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CARRERA ESPACIAL

36 estaciones de EEUU captaron un sonido que nadie pudo oír: la explosión del New Glenn de Blue Origin equivalió a 131 toneladas de TNT

Las señales llegaron a sensores situados a unos 1.700 kilómetros y permitieron situar el estallido a menos de 15 kilómetros de la plataforma de Cabo Cañaveral.

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Hacia las nueve de la noche del 28 de mayo de 2026, el New Glenn de Blue Origin estalló en su plataforma de Cabo Cañaveral (Florida) cuando la empresa empezaba una prueba de encendido estático. Esa explosión del New Glenn mandó por la atmósfera un sonido de frecuencia tan baja que nadie lo oyó, pero 36 estaciones lo captaron a distancias de hasta 1.700 kilómetros, y de ahí sale ahora una cifra: 0,131 kilotones de TNT, unas 131 toneladas.

Ese cálculo es de Elizabeth Silber y Logan Scamfer, dos científicos de los Laboratorios Nacionales Sandia (Nuevo México), y apareció en The Seismic Record, la revista de la Sociedad Sismológica de América (SSA). Con las mismas señales, cuenta la nota de la SSA, ambos fijaron por su cuenta cuándo y dónde reventó el cohete.

Un estruendo que nadie pudo oír

Por infrasonido se entiende el sonido demasiado grave para que el oído humano lo perciba, ondas de presión lentas que pueden cruzar cientos o miles de kilómetros de atmósfera. Con ellas se siguen desde hace años grandes explosiones y sucesos como la erupción del volcán submarino Hunga Tonga-Hunga Ha’apai en 2022, recuerda la SSA.

También la CTBTO, el organismo de Viena que vigila que nadie haga ensayos nucleares, tira de esta técnica como una de sus herramientas principales. Los aparatos que escuchan son microbarómetros, sensores que notan cambios minúsculos en la presión del aire.

En el caso del cohete de Jeff Bezos, que ya había protagonizado la recuperación de su primera etapa tras lanzar una misión a Marte, el accidente ofrecía algo poco habitual. El New Glenn quema oxígeno líquido y metano líquido, la combinación que se está imponiendo en los cohetes pesados.

Estela del primer lanzamiento del New Glenn desde Cabo Cañaveral, el 16 de enero de 2025, en una foto de larga exposición. (Foto: Fuerza Espacial de EEUU / Senior Airman Samuel Becker)

Silber lo explicó así en la nota de la SSA: las observaciones a escala de un vehículo de lanzamiento completo con estos combustibles criogénicos «siguen siendo muy, muy escasas», y casi todo lo que se sabe procede de experimentos mucho más pequeños o de pruebas antiguas con otros propelentes. «Fue una oportunidad muy poco común de estudiar un gran suceso energético real con combustible de cohete de metano líquido», añadió la física.

Treinta y seis estaciones y 15 kilómetros

Para reconstruir el estallido, los investigadores combinaron vídeo del accidente con marca de tiempo y las señales de 36 microbarómetros de banda ancha repartidos por la región en torno a la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral. Algunas de esas estaciones estaban a unos 1.700 kilómetros del complejo de lanzamiento 36, desde donde despega el New Glenn.

Con una técnica llamada migración en tiempo inverso, que proyecta hacia atrás las ondas registradas hasta dar con su origen, el equipo situó la fuente a menos de 15 kilómetros de la plataforma. Según escriben los autores en el resumen del estudio, eso demuestra que los infrasonidos regionales sirven para acotar el lugar de un suceso energético aunque no haya sensores cerca.

De 2,62 segundos a 131 toneladas

La clave del cálculo fue el periodo dominante de la señal, de 2,62 segundos con un margen de 0,55, medido en las llegadas que viajaron por la troposfera y por la estratosfera. A partir de ese valor, los autores obtuvieron un rendimiento efectivo de 0,131 kilotones de TNT, unos 5,5 × 10¹¹ julios.

Blue Origin no ha publicado cuánto combustible llevaba el cohete en el momento de la explosión, así que los investigadores compararon su cifra con una estimación verosímil de la energía química a bordo. Con los depósitos llenos, solo entre un 3 % y un 4 % de esa energía se habría liberado en la onda de choque rápida; si estaban a medias, en torno a un 6 %.

«En un gran accidente con propelente, el combustible y el oxidante no tienen por qué mezclarse y reaccionar todos a la vez», explicó Silber. Según la investigadora, una parte del material alimenta la explosión inicial y otra arde de forma más lenta en la bola de fuego y en la columna de humo, de modo que el resultado «encaja más o menos con experimentos anteriores con propelente líquido».

Del OSIRIS-REx a las plataformas

La física de Sandia lleva años usando estas ondas para estudiar lo que ella llama sucesos impulsivos, desde meteoroides y olas oceánicas hasta accidentes industriales y voladuras mineras. En 2023 dirigió una campaña con varios organismos para registrar la entrada en la atmósfera de la cápsula de la misión OSIRIS-REx de la NASA, que volvía del asteroide Bennu a unos 42.000 kilómetros por hora, según Sandia.

Globo solar de aire caliente de Sandia con un sensor de infrasonidos y un localizador GPS, usado en investigaciones anteriores. (Foto: Laboratorios Nacionales Sandia)

En 2021, además, formó parte de un equipo de Sandia que subió un sensor de infrasonidos a la estratosfera en un globo solar de aire caliente y grabó las señales de un lanzamiento con éxito de Blue Origin. Con el New Glenn, los autores proponen usar la misma técnica para vigilar anomalías en los lanzamientos y aportar datos reales a los modelos de explosión de los motores de metano.

Blue Origin no ha dicho cuánto combustible llevaba

El porcentaje de energía que se convirtió en onda de choque depende de una cifra que nadie fuera de la empresa conoce. Las estimaciones del 3 % al 6 % parten de dos supuestos, depósitos llenos o a medias, y cambiarían si la carga real fuera otra.

El estudio tampoco explica por qué falló el cohete: el análisis de infrasonidos solo sitúa y mide la explosión en Florida.

El rendimiento de 131 toneladas es, además, un valor efectivo calculado a partir de la presión que llegó a los sensores, con su propio margen de error, y no una medida directa del combustible que ardió aquella noche en Cabo Cañaveral.

El estudio se ha publicado en The Seismic Record el 12 de agosto de 2026.

Crédito de la imagen: Fuerza Espacial de EEUU (Senior Airman Samuel Becker).