Lo que respiran y absorben las embarazadas importa: así es el impacto de los químicos en la inteligencia infantil
Mediante modelos estadísticos avanzados, han estudiado la asociación entre la exposición a contaminantes plásticos y la inteligencia infantil
Investigadores de la Universidad de Granada (UGR) y del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada, en colaboración con el Instituto Nacional Francés de la Salud y de la Investigación Médica, han observado que una mayor exposición durante el embarazo a determinados disruptores endocrinos presentes en plásticos y cosméticos, como el bisfenol A y los ftalatos, se asocia con un menor cociente intelectual en los niños a los tres años.
El estudio, realizado con madres e hijos de la cohorte francesa Sepages, analizó muestras de orina y, tras tener en cuenta diversos factores maternos y socioeconómicos, encontró que la asociación era especialmente relevante cuando la exposición a esta mezcla de contaminantes se producía durante el tercer trimestre de gestación.
Concretamente, los niños presentan una media de tres puntos menos en su cociente intelectual por cada unidad de incremento en la concentración de la mezcla de contaminantes.
Este trabajo supone un avance metodológico relevante respecto a estudios previos y confirma la hipótesis de que la exposición temprana a mezclas de contaminantes plásticos supone un factor de riesgo para el correcto desarrollo del cerebro y de la función cognitiva infantil, según señala Vicente Mustieles, autor responsable del estudio.
De hecho, estudios previos estimaron que incluso reducciones sutiles en la puntuación del cociente intelectual pueden traducirse en un número considerable de casos de bajo desempeño académico a escala poblacional. «En la Unión Europea, los costes de la exposición prenatal a disruptores endocrinos relacionados con los trastornos del neurodesarrollo se estiman en miles de millones de euros al año», agrega el experto.
Uno de los principales retos de la investigación sobre la exposición a compuestos químicos presentes en los plásticos es su rápida metabolización y excreción en la orina. Por ello, medir adecuadamente dicho fenómeno resulta complejo y requiere estrategias metodológicas capaces de reflejar mejor las variaciones a lo largo del tiempo.
Claire Philippat, investigadora del Instituto Nacional Francés de la Salud y de la Investigación Médica (Inserm), explica que uno de los avances metodológicos de la cohorte Sepages es que las mujeres embarazadas recogieron hasta 42 muestras de orina durante todo su embarazo (los estudios previos solamente recogieron una o pocas muestras en cada trimestre), lo que permite evaluar su exposición a estos contaminantes plásticos con mayor validez y precisión, un requisito metodológico exigido por las agencias regulatorias como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).
Los investigadores también han hecho una revisión estructurada de la literatura científica para identificar los disruptores endocrinos con mayor evidencia toxicológica y epidemiológica. Mediante modelos estadísticos avanzados, han estudiado la asociación entre la exposición a contaminantes plásticos y la inteligencia infantil, considerando en los modelos los resultados de estudios internacionales previos.
Conocimiento toxicológico
«Otra fortaleza del estudio es que los resultados reflejan el conjunto de la evidencia disponible en diversos estudios internacionales en población humana, no sólo los de la cohorte francesa, lo que aumenta la relevancia. Además, se sintetiza todo el conocimiento toxicológico disponible en este campo, lo que respalda las asociaciones observadas», señala Ainhoa Pérez Cantero, investigadora predoctoral de la UGR, el ibs.Granada y el Hospital Universitario Clínico San Cecilio de Granada.
En respuesta a si estos resultados en la población francesa son extrapolables a la población española y europea, Vicente Mustieles indica que «la exposición a los disruptores endocrinos es universal y, tanto en Francia como en España, más del 90% de la población presenta niveles cuantificables de estos compuestos en su orina».
Los investigadores recomiendan evitar el consumo de alimentos ultraprocesados, que no sólo no nutren, sino que también constituyen una fuente de exposición a los contaminantes estudiados. También, priorizar los envases y utensilios de vidrio y de acero inoxidable, evitando el uso de materiales plásticos en contacto con los alimentos.
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