Después de 29 años inactivo, Rusia devuelve al servicio el mayor y más armado crucero de combate del mundo con 176 celdas de misiles Mach 9: la mayor amenaza naval del mundo

Publicado el: 8 de julio de 2026 a las 08:01
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El crucero nuclear ruso Almirante Nakhimov durante las pruebas previas a su regreso al servicio tras su modernización.

El Almirante Nakhimov ha vuelto a aparecer en Severomorsk, la gran base rusa del Ártico, después de casi tres décadas apartado de la primera línea. El buque fue visto en la bahía de Kola el 25 de junio de 2026 y aún no ha tenido una ceremonia formal de entrega, porque sigue en la fase final de pruebas de mar.

La clave no es solo que haya regresado a casa. Rusia ha reconstruido un crucero soviético de propulsión nuclear hasta convertirlo, al menos sobre el papel, en una de las plataformas de misiles más grandes del mundo. La Flota del Norte afirmó el 1 de junio de 2026 que el barco había iniciado la fase final de pruebas tras su reparación y modernización.

Un gigante nuclear

El Nakhimov pertenece a la clase Kirov, unos cruceros enormes diseñados por la Unión Soviética para operar lejos de la costa. La propulsión nuclear significa que sus reactores generan calor para mover turbinas, así que el barco puede navegar mucho tiempo sin repostar combustible convencional.

Eso no lo hace invulnerable ni mágico. La tripulación, los repuestos y las armas siguen marcando límites muy reales, como en cualquier despliegue largo. Pero para la Flota del Norte, tener un casco así en el Ártico es como recuperar un viejo camión pesado con motor nuevo y muchos compartimentos de carga.

Del astillero al mar

El camino ha sido largo, casi absurdo si se mira con ojos de lector joven. TASS informó el 18 de agosto de 2025 de que el crucero había salido al mar para pruebas de fábrica tras una «profunda modernización», con una primera fase prevista en el mar Blanco y después en el mar de Barents.

En septiembre de 2025, el Ministerio de Defensa ruso dijo que el primer tramo de esas pruebas se había completado y que participaron tanto la tripulación como el equipo de entrega de Sevmash, el astillero de Severodvinsk. En la práctica, eso significa revisar si el buque navega, maniobra y aguanta antes de aceptarlo de verdad.

Arsenal vertical

El gran cambio está bajo cubierta. Las celdas de lanzamiento vertical son tubos donde se guardan y disparan misiles hacia arriba, como una estantería blindada que solo se abre cuando toca lanzar. Tras la modernización, el Nakhimov integraría alrededor de 176 celdas, con espacio para misiles de crucero, misiles antibuque y defensa aérea de largo alcance.

Esa cifra explica por qué el barco ha generado tanta atención. Las estimaciones abiertas comparan esas 176 celdas con las 96 de los Arleigh Burke de la U.S. Navy, mientras el U.S. Naval Institute sitúa al Type 055 chino en 112 celdas. Pero contar tubos no es lo mismo que ganar una batalla.

Para qué sirve

Severomorsk no es un puerto cualquiera. Es el cuartel general de la Flota del Norte y está en una costa que, por lo general, permite salida al mar durante todo el año gracias a la influencia de corrientes cálidas. Para Rusia, esa puerta hacia el mar de Barents y el Atlántico Norte tiene un valor enorme.

El papel más probable del Nakhimov no será ir solo por el mundo como un villano de película. Lo lógico es que sirva para proteger grupos navales y cubrir zonas donde operan submarinos rusos con misiles balísticos. Dicho simple, sería un paraguas armado alrededor de una parte muy sensible de la disuasión nuclear rusa.

Los límites

El regreso del crucero también tiene una lectura menos brillante. Es un buque gigantesco, de unos 251 metros de largo, construido sobre una idea de la Guerra Fría que concentraba muchísima potencia en un solo casco. Si algo falla o si el barco queda fuera de combate, se pierde de golpe una cantidad enorme de misiles.

Además, su tamaño y su diseño no son los de un barco pensado desde cero para ser difícil de detectar. La modernización añade radares, sistemas digitales y nuevas armas, pero no cambia por completo la silueta ni la filosofía del casco. Mucho músculo, sí. También mucho riesgo.

Lo que falta

El regreso a Severomorsk marca un hito, pero no cierra la historia. Antes de entrar plenamente en servicio, el crucero debe completar pruebas de navegación, comunicaciones, sensores, integración de armas y resistencia en aguas del norte. También se esperan pruebas de lanzamiento, algo clave para saber si el enorme arsenal funciona como un sistema coordinado.

Para Moscú, el Nakhimov es una señal de que aún puede recuperar parte de su legado naval soviético. Para la OTAN, es otro motivo para mirar con lupa el Ártico y el mar de Barents. Al final del día, el barco vuelve con muchos misiles, pero su valor real dependerá de cómo encaje en una guerra moderna cada vez más dominada por sensores, drones y ataques a distancia.

La información oficial sobre la fase final de pruebas se ha publicado en Interfax.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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