Meta, la compañía que dirige Mark Zuckerberg, ha puesto sobre la mesa una idea que suena a ciencia ficción, pero que ya tiene calendario. La empresa ha firmado un acuerdo con Overview Energy para reservar hasta un gigavatio de energía solar captada en el espacio y enviada a la Tierra para apoyar sus centros de datos de inteligencia artificial.
La inteligencia artificial no funciona en una nube mágica, sino en edificios llenos de servidores que consumen muchísima electricidad. Según la Agencia Internacional de la Energía, el consumo eléctrico global de los centros de datos podría duplicarse de aquí a 2030, empujado en gran medida por la IA.
Energía desde la órbita
La propuesta de Overview Energy consiste en colocar satélites solares en una órbita geosíncrona, a unos 35.000 kilómetros sobre el ecuador. Dicho en sencillo, es una zona donde el satélite acompasa su movimiento con la rotación de la Tierra y puede recibir luz solar de forma casi continua.
Esos satélites recogerían la energía del Sol y la enviarían a instalaciones solares ya existentes mediante luz infrarroja cercana de baja intensidad. No se trataría de construir otra enorme granja solar desde cero, sino de hacer que las actuales produzcan también cuando ya es de noche en tierra.
Nat Sahlstrom, vicepresidente de Energía y Sostenibilidad de Meta, defendió que esta tecnología puede «entregar nueva energía ininterrumpida desde la órbita». Overview Energy sostiene además que el haz sería invisible, menos intenso que la luz solar y diseñado para ser seguro de forma pasiva para personas, animales y aviones.
Por qué importa a la IA
Un centro de datos es, básicamente, el gimnasio donde entrenan y trabajan los modelos de inteligencia artificial. Dentro hay miles de servidores, sistemas de refrigeración, conexiones de red y equipos de respaldo. Todo eso necesita electricidad constante, no solo cuando hace sol o sopla el viento.
Ahí está el problema. La energía solar tradicional baja a cero por la noche, y la eólica depende del tiempo. Para una empresa como Meta, que quiere escalar su infraestructura de IA, los cortes o los picos de precio son un dolor de cabeza real.
En la práctica, la energía solar espacial intenta actuar como una linterna gigante y estable sobre la red eléctrica. Si funciona, podría aumentar la producción de plantas solares existentes sin ocupar más terreno, algo clave cuando cada nuevo proyecto energético se enfrenta a permisos, conexiones y oposición local.
El acuerdo con Noon
Meta no se ha limitado a mirar al espacio. También ha cerrado un acuerdo con Noon Energy para reservar hasta un gigavatio de potencia y 100 gigavatios hora de almacenamiento de energía de ultralarga duración, pensado para sus futuros centros de datos.
La tecnología de Noon usa celdas de combustible de óxido sólido reversibles y almacenamiento basado en carbono. Traducido, son sistemas capaces de guardar energía y devolverla durante varios días, no solo durante unas pocas horas como ocurre por lo general con muchas baterías de litio.
El plan empezará con un proyecto de 25 megavatios y 2,5 gigavatios hora previsto para 2028. Chris Graves, cofundador y consejero delegado de Noon Energy, dijo que los centros de datos son «una de las mejores aplicaciones» para su sistema de baterías de larga duración.
Una vieja idea vuelve
La energía solar espacial no nació ayer. La NASA y el Departamento de Energía de Estados Unidos ya estudiaron en profundidad grandes satélites solares en los años setenta, aunque entonces los costes y la escala hacían que la idea quedara muy lejos del mercado.
También la Agencia Espacial Europea ha investigado este enfoque a través de su iniciativa SOLARIS. La ESA explica que recoger luz en el espacio puede evitar parte del problema de las nubes, la atmósfera y el ciclo de día y noche, pero también advierte de que siguen abiertas preguntas sobre seguridad, aviación, impacto ambiental y transmisión inalámbrica de energía.
Por eso conviene no venderlo como una solución inmediata. Es prometedor, sí, pero todavía tiene que demostrar que puede funcionar a escala industrial, integrarse en la red y hacerlo a un coste razonable. Dicho de otra forma, falta pasar del vídeo bonito al enchufe real.
Qué pasará ahora
Overview Energy prevé una demostración orbital inicial en 2028. Si esa prueba sale bien, el servicio comercial podría empezar alrededor de 2030, con Meta entre las primeras grandes tecnológicas en reservar capacidad de este tipo.
Ese calendario encaja con la carrera de las grandes compañías por asegurarse energía estable para la IA. Meta asegura que ya ha contratado más de 30 gigavatios de energía limpia y renovable en todo el mundo, además de acuerdos en nuclear y geotermia avanzada.
La pregunta de fondo es sencilla. ¿Puede la IA crecer sin convertir la red eléctrica en un cuello de botella? Meta apuesta por una mezcla de energía orbital, almacenamiento de varios días y otras fuentes limpias para intentarlo. Pero, como casi siempre con la tecnología nueva, el resultado dependerá menos del anuncio y más de las pruebas.
El comunicado oficial se ha publicado en Meta Newsroom.













