que convierte las señales eléctricas del micelio en datos digitales.
El camino hasta un chip comercial basado en hongos es todavía largo. Pero que el micelio piensa, a su manera, ya no es solo una metáfora.
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