La lamprea marina vuelve al Guadalquivir: el CSIC captura un ejemplar de casi un metro en un afluente
El equipo de la Estación Biológica de Doñana-CSIC captura un ejemplar adulto de casi un metro de longitud
La lamprea marina figura como especie en Peligro Crítico de Extinción y apenas había sido detectada en el siglo XXI

Un equipo de investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) ha capturado una lamprea marina (Petromyzon marinus) adulta de casi un metro de longitud en la Rivera de Huelva, uno de los principales afluentes del Bajo Guadalquivir. El hallazgo sacude el mapa de la conservación fluvial en Andalucía y reabre el debate sobre el estado de los peces migradores en España.
El descubrimiento cobra especial relevancia porque la lamprea marina lleva décadas al borde de la desaparición en esta cuenca. Considerada en Peligro Crítico de Extinción en España, la especie apenas había dejado rastro en el Guadalquivir durante el siglo XXI y, de hecho, «prácticamente se consideraba extinta en el gran río andaluz», según el investigador del CSIC Miguel Clavero.
Extinta en el sur
Las poblaciones norteñas de lamprea marina —principalmente en Galicia y Asturias— llevan años en retroceso alarmante. Pero en el sur peninsular y en la vertiente mediterránea, el declive comenzó mucho antes. El último registro conocido en el Bajo Guadalquivir databa de 2014.
La historia del río ilustra con crudeza lo que ocurre cuando se bloquea el paso entre el mar y los ríos. La presa de Alcalá del Río, en funcionamiento desde 1931 y situada a pocos kilómetros aguas arriba de Sevilla, cortó la conexión del Guadalquivir con el mar. Las víctimas más directas fueron los peces anádromos, aquellos que nacen en los ríos, crecen en el mar y regresan a reproducirse.
Esturión y sábalo, extintos
El esturión (Acipenser sturio), al que se conocía como sollo, se extinguió localmente por la combinación de la presa y la sobrepesca. Los sábalos (Alosa alosa), que en otro tiempo se pescaban en plena Sevilla, corrieron la misma suerte. La lamprea marina parecía destinada a seguir ese camino.
Sin embargo, vecinos de Guillena relataron a los investigadores que hacia 1980 se cogían muchas lampreas en la Rivera de Huelva. El investigador Sergio Bedmar apunta que la escasez de registros históricos se debe en parte a la ausencia de tradición culinaria con esta especie en el sur de España. «Decían que las lampreas se solían coger por el simple gusto de la captura porque no pensaban comerse ese pez tan raro», explicó.
Ciclo de cinco años
La biología de la lamprea marina es tan llamativa como su reaparición. Los adultos remontan los ríos para desovar, construyen nidos en zonas arenosas moviendo piedras con su boca en forma de ventosa y ponen huevos de los que nacen larvas ciegas. Esas larvas se entierran en los sedimentos y filtran el agua para alimentarse durante más de cinco años, con un comportamiento similar al de las almejas.
Al final de esa fase filtradora, sufren una metamorfosis notable: desarrollan por primera vez ojos funcionales, una boca succionadora con dientes córneos y una lengua raspadora. Se convierten entonces en juveniles parásitos que se adhieren a otros peces, viajan al mar y permanecen allí entre dos y tres años. Después dejan de comer y regresan a los ríos para reproducirse y morir.
Rivera de Huelva, un ecosistema idóneo
La Rivera de Huelva reúne condiciones únicas en toda la cuenca: es el principal ecosistema fluvial del Guadalquivir que mantiene conexión directa con el estuario y, a través de él, con el mar.
En ese tramo conviven anguilas de gran tamaño, albures, barbos, camarones de río y hasta tres especies de náyades —las grandes almejas de agua dulce—. «Es seguramente el tramo más importante para la conservación de los peces y otra fauna acuática de toda la cuenca del Guadalquivir», afirmó Clavero.
La captura de la lamprea marina sugiere que ese tramo podría albergar condiciones aptas para la reproducción de la especie, algo que nunca se ha estudiado en el Guadalquivir. «Puede haber sido un lugar tradicional de reproducción pero nunca se ha documentado», señaló Bedmar.

Amenazas invasoras
El mismo tramo que alberga esta joya de la biodiversidad acumula presiones severas. El equipo del CSIC realiza en él un seguimiento de dos cangrejos invasores: el cangrejo rojo americano y la jaiba azul, que llega desde el mar. Además, se han detectado hasta ocho especies invasoras de peces con capacidad de impactar a toda la fauna acuática local.
«Especialmente preocupante parece la presencia del siluro», subrayó Bedmar, «ya que de establecerse una población bien asentada podría depredar sobre los elementos más valiosos de esta zona como la anguila o la lamprea marina». El río más caudaloso de la Península Ibérica libra, en silencio, una batalla decisiva para la fauna acuática del sur de Europa.
Eliminar las presas
Los investigadores proponen una medida concreta y estructural: eliminar las presas de Alcalá del Río y Cantillana. Son estructuras antiguas, de pequeñas dimensiones y con una producción eléctrica mínima, pero con un impacto ecológico desproporcionado. «Si se eliminasen, el tramo que estudiamos en la Rivera de Huelva no sería tan excepcional y daríamos una oportunidad a varias especies de peces que están a punto de desaparecer», concluyó Clavero.
El hallazgo de la lamprea marina en el Guadalquivir demuestra que la naturaleza aguarda, incluso cuando todo apunta a que ya no queda nada que esperar.