Alergia en otoño: por qué los estornudos y la congestión no son siempre un resfriado
El picor de ojos y nariz, los estornudos repetidos y la ausencia de fiebre son señales que diferencian una alergia de un resfriado común
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Con la llegada del otoño, las temperaturas comienzan a descender, aumentan las lluvias y los resfriados vuelven a convertirse en protagonistas. Sin embargo, no todos los estornudos, la congestión nasal o el lagrimeo que aparecen durante estos meses tienen su origen en un virus. Aunque solemos asociar las alergias con la primavera, también pueden aparecer o intensificarse durante el otoño, cuando determinadas condiciones ambientales favorecen su aparición.
Partiendo de esta situación, Nara Seguros, marca de seguros de salud, vida y ahorro, pone el foco en las alergias otoñales, sus principales causas y las señales que pueden ayudar a diferenciarlas de un resfriado común, así como en la importancia de adoptar pequeños hábitos cotidianos para prevenir o reducir las molestias asociadas.
¿Por qué aparecen alergias en otoño?
Aunque la concentración de muchos pólenes disminuye con respecto a la primavera, durante los meses de septiembre, octubre y noviembre entran en juego otros factores que pueden favorecer la aparición de síntomas alérgicos.
Uno de los principales son los ácaros del polvo, unos organismos microscópicos que se encuentran habitualmente en colchones, almohadas, alfombras y muebles tapizados. Su proliferación se ve favorecida por los ambientes templados y húmedos, por lo que pueden provocar síntomas durante todo el año, especialmente cuando se dan estas condiciones.
A ellos se suman los hongos y el moho, cuya presencia puede aumentar en espacios con exceso de humedad, como baños, sótanos o habitaciones poco ventiladas. Sus esporas pueden desencadenar síntomas respiratorios en personas sensibilizadas, especialmente cuando existe una exposición continuada.
Por otro lado, determinados pólenes también pueden estar presentes durante el otoño. Algunos árboles, como los cedros, pueden liberar polen durante octubre y noviembre, mientras que otros, como los cipreses, pueden comenzar su periodo de polinización hacia finales de esta estación, dependiendo de la especie y la zona geográfica. Su presencia y concentración varían en función de las condiciones meteorológicas.
¿Alergia o resfriado común?
La congestión nasal, los estornudos y el goteo de nariz son síntomas habituales tanto en las alergias como en los resfriados, lo que puede llevar a confundir ambas afecciones. Sin embargo, existen algunas diferencias que pueden ayudar a identificar su origen.
En el caso de la alergia respiratoria, los síntomas suelen aparecer tras el contacto con determinadas sustancias, como el polen o los ácaros del polvo, y pueden mantenerse durante semanas si la exposición continúa. Entre los más frecuentes se encuentran los estornudos repetidos, el picor de nariz, garganta u ojos, el lagrimeo y la secreción nasal acuosa.
Por el contrario, los resfriados suelen tener una duración más limitada, generalmente de varios días, y pueden acompañarse de dolor de garganta, malestar general y, en algunos casos, fiebre. Esta última no es un síntoma característico de las alergias, por lo que su presencia puede ser una pista para diferenciarlas.
En cualquier caso, estas diferencias son orientativas y no sustituyen una valoración médica, especialmente cuando los síntomas se prolongan, aparecen de forma recurrente o terminan afectando al descanso y a las actividades cotidianas.
Pequeños hábitos para reducir los síntomas de la alergia en casa
Aunque no siempre es posible evitar por completo la exposición a los alérgenos, incorporar determinadas medidas en el día a día puede ayudar a reducir su presencia en el hogar y minimizar las molestias, especialmente en personas con sensibilidad a los ácaros y al moho:
Mantener una buena ventilación. Renovar el aire de las habitaciones de forma regular ayuda a mejorar la calidad del ambiente interior y evitar la acumulación de humedad.
Prestar especial atención a la ropa de cama. Lavar las sábanas con frecuencia y mantener limpios colchones, almohadas y otros textiles contribuye a reducir la presencia de ácaros.
Evitar la acumulación de polvo. Limpiar las superficies con paños húmedos y utilizar aspiradoras con filtros adecuados ayuda a eliminar partículas que pueden provocar molestias respiratorias.
Revisar las zonas más propensas a la humedad. Baños, cocinas y espacios poco ventilados requieren especial atención para prevenir la aparición de moho y evitar que se extienda.
Desde Nara Seguros recuerdan que «identificar los síntomas es fundamental para evitar confundir una alergia con una infección respiratoria y recurrir a tratamientos inadecuados. Por ello, ante molestias persistentes, es importante consultar con un profesional sanitario y evitar la automedicación».