innovación y tecnología Domótica sostenible

Sin pilas y sin electrónica: el hogar sostenible del futuro se llenará de sensores ultrasónicos baratos

Consiguen crear etiquetas metálicas del tamaño de una moneda que generan ultrasonidos únicos al ser golpeadas

Sin electrónica ni conexión: una solución que podría eliminar millones de pilas en hogares conectados

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Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Hay algo casi contradictorio en la idea: un trozo de metal sin electrónica, sin batería y sin conexión a internet que convierte una puerta o un cajón en sensores inteligentes. Parece ciencia ficción, pero los cálculos y las observaciones avalan que es exactamente lo que ha logrado el equipo de investigadores del Georgia Institute of Technology con SoundOff, un sistema de sensores para el hogar inteligente sin pilas que podría redefinir cómo se concibe la domótica sostenible del futuro.

Cada etiqueta es un disco metálico más pequeño que una moneda de diez céntimos, con perforaciones y recortes en el borde que determinan la frecuencia del ultrasonido que emite al ser golpeado. El resultado es una huella acústica única, irrepetible y, lo más importante, inaudible para el oído humano, que opera por encima de los 20 kilohercios.

Sin pilas y sin circuitos

Los sensores para el hogar inteligente sin pilas funcionan con un principio mecánico elemental. Al abrir una puerta o un cajón, una pequeña lengüeta impacta contra el disco metálico montado en el marco. Ese golpe dispara una emisión de ultrasonidos que un dispositivo wearable, llevado por el usuario, capta y registra en tiempo real como un evento de actividad. No hay chips, no hay firmware, no hay actualizaciones y no hay pilas que cambiar.

El coste de fabricación de cada etiqueta se sitúa en pocos céntimos, y su tamaño permite instalarlas sobre una base impresa en 3D en prácticamente cualquier superficie doméstica: cajones, puertas, ventanas, grifos, tapas de inodoro o máquinas de gimnasio.

 

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1.300 diseños únicos simulados

El equipo de Bolei Deng, del Daniel Guggenheim School of Aerospace Engineering del Georgia Tech, desarrolló una herramienta de modelado y simulación capaz de predecir la frecuencia acústica exacta que generará cada diseño antes de fabricarlo. Eso elimina el costoso proceso de prueba y error y permite generar en bloque grandes familias de etiquetas diferenciadas.

Las simulaciones identificaron cerca de 1.300 diseños iniciales con frecuencias únicas dentro del rango ultrasónico. En las pruebas del sistema se emplearon 15 de ellos, pero Deng apunta que el escalado es prácticamente ilimitado: «Con un diseño más cuidadoso, el número total de etiquetas disponibles puede ser muy, muy grande —fácilmente miles—, porque el rango de frecuencias de ultrasonido es muy amplio», señala el investigador.

Privacidad por diseño

Una de las ventajas que distinguen a estos sensores para el hogar inteligente sin pilas frente a las soluciones convencionales es que su carácter no invasivo no es una capa de software añadida, sino una propiedad física intrínseca. Al operar en frecuencias ultrasonoras, el sistema no recoge voces, no captura imágenes y no almacena datos identificables de los usuarios. No existe grabación que pueda ser vulnerada porque, sencillamente, no existe grabación.

Eso contrasta con la mayoría de los sensores domésticos comerciales actuales, que dependen de micrófonos, cámaras o módulos de radio que, incluso con filtros digitales de privacidad, siguen procesando señales potencialmente sensibles.

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Aplicaciones que van más allá del hogar

El investigador principal, Yibo Fu, publicó un vídeo en Instagram que acumula 1,6 millones de visualizaciones y más de 150.000 likes. En los comentarios, usuarios de distintos sectores propusieron usos que el propio equipo no había contemplado: sistemas de archivo en bibliotecas industriales, donde cada caja retirada o almacenada activaría una etiqueta y quedaría registrada; o la gestión de miles de contenedores de residuos urbanos identificados individualmente por frecuencia.

En el ámbito del cuidado a personas mayores, los sensores para el hogar inteligente sin pilas instalados en inodoros o grifos pueden alertar a cuidadores ante rutinas anómalas, sin necesidad de ninguna cámara ni micrófono. En gimnasios, adheridas a pesas o máquinas, cuentan series y repeticiones sin aplicación adicional ni emparejamiento Bluetooth.

El impacto ambiental de eliminar las pilas

La ventaja ambiental de esta tecnología es también su argumento más positivo. Los dispositivos IoT convencionales generan una demanda masiva de pilas desechables y recargables: su producción consume litio, cobalto y otros minerales críticos, y su gestión al final de vida supone un problema creciente de residuos electrónicos. Una arquitectura de sensores para el hogar inteligente sin baterías, replicable a bajo coste y fabricable con metal y plástico PLA, elimina esa cadena de impacto desde el diseño.

El equipo del Georgia Tech ha publicado el sistema de modelado, la guía de fabricación y el algoritmo de reconocimiento para que cualquier investigador o fabricante pueda replicarlo y adaptarlo.

No hay inteligencia artificial en el proceso de clasificación: las etiquetas están diseñadas para producir señales lo suficientemente distintivas como para ser identificadas mediante reglas fijas, sin redes neuronales. Este tipo de domótica pasiva, modular y libre de mantenimiento representa una dirección radicalmente distinta para el hogar conectado del futuro.