Cambio climático Bosques tropicales

Freno a la deforestación de los bosques tropicales… pero el Súper Niño puede asestarles un duro golpe

La pérdida de selvas tropicales se ralentizó un 36% en 2025

El Niño provoca condiciones más cálidas y secas que incrementan el riesgo de incendios

El Niño se hace más grande y letal: 1.000 años de coral confirman que ya hay que llamarlo el Súper Niño

La temperatura en el océano se ha disparado con el fenómeno de El Niño, ahora llamado el Super Niño. Imagen satélite de agosto de 2026. (Foto: Unión Europea, Datos del Servicio Marino de Copernicus).

La pérdida de bosques tropicales primarios se ralentizó un 36% en 2025 respecto al año anterior, según un análisis del Instituto de Recursos Mundiales (WRI por sus siglas en inglés) y la Universidad de Maryland (Estados Unidos). Estos buenos resultados han sido posibles gracias a las medidas emprendidas por países como Brasil, Colombia, Indonesia y Malasia.

El punto negativo es que la deforestación sigue en niveles preocupantes: en 2025 se perdieron a nivel mundial 4,3 millones de hectáreas, una superficie similar a la de Dinamarca. La desaceleración llega además tras un 2024 de «pérdidas récord» de selva tropical (6,7 millones de hectáreas) impulsadas por incendios forestales extremos.

Precisamente, el fuego es el gran obstáculo para que se consolide esta incipiente recuperación: la combinación del calentamiento global y un probable Súper Niño puede favorecer la aparición de condiciones más cálidas y secas en algunas de las principales regiones tropicales del planeta, aumentando tanto la probabilidad como la gravedad de los incendios.

Una tregua

«Una disminución de esta magnitud en un solo año es alentadora: demuestra lo que puede lograr una acción gubernamental decisiva», asegura Elizabeth Goldman, codirectora de Global Forest Watch del WRI.

«Pero parte de la disminución refleja una tregua tras un año de incendios extremos. Los incendios y el cambio climático se retroalimentan, y con El Niño en el horizonte para 2026, las inversiones en prevención y respuesta serán cruciales a medida que las condiciones extremas de incendios se conviertan en la norma», avisa Goldman.

Brasil

Gran parte de la reducción global fue impulsada por Brasil, donde se encuentra la selva tropical más grande del mundo. En 2025, el país sudamericano redujo la pérdida de bosques primarios no causados ​​por incendios en un 41% en comparación con 2024.

Este descenso coincide con unas políticas ambientales más estrictas y una mayor aplicación de la ley, incluyendo el relanzamiento de un plan federal contra la deforestación y el aumento de las penas por delitos ambientales. «El progreso de Brasil demuestra lo que es posible cuando la protección forestal se considera una prioridad nacional», afirma Mirela Sandrini, directora ejecutiva de WRI Brasil.

«Pero el paisaje brasileño se está volviendo más inflamable, y el creciente riesgo de incendios significa que la aplicación de la ley por sí sola no será suficiente. Proteger estos logros requerirá ampliar la prevención liderada por la comunidad y construir una economía que recompense los bosques en pie», alerta Sandrini.

Selva amazónica brasileña.
Selva amazónica brasileña.

Mejor gobernanza

Indonesia y Malasia también mostraron progresos, manteniendo tasas relativamente bajas de pérdida de bosques primarios, mientras que Colombia revirtió el repunte observado en 2024. Los avances en estos países reflejan una mejor gobernanza, el reconocimiento de los derechos territoriales indígenas y el compromiso de las empresas con una producción libre de deforestación.

«En los últimos años, Indonesia ha logrado mantener la pérdida de bosques bajo control, en gran medida, gracias a políticas que limitan la tala de nuevos bosques y otorgan a las comunidades mayores derechos para gestionarlos», afirma Arief Wijaya, director general de WRI Indonesia.

«La historia de Colombia es la de un progreso frágil: la deforestación se ralentizó no porque disminuyera la presión, sino porque la gobernanza se mantuvo firme», apunta por su parte Joaquín Carrizosa, asesor principal del WRI Colombia.

Incendios

Los incendios representaron en 2025 el 42% de los 25,5 millones de hectáreas de pérdida de cubierta forestal en todo el mundo, una superficie ligeramente mayor que la del Reino Unido.

El WRI señala como culpable al cambio climático, que está aumentando el riesgo de incendios al generar condiciones más cálidas y secas que facilitan su propagación. A su vez, estos incendios liberan enormes cantidades de carbono almacenado, acelerando el cambio climático y reforzando un peligroso círculo vicioso.

Selva tropical de Sabah (Borneo, Malasia).
Selva tropical de Sabah (Borneo, Malasia).

Super Niño

A todo ello hay que sumar la entrada en escena de un Super Niño del que cada vez hay menos dudas.

Como explican James MacCarthy y Peter Potapov, investigadores del WRI, «El Niño amplifica los efectos del cambio climático al alterar los patrones de lluvia y elevar las temperaturas globales, lo que provoca condiciones más cálidas y secas, así como un mayor riesgo de incendios en algunas regiones, mientras que otras se ven expuestas a precipitaciones superiores a la media e inundaciones».

Los expertos también advierten de que es probable que veamos una mayor actividad de incendios en 2026 antes de que se desarrolle por completo un posible Super Niño, debido a que este año va situarse entre los más cálidos de la historia.

Un año después

Desde el WRI destacan igualmente que, aunque la actividad de los incendios forestales en Sudamérica podría aumentar en 2026 por la influencia de El Niño, los efectos más graves se dejarían sentir un año después.

«La actividad de incendios forestales potencialmente sin precedentes en la Amazonía es más probable en la segunda mitad de 2027, cuando la disminución de las lluvias durante la temporada húmeda deja la siguiente temporada seca aún más árida y propensa a los incendios», añaden.

Veranos más calidos y secos

También podría aumentar el riesgo de incendios en el sudeste asiático, Australia y Canadá a finales de este año y en 2027. «El Niño suele provocar veranos más cálidos y secos, y una menor acumulación de nieve en invierno en Canadá, como se observó durante la temporada de incendios récord de 2023».

En el caso del sudeste asiático y Australia, «los impactos dependerán en parte de cómo otros fenómenos climáticos, como el Dipolo del Océano Índico, interactúen con El Niño», concluyen los expertos.