Una historia de Yo Dona está reventando redes, y lo llamativo es el pequeño detalle que convierte algo cotidiano en una decisión que cambia tu imagen

Publicado el: 14 de junio de 2026 a las 18:48
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Estudiante universitaria con altas capacidades intelectuales estudiando en una biblioteca

Sara Ruiz tiene 22 años, nació en Carboneras, Almería, y está a punto de terminar el doble grado de Periodismo y Humanidades en la Universidad Carlos III, en Getafe. Su expediente llama la atención por sí solo, con un 9,7 de nota media hasta febrero y un 10 en Bachillerato, pero la historia no va solo de notas.

Desde enero sabe que tiene altas capacidades intelectuales. Lo descubrió después de obtener una beca del Proyecto Dorotea, impulsado por la Fundación Adecco, y de que su tutora le propusiera realizar una evaluación. ¿Qué ocurre cuando una etiqueta que parece brillante también da miedo?

Sara Ruiz y sus notas

Sara no improvisa fácilmente. En la entrevista pone unos folios sobre la mesa para no dejarse nada importante, como quien prepara un examen aunque ya se sepa el temario. Esa necesidad de precisión explica bastante bien su forma de estudiar.

Está rematando dos Trabajos Fin de Grado, uno en Humanidades y otro en Periodismo. El primero trata sobre el metateatro y la figura de Leopoldo Fregoli, actor, cantante y transformista romano. El segundo analiza cómo un medio local cubre grandes casos de corrupción frente a periódicos nacionales.

Su expediente tiene muchas matrículas de honor. Ella lo cuenta sin alardes, casi como si hablara de una lista de la compra. Para Sara, sacar un 6 o un 7 en un examen ya sería que algo ha salido mal.

Altas capacidades sin mito

Sara obtuvo un resultado de 128 en la evaluación de inteligencia, con una puntuación de 141 en comprensión verbal. En términos sencillos, las altas capacidades describen un funcionamiento intelectual por encima de la media, aunque no significan ser una máquina de sacar sobresalientes ni tener la vida resuelta.

«Ni yo ni mi familia sospechamos nunca nada», cuenta. Ella no encaja del todo en algunos prejuicios habituales, como la timidez extrema, el aburrimiento constante en clase o el fracaso escolar. También aprendió a hablar tarde, a los 2 años, aunque ahora bromea con que después «ya no paró».

La etiqueta, dice, tiene dos caras. Puede encasillar, pero también ayuda a entender que el cerebro funciona de otra manera. En su caso, habla de hipersensibilidad, mucha empatía, autoexigencia y perfeccionismo.

La cara menos amable

«Muchos creen que tenemos el éxito garantizado, pero tenemos que convivir con complicaciones como el estrés y la ansiedad que causa la autoexigencia», explica Sara. No es una frase de manual. Es una forma sencilla de contar algo que pesa.

Durante Bachillerato sintió mucha presión y llegó a tener dolores de cabeza por estrés. También reconoce que le da demasiadas vueltas a las cosas, que le cuesta priorizar y que a veces carga con culpas por exigir a otros lo mismo que se exige a sí misma.

Ahora intenta trabajar esas dificultades con una psicóloga. Saber que tiene altas capacidades le ayuda a poner nombre a algunas piezas del pasado, pero no borra los problemas de golpe. Ayuda, sí. No hace magia.

Becas para poder estudiar

El camino de Sara hasta Madrid no se entiende sin las becas. Primero contó con ayudas de la Junta de Andalucía y después del Ministerio de Educación, algo clave para una familia que vive de una pequeña empresa de pesca.

También es beneficiaria del Proyecto Dorotea, una iniciativa de la Fundación Adecco dirigida a personas con altas capacidades o expediente académico brillante y bajos recursos económicos. La convocatoria de 2026 cubre a personas de entre 6 y 63 años y combina apoyo económico con orientación personal, formativa y laboral.

El Boletín Oficial del Estado recoge que la tercera convocatoria de las Becas Pupilo Dorotea está abierta del 14 de abril al 8 de junio de 2026 a las 14.00 horas. Entre los requisitos figuran altas capacidades o brillante expediente, bajos recursos económicos, edad entre 6 y 63 años y permiso de trabajo o residencia en España.

Madrid, Getafe y sacrificios

Sara comparte piso con dos compañeros y paga 300 euros al mes. Lo dice con precisión, porque sabe que cada cifra importa. Getafe es más barato que Madrid capital, pero estudiar lejos de casa sigue siendo un esfuerzo enorme.

Ha trabajado en verano en Mercadona, en un kiosco y como monitora infantil. También hizo prácticas en La Voz de Almería y continuó unos meses más como redactora, mientras iba y venía en el autobús nocturno entre su provincia y la universidad.

Su madre aparece una y otra vez en el relato. «Se ha leído todos mis trabajos de Bachillerato, las noticias de La Voz de Almería y hasta mi TFG antes de entregarlo», cuenta Sara. Necesita su opinión para quedarse tranquila.

El miedo a contarlo

Casi al final de la conversación, Sara reconoce que estaba nerviosa. «Solo mi familia sabe que tengo altas capacidades. Me da miedo lo que la gente pueda pensar de mí cuando se enteren o que me traten de modo diferente», admite.

Ahí está una de las claves de su historia. Las altas capacidades suelen presentarse como una ventaja limpia, casi como un atajo. Pero en la vida real pueden convivir con presión, inseguridad y miedo a que los demás cambien la forma de mirar.

El 2 de julio se gradúa, «si todo va bien», añade con cautela. Con su expediente parece difícil imaginar otro final, pero Sara no habla como alguien que dé nada por hecho. Al final del día, eso también cuenta quién es.

La nota de prensa oficial del Proyecto Dorotea se ha publicado en Fundación Adecco.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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