altas temperaturas Un país "recalentado"

Restaurar los suelos: el aire acondicionado natural que enfriaría España para superar las olas de calor

El informe de Save Soil sostiene que el agua regula el 95% del calor de la Tierra y el suelo impulsa el enfriamiento

Cada 1% adicional de materia orgánica permite a una hectárea retener 250.000 litros adicionales de agua

La "esponja de carbono del suelo": mientras haya humedad disponible, el paisaje se refrigera solo

Maltratamos el mayor termostato del planeta: restaurar el suelo enfriaría la Tierra el triple que el CO₂

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Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

España acaba de vivir la primera gran ola de calor del verano, con valores que rozaron los 44°C en los valles del Tajo y del Guadalquivir y un récord regional de 43,7°C en Cantabria. Un nuevo informe de Save Soil señala un factor que casi nunca aparece en el debate: España es el país de la Unión Europea más expuesto a la degradación del suelo.

El estudio sostiene que el sistema de refrigeración más potente del planeta se está destruyendo bajo nuestros pies. No es sólo la atmósfera la que regula el termostato terrestre, sino la tierra viva. Y en España esa tierra está cada vez más seca y empobrecida.

El termostato olvidado

Durante miles de millones de años, el agua ha regulado en torno al 95% de la dinámica térmica de la Tierra. Lo hace a través de la evapotranspiración: cuando el agua pasa de líquido a vapor, absorbe enormes cantidades de calor y lo exporta a la atmósfera sin elevar la temperatura del suelo.

El motor de ese proceso es lo que el informe llama la «esponja de carbono del suelo», una infraestructura viva de materia orgánica, minerales y poros que almacena agua y sostiene la vegetación. Mientras haya humedad disponible, el paisaje se refrigera solo.

Cuando el suelo se degrada, ese mecanismo se apaga. La energía solar deja de evaporar agua y se convierte directamente en calor sobre la superficie. El informe recuerda, citando al IPCC, que la pérdida de suelo y vegetación puede elevar la temperatura local hasta 4 °C, al margen de los gases de efecto invernadero.

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España, la advertencia de Europa

El dato nacional es contundente: el 74% del territorio español es susceptible de sufrir desertificación, y más de 9 millones de hectáreas presentan un riesgo alto o muy alto. La región mediterránea es la más vulnerable de toda la UE.

España aprobó en 2022 su Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación, con el objetivo de alcanzar la neutralidad en la degradación de las tierras en 2030 y un primer plan de implementación para 2025-2027. El calor de estos días muestra cuánto camino queda.

Los suelos secos y desnudos actúan como un horno y refuerzan las cúpulas de altas presiones que bloquean las lluvias y atrapan el calor. Es el patrón que la AEMET ha medido este junio, el más cálido en España desde al menos 1950, con una anomalía de 7,1°C.

Un daño reversible

La parte esperanzadora es que el proceso se puede revertir, y rápido. Cada aumento del 1% en la materia orgánica del suelo permite que una hectárea retenga 250.000 litros adicionales de agua, el equivalente a construir millones de micropresas bajo nuestros pies.

Esa agua almacenada sostiene la vegetación que mantiene la evapotranspiración, que devuelve a la atmósfera unos 80 vatios por metro cuadrado de energía solar. El informe calcula que restaurar suelos y cubierta vegetal podría recuperar cerca de 3 vatios por metro cuadrado de enfriamiento natural.

Esa cifra es tres veces mayor que el calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero de origen humano, y bastaría para compensar el desequilibrio de 0,9 vatios por metro cuadrado que hoy impulsa el calentamiento global.

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El suelo, en punto muerto

«Llevamos treinta años centrados en el calentamiento que hemos provocado y casi hemos ignorado el sistema de enfriamiento que hemos desmantelado», afirma Rico Rau, analista de políticas de Save Soil y coautor del informe. La tierra degradada, recalca, está contribuyendo a sostener esta ola de calor.

Las conclusiones llegan en un momento político delicado. En las negociaciones climáticas de la ONU celebradas este mes en Bonn no hubo avances en suelos y agricultura, y la única línea de trabajo formal que los aborda expira en la COP31 de Antalya, prevista para el próximo noviembre.

«España es la advertencia más clara de Europa, y aun así el suelo y la agricultura no avanzaron en Bonn», señala Praveena Sridhar, directora científica y de políticas de Save Soil. «La restauración del suelo debe considerarse una medida de adaptación de primera línea, no una nota al pie», concluye.

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Soluciones bajo nuestros pies

El informe propone medidas concretas y escalables: reducir el laboreo, restaurar la materia orgánica, ampliar la agroforestería, recuperar humedales y mantener el suelo cubierto con cultivos de cobertura y acolchados para frenar la reradiación del calor.

A esto se suma el proteger la vegetación que transpira de forma continua, ya que los pastos y bosques sanos funcionan como sistemas de refrigeración cuando están biológicamente activos. Save Soil pide que España y la UE garanticen un espacio permanente para el suelo y la agricultura en la agenda climática.

La idea de fondo es sencilla: los suelos del mundo pueden almacenar más agua que todos los ríos juntos. Reactivar esa esponja no sólo enfriaría el clima, sino que reforzaría la seguridad alimentaria e hídrica de un país que cada verano se asoma a los 44 °C.