Cambio climático Jóvenes al volante

¿Por dinero o por concienciación ambiental? Millennials y Generación Z ya no quieren ni coche ni carné

Los menores de 25 años tienen cada vez menos peso entre los conductores

Las dificultades económicas de la juventud influyen en esta caída

El coche ha dejado de ser un símbolo de estatus entre los jóvenes

Los jóvenes parecen menos interesados en aprender a conducir.
Los jóvenes parecen menos interesados en aprender a conducir.

Sacarse el carnet de conducir nada más alcanzar la mayoría de edad ha dejado de ser una prioridad para los jóvenes españoles. De hecho, desde comienzos de siglo, los nuevos conductores menores de 25 años han pasado de suponer el 73% del total al 57% en nuestro país, según datos de la DGT.

Tráfico señala que en el año 2000 se expidieron un total de 602.015 permisos de tipo B, de los cuales 442.141 (73,44%) fueron para menores de 25.  En cambio, en 2024, último año con datos consolidados, se emitieron un total de 356.870 licencias, de las que 203.615 (57,06%), corresponden al mismo grupo de edad.

La conclusión es evidente: los jóvenes conducen menos que antes. La pregunta es por qué. ¿La razón es el coste económico o también influyen otras motivaciones, como la preocupación por el impacto ambiental de la industria automotriz o una posible pérdida de atractivo del sector para las nuevas generaciones? Vamos a intentar responder a todas estas cuestiones.

Factor económico

Lo cierto es que el factor económico es de vital importancia para los jóvenes. Así lo pone de manifiesto el informe Juventud en movimiento del Foro Internacional del Transporte (ITF, por sus siglas en inglés), organización intergubernamental integrada en la OCDE y focalizada en el análisis y la discusión sobre las políticas de transporte.

Según este trabajo, «el descenso de la propiedad de automóviles y de la obtención del permiso de conducir entre los jóvenes en países de renta alta puede atribuirse al aumento de la educación superior; la incorporación más tardía al mercado laboral; el incremento del empleo a tiempo parcial y precario; el aumento de los costes de la vivienda; el elevado coste de la movilidad motorizada —incluidos los gastos del permiso, combustible, mantenimiento y seguros—; y, en última instancia, la reducción de la renta disponible».

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Nuevas tendencias

Otro factor fundamental son las nuevas tendencias de movilidad relacionadas con la digitalización de los servicios.

«Las opciones de micromovilidad compartida, como los patinetes eléctricos, las bicicletas eléctricas y las bicicletas convencionales, permiten que los sistemas de transporte conecten mejor a las personas con el transporte público, reduzcan la dependencia del automóvil privado y optimicen el uso del escaso espacio disponible para la movilidad en las ciudades», asegura la ITF.

Servicios de transporte

La organización adscrita a la OCDE considera que también está siendo clave el auge de los nuevos servicios de transporte bajo demanda (VTC) y de coche compartido (carsharing y carpooling).

En este sentido, cita una encuesta sobre nuevos patrones de movilidad en ciudades europeas que indica que el 23% de la población utiliza servicios de transporte bajo demanda y el 12% emplea servicios de coche compartido.

«Además, con el aumento de la infraestructura favorable al vehículo eléctrico, los servicios de coche compartido podrían experimentar un impulso adicional. Esto ya se ha observado en Alemania, donde en el primer trimestre de 2023 el número de personas registradas en empresas de coche compartido aumentó un 30 % respecto al año anterior», se explica en Juventud en movimiento.

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Propiedad y estatus

Durante buena parte del siglo XX, tener un vehículo en propiedad no respondía sólo a una necesidad: también era un poderoso indicador de estatus social. Cuestión que ha cambiado en las últimas décadas, según CSM International, compañía especializada en la investigación de mercado dentro del sector automotriz.

«La marca, el modelo y el año del automóvil transmitían información precisa sobre la posición socioeconómica, el gusto personal y la identidad aspiracional. La compra del primer automóvil marcaba hitos importantes en la vida —graduación, ascenso profesional, formación de una familia—, lo que reforzaba la posición central que ocupaban los vehículos en las narrativas de vida de los consumidores», recuerda la consultora.

Millennials y generación Z

«Este paradigma se está debilitando sustancialmente entre los consumidores millennials y de la generación Z, quienes cada vez ven con mayor escepticismo o indiferencia los modelos de propiedad tradicionales», añade la misma fuente.

Se trata, además, de una tendencia muy generalizada: «Los jóvenes profesionales urbanos de Bangkok presentan patrones de actitud hacia la propiedad de vehículos muy similares a los de sus homólogos en Berlín o Boston: priorizan el acceso sobre la posesión, la experiencia sobre la propiedad y la flexibilidad sobre el compromiso», sostiene CSM International.

Medioambiente

La preocupación por el estado del medioambiente también está detrás de este patrón. Según el ya citado estudio de ITF: «No cabe duda de que la juventud está preocupada por el cambio climático y se sitúa en primera línea del debate global sobre el cambio climático y la acción climática».

«Las generaciones más jóvenes (generación Z y millennials) en Estados Unidos han mostrado una mayor disposición a abandonar progresivamente el uso de combustibles fósiles y vehículos de gasolina», insiste el organismo internacional.

La ITF también sugiere que «los jóvenes adultos han tomado cada vez mayor conciencia de las externalidades asociadas al automóvil y pueden haber desarrollado comportamientos más respetuosos con el medioambiente que, combinados con la disminución del estatus social del coche, podrían explicar la insatisfacción de la juventud con la conducción».

Reducción general

Los resultados de este informe indican una reducción general del número de desplazamientos realizados por los jóvenes. Sin embargo, la juventud sigue dependiendo en gran medida del automóvil, especialmente en zonas rurales con alternativas limitadas.

Este es el motivo por el que el transporte público, especialmente los autobuses, es valorado positivamente por la juventud. «Un punto clave es que la reducción del uso del coche no ha dado lugar a un aumento significativo de los desplazamientos a pie, en bicicleta o en transporte público. Más bien se observa una disminución general del número de desplazamientos realizados por los jóvenes».

A la luz de estos datos, la ITF considera que el objetivo de las políticas de transporte no debería centrarse en promover el uso del coche, sino en aprovechar la tendencia a la reducción de la dependencia del automóvil para promover el uso de alternativas sostenibles.