EXPLORACIÓN ESPACIAL

Pesa 3.000 toneladas y gasta 388 litros de gasóleo por kilómetro: el crawler-transporter de la NASA lleva cohetes a la rampa desde 1965

Construido en 1965 para el Saturno V, tardó casi 12 horas en recorrer 6,8 kilómetros con el cohete de Artemis II y tiene desde 2023 el récord Guinness de vehículo autopropulsado más pesado.

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El crawler-transporter de la NASA, de unas 3.000 toneladas, en el Centro Espacial Kennedy
El crawler-transporter de la NASA, de unas 3.000 toneladas, en el Centro Espacial Kennedy
Adrián Villellas

La NASA lleva sus cohetes hasta la rampa de lanzamiento con dos vehículos de orugas construidos en los años sesenta, y el más pesado de los dos, el crawler-transporter 2 (CT-2), ronda los 6,65 millones de libras, unas 3.016 toneladas, según la ficha técnica del Centro Espacial Kennedy, en Florida. Cargado avanza a una milla por hora, unos 1,6 kilómetros por hora, y gasta un galón de gasóleo cada 32 pies, lo que equivale a unos 388 litros por kilómetro.

La agencia compara su peso con el de unas 15 estatuas de la Libertad o 1.000 camionetas pick-up. Sobre una cubierta más grande que el cuadro interior de un campo de béisbol ha llevado cohetes Saturno V, transbordadores espaciales durante 30 años y, en 2026, el cohete SLS y la nave Orion de Artemis II, de acuerdo con la página de la NASA dedicada a los crawlers.

Dos orugas fabricadas en Ohio

Los dos crawler-transporters se empezaron a fabricar en Ohio en marzo de 1963 para trasladar el Saturno V desde el Edificio de Ensamblaje de Vehículos (VAB) hasta el Complejo de Lanzamiento 39. El primero se movió por sus propios medios el 23 de enero de 1965 en Merritt Island, en Florida, según la cronología oficial de la agencia.

El 26 de agosto de 1967 uno de ellos sacó a la rampa el primer Saturno V, el del Apolo 4 sin tripulación. En diciembre de 1980 llevó el transbordador Columbia a la plataforma 39A para la primera misión del programa, y la NASA describe hoy los dos crawlers como máquinas únicas en el mundo.

Dieciséis motores y una reducción de 168 a 1

Cada vehículo mide 131 pies de largo por 114 de ancho, unos 39,9 por 34,7 metros, y su altura varía entre 6,1 y 7,9 metros según la posición de los cilindros hidráulicos que lo levantan y lo nivelan. Se apoya en cuatro bloques de orugas con dos cadenas cada uno.

Según la ficha técnica, la propulsión es diésel-eléctrica, como la de una locomotora. Dos motores Alco de 16 cilindros y 2.750 caballos alimentan cuatro generadores de 1.000 kilovatios, que mueven 16 motores de tracción de 375 caballos con una reducción de 168 a 1. Otros dos motores Cummins de 2.220 caballos dan corriente a los sistemas de a bordo a través de dos generadores de 1.500 kilovatios.

El depósito admite 5.000 galones de gasóleo, unos 18.900 litros, y el sistema hidráulico guarda otros 2.500 galones, unos 9.500 litros.

Infografía en vídeo de la NASA sobre las medidas y el funcionamiento de los crawler-transporters. Vídeo: NASA’s Kennedy Space Center

Una cubierta que sube la rampa nivelada

El crawler se mete bajo el lanzador móvil, lo levanta por cuatro puntos dispuestos en un cuadrado de 27,4 metros, la misma medida que separa las bases de un campo de béisbol profesional, y lo lleva unos 6,8 kilómetros hasta la plataforma 39B. Como cada plataforma se levanta sobre una pirámide en pendiente, la suspensión hidráulica mantiene la carga horizontal durante toda la subida, explica la NASA.

Para el programa Artemis, el CT-2 recibió nuevos cojinetes de rodillos, mejor lubricación, generadores más potentes y frenos renovados. Su capacidad de carga subió a 18 millones de libras, unas 8.165 toneladas, un 50 % más que en el diseño original y el equivalente a más de 20 aviones Boeing 777 cargados.

La agencia añade que el crawler no tiene contacto con el cohete, de modo que podrá cargar futuros vehículos sin más cambios. En una infografía de 2018 calculó que dos crawlers modificados bastarían para mover el Arco Gateway de San Luis, de unas 15.700 toneladas.

Doce horas hasta la plataforma 39B

Con Artemis II, el CT-2 arrancó a las 7.04 del 17 de enero de 2026, hora de la costa este de EEUU, con el cohete SLS y la nave Orion sobre el lanzador móvil, una carga que la NASA cifró en 11 millones de libras, unas 5.000 toneladas. Nada más cruzar las puertas del VAB hizo una parada prevista para recolocar el brazo de acceso de la tripulación, y a las 18.42 estaba en la plataforma 39B, según el blog de la misión.

En casi 12 horas no pasó de 0,82 millas por hora, unos 1,3 kilómetros por hora. Hubo que repetir el viaje porque en febrero el cohete volvió al VAB por un fallo en el flujo de helio, y la misión despegó por fin el 1 de abril de 2026 con Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen a bordo.

El crawler-transporter de la NASA lleva el cohete SLS de Artemis II sobre el lanzador móvil
El crawler-transporter 2 lleva el cohete SLS y la nave Orion de Artemis II, sujetos al lanzador móvil, de vuelta al Edificio de Ensamblaje de Vehículos el 25 de febrero de 2026. (Foto: NASA/Kim Shiflett)

Dos semanas después, el 16 de abril, le tocó devolver al VAB el lanzador vacío, con la torre dañada por el despegue, para repararla y dejarla lista para Artemis III, según el pie de una foto oficial de la NASA.

Un certificado de Guinness en 2023

Con las mejoras, el CT-2 ganó peso y acabó por encima de su gemelo, el crawler-transporter 1. La jueza de Guinness World Records Hannah Ortman le dio la mano a John Giles, responsable de operaciones de los crawlers en la NASA, durante la ceremonia del 29 de marzo de 2023 en Kennedy, y el certificado lo nombra «el vehículo autopropulsado más pesado», según la nota de la NASA.

Shawn Quinn, director del programa Exploration Ground Systems, recordó que este crawler «captó la atención del mundo» durante Artemis I. Giles fue más lejos y habló del trabajo hecho para Apolo, para los transbordadores y ahora para Artemis «a lo largo de las últimas seis décadas», antes de llamar al título «la guinda del pastel».

Desde 1965 hasta octubre de 2024, el CT-2 sumó 2.500 millas, unos 4.000 kilómetros, sobre el crawlerway, el camino de grava que une el VAB con las plataformas de lanzamiento.

Su velocidad punta nunca se ha medido

En vacío, el CT-2 se diseñó para ir a dos millas por hora, unos 3,2 kilómetros por hora, aunque la NASA admite en su ficha que nadie lo ha probado a esa velocidad. Cuando lleva un cohete encima, el ritmo lo marca un análisis que busca el viaje más suave.

Las páginas de la agencia tampoco cuentan qué hace hoy el crawler-transporter 1, al que la infografía de 2018 asignaba los cohetes comerciales, ni hasta qué año servirá el CT-2 tras unas reformas que la NASA bautizó «de 20 años de vida».

Casi todas las medidas técnicas proceden de la ficha Crawler-Transporters de la NASA, con el código FS-2023-04-402-KSC.

Crédito de la imagen: NASA.

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