Un acuerdo PP-Vox debe ser bien explicado
Mucho ojo con no tratar a los votantes como a adultos. Pienso que no cabe ninguna duda de que una mayoría tan inmensa que prácticamente se debería hablar de la totalidad de los votantes de PP y Vox, estamos de acuerdo en que ambos partidos deben llegar a un acuerdo que imposibilite que la coalición entre socialistas y comunistas les impida lograr esa mayoría de tres quintos que ponga fin al desaguisado que el socialista disfrazado de magistrado, Cándido Conde-Pumpido, ha montado en el Tribunal Constitucional (TC).
Los demócratas no queremos que, de ninguna manera, los socialistas con toga que ahora dominan siete a cinco todas las decisiones de dicho órgano sigan imponiendo sus criterios políticos para anular las sentencias basadas en criterios jurídicos del Tribunal Supremo. No deseamos que se siga indultando de forma torticera a aquellos delincuentes que le convenga al Partido Saunista. Y para ello es imprescindible que PP y Vox alcancen una mayoría de tres quintos en el Senado que les permita renovar, sin contar con el PSOE, los cuatro miembros del TC cuyos cargos están vencidos.
Aunque, en realidad, lo que desearíamos todos a corto plazo es una reforma de la Constitución para demoler el Tribunal Constitucional y que los políticos saquen sus sucias manos de la justicia de una vez por todas, de momento y como primer paso en ese sentido, nos conformaremos con deshacer esa mayoría de extrema izquierda vigente actualmente y que tanto daño ha hecho. Todos estamos de acuerdo en esto.
«Sería un error facilitar al sanchismo el control directo o indirecto del Senado», ha dicho Alberto Núñez Feijóo. Por su parte, Santiago Abascal ha afirmado que «la alianza de Sánchez con la extrema izquierda exige sacrificios a los partidos de la oposición» y Vox tiene «la voluntad de algún entendimiento que proteja el Senado de los acuerdos de Sánchez con esa extrema izquierda». Si todos estamos de acuerdo en el objetivo, tan sólo hay que encontrar la manera más adecuada de alcanzarlo y explicarlo.
Vencido el plazo para presentar una coalición electoral que, en mi opinión, habría restado más de lo que podría sumar en el caso de PP y Vox, por el rechazo evidente de muchos de sus votantes y porque no es lo mismo reaccionar obligados por la coalición de la extrema izquierda saunista que tomar la iniciativa, ahora, básicamente, se manejan dos alternativas. El Partido Popular está pidiendo a Vox que no se presente en aquellas provincias en las que existe el riesgo de perder el Senado, mientras que, por su parte, los de Abascal parecen preferir que en las listas del PP figure como independiente un tercer candidato de su partido.
Conviene recordar que los partidos envían por correo, en su propaganda electoral, papeletas del Senado en las que ya vienen marcadas las tres cruces junto a los nombres de sus candidatos, mientras que, en las papeletas que hay en los colegios electorales, esta cruz hay que marcarla a mano y que, cuando se hace esto, no siempre los tres votados son del mismo partido. Sin ir más lejos, en las elecciones generales de 2023 hubo cuatro provincias en las que los senadores elegidos en tercera posición no fueron del mismo partido que los elegidos en primer y segundo lugar. En Badajoz, Cáceres, Huelva y Valencia, los electores votaron mayoritariamente a dos senadores del PP y a dos del PSOE, y no se produjo ese reparto tres a uno que ocurre cuando se vota igual a los tres candidatos propuestos por el mismo partido.
No se puede dar por sentado que, donde no se presente Vox, automáticamente sus votantes van a votar al PP, del mismo modo que no se debe presuponer que, si el tercer candidato en una lista del PP es de Vox, todos ellos van a recibir el mismo número de votos. Tampoco se puede descartar que, si se les explica bien a los votantes, allí donde sea necesario, estos sepan repartir sus tres votos entre ambos partidos.
Lo que en ningún caso deben hacer Feijóo y Abascal es menospreciar la inteligencia de sus votantes y tratarlos como a niños, pretendiendo imponerles unos acuerdos que no estén bien explicados. Eso podría ser tan contraproducente o más que no llegar a ningún acuerdo. Los votantes de la extrema izquierda saunista son intercambiables e indistinguibles, pero los de centro y derecha no somos como ellos: tenemos cerebro y sabemos usarlo con libertad y sentido común.