Un mal día para Europa
El 1 de octubre de 2017 pasará a la historia como una fecha negra para Cataluña, para España y para la Unión Europea. Todo lo que llegue a ocurrir el día 1 y los días siguientes se podría haber evitado de muchas formas. Como española, me preocupa lo que no han hecho los diferentes gobiernos nacionales y lo que sí han hecho los gobiernos autonómicos catalanes. Pero como europea, lamento profundamente el abandono y la dejadez de las instituciones de la Unión.
Tanto la Comisión como el Consejo han tenido mucho tiempo para decir con claridad que la Unión Europea no concedería validez alguna al referéndum convocado por el Gobierno desleal de Cataluña, y que por tanto no se pueden desprender consecuencias de él. Ni siquiera tendrían que entrar en la cuestión de la falta de garantías: el referéndum es contrario a la Constitución de España y, por tanto, al marco jurídico de la Unión.
Un Estado no es independiente porque diga que lo es; es independiente si así lo reconocen el resto de países. Para mí y para los que conocemos la realidad de Europa, es evidente que no habrá tal reconocimiento. Pero en una Cataluña en la que impera la posverdad, los secesionistas han podido fingir que, con un resultado positivo (que ya se encargarían ellos de que lo hubiera) y sus grandes dotes políticas (nunca falta el narcisismo), convencerán u obligarán a todo el orbe a reconocer la nueva República.
He reclamado sin descanso a las instituciones europeas que fueran meridianas, inequívocas y tajantes a este respecto. La declaración debería haber llegado en el momento en que el Parlamento de Cataluña aprobó la ley para el referéndum en el vergonzoso y antidemocrático pleno del 6 de septiembre. Desde entonces, el referéndum no era una hipótesis.
Si se hubiera pronunciado con claridad, la Unión Europea habría aportado seguridad jurídica. Tal vez los secesionistas hubieran seguido adelante, pero habría quedado claro que el referéndum, además de ser ilegal, tenía el peso jurídico de un picnic. Con su dejadez, la Unión ha sentado un triste precedente. Existen movimientos secesionistas en otras regiones de Europa. Los que las gestionan ahora saben que si se saltan la legalidad pueden conseguir, como poco, visibilidad.
El nacionalismo es el enemigo de la construcción europea. La integridad territorial de los Estados Miembros es un valor protegido por los tratados europeos. Las constituciones democráticas forman parte del orden jurídico de la Unión. Todo esto hace incomprensible que, durante tanto tiempo, la Comisión y el Consejo hayan tratado el intento de golpe en Cataluña como un asunto interno de España.
Y no dejo de preguntarme cómo habrían actuado si todo esto hubiera sucedido en Baviera.
Beatriz Becerra es vicepresidenta de la subcomisión de Derechos Humanos en el Parlamento Europeo y eurodiputada del Grupo de la Alianza de Liberales y Demócratas por Europa (ALDE).
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