Meta acelera con la IA y prescinde de cientos que la entrenaron, la paradoja en primera persona

Publicado el: 18 de mayo de 2026 a las 20:44
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Logo de Meta AI tras el anuncio de despidos de trabajadores que entrenaban inteligencia artificial en Dublín.

Más de 700 trabajadores de Covalen en Dublín, una empresa que presta servicios a Meta, han sido avisados de que sus puestos están en riesgo. Muchos de ellos no programaban la inteligencia artificial desde una oficina brillante de Silicon Valley, sino que la entrenaban a base de revisar, clasificar y poner a prueba contenido sensible para Facebook, Instagram y WhatsApp.

El caso resume una tensión cada vez más visible en la industria tecnológica. ¿Qué pasa cuando las personas que enseñan a una IA a tomar decisiones son las primeras en quedar fuera cuando esa IA empieza a funcionar mejor? En la práctica, esa pregunta ya no es de futuro. Está pasando ahora.

El recorte en Dublín

Los trabajadores afectados están en la sede de Covalen en Sandyford, al sur de Dublín. Según la información comunicada a la plantilla, 720 puestos están en riesgo, incluidos más de 500 empleos ligados a anotación de inteligencia artificial, además de moderación de contenido, análisis de calidad y puestos de gestión.

Covalen es una filial de CPL Resources y trabaja en proyectos de Meta. Este matiz importa, porque no son empleados directos de Meta, aunque su jornada esté ligada a las plataformas de la compañía de Mark Zuckerberg. Es el tipo de empleo que suele quedar en la trastienda de la IA, lejos del foco y de los grandes anuncios.

La empresa dijo que había iniciado consultas sobre posibles despidos y que seguía el proceso requerido. En la reunión, según trabajadores citados por medios irlandeses, se habló de cambios en las condiciones de negocio y se insistió en que la decisión no estaba relacionada con el rendimiento.

Qué hacían para la IA

El trabajo de un anotador de datos consiste en enseñar con ejemplos. Revisa respuestas, imágenes o textos, decide si cumplen las normas y deja una especie de pista para que el sistema aprenda a repetir ese criterio. Suena simple. No lo es.

En este caso, los empleados revisaban material generado por modelos de Meta y lo comparaban con las reglas que prohíben contenido peligroso o ilegal. Un trabajador resumió la paradoja con una frase dura, «Es básicamente entrenar a la IA para que nos sustituya».

A veces el trabajo iba más allá de etiquetar. Los equipos tenían que escribir instrucciones para intentar que el sistema fallara y produjera contenido prohibido, con el fin de comprobar si los filtros resistían. Es como probar una cerradura intentando abrirla de todas las maneras posibles, pero con material que puede ser emocionalmente pesado.

La estrategia de Meta

Meta lleva meses explicando que quiere usar sistemas de IA más avanzados para mejorar el soporte y la aplicación de normas en sus plataformas. En marzo de 2026, la compañía afirmó que estos sistemas podrían detectar con más precisión estafas, contenido ilegal y otras infracciones graves, y añadió que reduciría su dependencia de proveedores externos para reforzar sus sistemas internos.

Ese movimiento encaja con una inversión enorme. En sus resultados de 2025, Meta dijo que esperaba gastar entre 115.000 y 135.000 millones de dólares en 2026 en inversiones de capital, con una parte relevante destinada a infraestructura y a Meta Superintelligence Labs.

Al final del día, lo que intenta hacer Meta es automatizar más partes de su negocio y sostener su carrera por la IA. La empresa defiende que busca más seguridad y mejores herramientas. Pero para los trabajadores de Covalen, esa transición se traduce en una amenaza directa al empleo.

La respuesta sindical

El sindicato internacional UNI Global Union ha pedido a Meta que asuma responsabilidad sobre su cadena de proveedores. La organización recuerda que Covalen presta servicios de moderación y otros trabajos para Meta, y que estos recortes llegan después de una ronda anterior que ya provocó huelgas en enero.

Christy Hoffman, secretaria general de UNI Global Union, sostiene que los trabajadores que ayudaron a construir la IA no deberían ser tratados como piezas desechables. También reclama información previa sobre la introducción de IA, formación ligada a nuevos empleos y planes claros para quienes puedan quedar desplazados.

La Communications Workers’ Union, que representa a varios cientos de empleados de Covalen, también ha elevado la presión. Para los sindicatos, el problema no es solo el número de despidos, sino el modo en que se reparte el coste de la automatización.

El coste humano

La parte más delicada está en las condiciones de salida. The Irish Times informó el 7 de mayo de 2026 de que más de la mitad de los 720 trabajadores afectados no recibirían indemnización por despido porque llevaban menos de dos años en la empresa, el mínimo exigido en Irlanda para acceder a ese pago legal.

También hay una lectura más amplia. Meta emplea directamente a unas 1.800 personas en Irlanda, pero muchas más trabajan para sus proyectos a través de contratistas. Cuando la carga de trabajo cambia, el golpe suele caer antes sobre estas capas subcontratadas.

Por eso el caso de Covalen no va solo de una empresa en Dublín. Es una señal de cómo la IA puede reordenar empleos que parecían necesarios hasta ayer. Primero se enseña a la máquina. Luego la máquina cambia la mesa de juego.

La información principal se ha publicado en WIRED y ha sido contrastada con comunicados de Meta.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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