Reino Unido reservará más de 5.000 millones de libras durante los cuatro ejercicios que terminan en 2029-2030 para acelerar la incorporación de drones y sistemas autónomos en la Royal Navy, el Ejército y la Royal Air Force. Es la mayor asignación británica hasta la fecha para este tipo de tecnología militar y forma parte de un Plan de Inversión en Defensa dotado con 298.000 millones de libras. El programa desarrolla la Revisión Estratégica de Defensa de 2025.
El anuncio se presentó el 30 de junio de 2026 como una respuesta a las lecciones de Ucrania y de los conflictos recientes en Oriente Medio, donde aparatos relativamente baratos pueden localizar o dañar objetivos mucho más costosos. Lo hizo el entonces primer ministro Keir Starmer, que vinculó la inversión con la modernización de las Fuerzas Armadas y el refuerzo de la industria británica.
Qué incluye la inversión
El paquete de más de 5.000 millones no equivale a una única compra ni a una bolsa de dinero completamente nueva para drones. El documento identifica 1.600 millones de nueva inversión en estas máquinas y alrededor de 1.500 millones para la llamada Marina híbrida. También reserva 650 millones para sistemas autónomos de bajo coste, incluidos aparatos y vehículos terrestres que pueden perderse en combate.
¿Qué diferencia hay entre un dron convencional y uno autónomo? El primero puede estar pilotado a distancia, mientras que el segundo utiliza sensores y programas informáticos para realizar algunas tareas con menos instrucciones directas, desde navegar hasta analizar imágenes. El grado de intervención humana puede variar mucho.
Una Marina híbrida
La Royal Navy combinará barcos convencionales con plataformas sin tripulación que operen en la superficie, bajo el agua y en el aire. El plan contempla vehículos para lanzar misiles, buscar submarinos, vigilar el cielo y detectar minas, todos conectados como piezas de una misma red.
También prevé incorporar durante la década de 2030 al menos seis Common Combat Vessels, buques que actuarán como centros de coordinación de la defensa aérea marítima. El documento habla de unidades nuevas, no de sustituir seis barcos ya identificados. El proyecto PANTHEON probará además drones a reacción junto a los cazas F-35B embarcados.
Drones para el Ejército
El proyecto NYX recibirá 220 millones de libras y pretende desplegar hasta 24 drones armados autónomos antes de 2030 para trabajar junto a helicópteros Apache. Corvus contará con 310 millones y reemplazará los veteranos Watchkeeper por hasta 24 aparatos de vigilancia y reconocimiento.
Otros 150 millones impulsarán vehículos terrestres sin tripulación, mientras que al menos 210 millones financiarán drones de ataque de un solo uso y largo alcance. En la práctica, la idea es emplear máquinas más baratas para explorar, interceptar amenazas o atacar sin arriesgar siempre una aeronave tripulada de gran valor.
Compañeros para la RAF
La Royal Air Force destinará 300 millones de libras al programa Collaborative Combat Aircraft. Busca desarrollar aeronaves autónomas que vuelen coordinadas con cazas pilotados, amplíen la cobertura de sus sensores y puedan transportar más armamento. El primer demostrador debería volar antes de que termine 2030.
El otro pilar inmediato es StormShroud, un dron de guerra electrónica diseñado para bloquear radares enemigos y reducir el riesgo para los aviones tripulados. La RAF lo desarrolló con la empresa Tekever y con tecnología de Leonardo UK. El nuevo plan mantiene este sistema dentro de la modernización prioritaria de la fuerza aérea.
El control humano importa
No todos los drones autónomos toman decisiones sobre el uso de la fuerza. La política británica de inteligencia artificial responsable indica que estos sistemas deben superar controles de seguridad, respetar el derecho nacional e internacional y tener responsabilidades claramente asignadas. Aun así, la palabra «autónomo» cubre capacidades muy distintas.
La posición del Comité Internacional de la Cruz Roja advierte de que un arma capaz de seleccionar y atacar objetivos después de ser activada plantea riesgos legales, éticos y humanitarios. La organización insiste en que las obligaciones del derecho de guerra siguen correspondiendo a personas, no a máquinas. El plan británico no ofrece un desglose público, programa por programa, del control humano que conservará cada plataforma.
Una apuesta ligada a la OTAN
El anuncio británico llegó una semana antes de la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara los días 7 y 8 de julio de 2026. Allí, los aliados lanzaron Drone Edge, una iniciativa que prevé invertir 40.000 millones de dólares durante cinco años para detectar, identificar y neutralizar sistemas sin tripulación hostiles.
El relevo político añade una prueba de continuidad. Starmer dejó Downing Street el 20 de julio y Andy Burnham heredó un programa con presupuestos, pruebas y entregas que se extienden durante años. Antes de marcharse, Starmer prometió «capacidades de vanguardia para disuadir amenazas cambiantes», mientras Dan Jarvis afirmó que «los sistemas sin tripulación están definiendo los conflictos».
En la práctica, el reto será convertir las cifras en contratos, pruebas y equipos fiables, además de formar a sus operadores. El dinero marca la dirección, pero no garantiza por sí solo que las nuevas capacidades lleguen a tiempo ni que funcionen bajo las condiciones de un conflicto real.
El plan oficial se ha publicado en el Ministerio de Defensa y el Tesoro británico.










