Agricultura Olas de calor en Europa

Cuando el calor aprieta sube el pan: las altas temperaturas en Europa hunden las cosechas de cereales

El continente encadena su verano más cálido y seco, con cosechas a la baja y ríos en mínimos históricos

Oxford Economics prevé un trigo un 36% más caro y una subida del 11,8% en los alimentos para lo queda de 2026

La guerra en el mar Negro y los aranceles agravan una crisis que amenaza con encarecer el pan y la pasta

Europa al límite: sequías históricas como las del Rin y el Danubio amagan con apagar centrales nucleares

Campo agrícola en Alemania. (Foto: EFE).
Agricultores alemanes piden medidas al Gobierno para paliar la "decepcionante" cosecha. (Foto: EFE).
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

La ola de calor que azota Europa afecta a la barra de pan, a la pasta o a los cereales que nos dan energía por la mañana en el desayuno. El trigo es un sustento básico de la dieta moderna y este verano este producto esencial de la cesta de la compra se tambalea.

El motivo no está sólo en la guerra que se desarrolla en Ucrania: está, sobre todo, en el cielo, en unos campos abrasados por las olas de calor que amenazan con encarecer lo que comemos cada día.

Europa está viviendo su verano más caluroso desde que existen registros, con una sequía que ha menguado ríos y campos por igual. El calor extremo ha hundido las cosechas de cereal del continente y los analistas ya anticipan un trigo notablemente más caro, en un momento en que la comida ya venía encareciéndose.

Precio de los cereales al alza

Como referencia, y antes de las olas de calor, el Índice de Precios de Cereales remitido por la FAO promedió 113,8 puntos en julio de 2026, unos 3,8 puntos más (+3,4%) que en junio y 7,3 puntos (+6,9%) por encima de su nivel de julio de 2025. Los precios mundiales del trigo aumentaron un 5,8 por ciento, situándose un 9,9% por encima de su nivel del año anterior.

Todo ello en medio de una creciente preocupación por las continuas interrupciones en los flujos de exportación del Mar Negro y los daños a la infraestructura de exportación, agravados además por el impacto de las recientes olas de calor en los rendimientos de los cultivos en varios países productores clave.

Más a largo plaxo, Oxford Economics prevé que los precios mundiales de los alimentos suban un 11,8% en 2026, con el trigo a la cabeza: un 36% más caro interanual, hasta los 6,92 dólares por bushel en el tercer trimestre del año. Elementos básicos de la dieta occidental como el pan, la pasta y los cereales de desayuno están en el punto de mira.

Cosecha de cereales
Cosecha de cereales.

Batiendo todos los récords

El Servicio de Cambio Climático de Copernicus confirma que junio y julio dejaron una temperatura media de 21,62 °C en Europa occidental, unos 2,79 °C por encima de lo habitual, por encima del anterior récord, que se remontaba a 2022. El intenso calor arrancó ya en mayo y, desde entonces, no ha dado tregua.

Julio fue, además, el mes más cálido jamás registrado en la superficie de los océanos no polares, con un Mediterráneo occidental y un Atlántico en valores inéditos. El viejo continente es el que más rápido se calienta en el planeta, encadenando cinco olas de calor y superando los 40 °C en amplias zonas.

«Los persistentes sistemas de alta presión atraparon el calor sobre Europa occidental y amplificaron la sequía generalizada», resume Samantha Burgess, del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio. Cuando el suelo se seca, pierde su capacidad de enfriar y el calor se acumula con más facilidad.

Del bosque calcinado al campo seco

Ese calor récord ha alimentado incendios nunca vistos en el continente que han quemado más de 497.000 hectáreas, sobre todo en España, Francia e Italia, según el balance de la Unión Europea del pasado 6 de agosto. Cientos de miles de personas han tenido que abandonar sus casas.

El coste humano es enorme: más de 25.000 personas han muerto por el calor en Europa este año, según datos recopilados por Bloomberg, con un «súper» El Niño desarrollándose en el Pacífico que multiplica la probabilidad de fenómenos extremos en medio mundo.

Es el mismo calor que arrasó los bosques, resecó los campos y vació los ríos. Y el poco cereal que llega a cosecharse resulta ahora mucho más caro de mover, en un efecto dominó que empieza en la atmósfera y termina en el supermercado.

Recogida de trigo en Ucrania
Recogida de trigo en Ucrania. (Foto: Europa Press).

Ríos en mínimos con el grano varado

La sequía ha dejado el Rin y el Danubio en mínimos históricos. A mediados de agosto, el aforo del Rin en Kaub marcó apenas 12 centímetros, muy por debajo del récord de 2018, en niveles no vistos desde que empezaron los registros oficiales en 1880.

Con tan poca agua, las barcazas navegan cargadas al 20% de su capacidad y los fletes fluviales se han disparado hasta rozar los 150 euros por tonelada. El Danubio, que mueve cerca del 8% del transporte de mercancías de la UE, arrastra el mismo problema. Un río que también es el medio de transporte para los cereales europeos.

Los datos son preocupantes si miramos lo que pasó a finales de julio: el 78% de las estaciones de aforo del Danubio registraba niveles extremadamente bajos, y el grano que sale de Ucrania y Rumanía hacia el mar Negro se resiente. La producción industrial alemana ya ha caído un 1% por el atasco logístico.

Cosechas a la baja en medio continente

Coceral, la patronal europea del comercio agrícola, recortó en julio su previsión de cosecha de cereal para la UE y el Reino Unido hasta 286,6 millones de toneladas, frente a los 310 millones que se manejaban para el conjunto del continente y las islas británicas.

Francia, primer productor comunitario de trigo, anticipa menores rendimientos por el calor, y Alemania da por perdida en torno a un 7% de su cosecha. En este sentido, la sequía ya ha costado a los agricultores alemanes más de 600 millones de euros y casi tres cuartas partes de Inglaterra declaradas en situación de «sequía repentina». Australia, otro gran exportador, sembró menos superficie por el elevado coste de los fertilizantes derivado del cierre del estrecho de Ormuz.

Al otro lado del Atlántico, Estados Unidos afronta su peor cosecha de trigo desde 1970, lastrada por una sequía severa en las Grandes Llanuras. El trigo blando estadounidense se ha encarecido casi un 25% en los primeros siete meses del año, y el trigo duro, todavía más.

El enorme peso político del pan

Pocas cosas pesan tanto en política como el precio del pan. La FAO situó el trigo en julio en su nivel más alto en tres años y advierte de nuevas subidas en los próximos meses, en un mercado que vigila cada movimiento en el mar Negro.

El golpe llegará por fases no sólo para el mercado de cereales: primero afectará a la fruta y a la verdura antes de que acabe el año; el pan, la pasta y otros procesados, previsiblemente entre febrero y mayo de 2027. El encarecimiento del diésel, un 36% más caro en julio, y de los fertilizantes, un 22% este año, agrava la factura del campo.

Los países importadores netos quedan atrapados: sus gobiernos deben comprar caro y luego subvencionar para que la barra siga siendo asequible. Egipto lo intenta pagando más a sus agricultores, pero, paradójicamente, no tiene agua suficiente para producir lo que necesita.

cosechadora
Cosechadora recogiendo el cereal en Ucrania. (Foto: Europa Press).

Una tormenta que se retroalimenta

El riesgo, avisan los economistas, es que las distintas fuentes de incertidumbre empiecen a amplificarse entre sí. Una combinación de efectos de El Niño, restricciones a la exportación en el mar Negro y nuevas interrupciones en rutas marítimas clave tendría consecuencias mucho más allá del trigo.

El grano ronda ya su nivel más alto en dos años, cerca de los siete dólares por bushel que tocó a finales de julio. Los cereales pesan una cuarta parte del índice mundial de precios de los alimentos, aunque la subida prevista para 2026 sigue por debajo del 14,2% que se disparó en 2022.

El alcance es global. Ese mismo El Niño amenaza cosechas mucho más allá de Europa, en países como Etiopía o Guatemala, donde millones de pequeños agricultores viven de lo que cultivan. El Programa Mundial de Alimentos teme que crezca el número de personas sin comida asegurada.

La guerra, en un segundo plano

De fondo, sin desaparecer, sigue la guerra. Rusia y Ucrania suman casi un tercio del trigo que se consume en el mundo, y sus envíos han vuelto a paralizarse justo cuando arrancaba la temporada de cosecha, como ya ocurriera en los primeros compases del conflicto.

Ambos países han intensificado sus ataques contra terminales y buques cerealeros en el mar Negro; las de Novorossiysk suspendieron operaciones tras un ataque con drones. Los golpes a puertos y barcos podrían afectar a 86 millones de toneladas de capacidad anual.

A ello se suman los ataques hutíes en el mar Rojo, que desvían los cargueros por la ruta más larga de Sudáfrica, y los aranceles de Trump, que han empujado a economías como Bangladesh a comprar trigo estadounidense a precios anormalmente altos pese a la mala cosecha.

Una llamada de atención

Entre tantos datos negativos, hay uno positivo: 2025 dejó una cosecha récord y los silos de agricultores, comerciantes y gobiernos aún guardan reservas. Pero el aviso, coinciden los expertos, es claro: el mundo depende de un puñado de países productores y de que todo salga bien a la vez.

«El sistema actual depende de tres cosas: un comercio fluido, energía barata y un clima estable», resume Evan Fraser, de la Universidad de Guelph, en el análisis publicado por The New York Times. «Hoy, parece que ninguna de esas condiciones se cumple», sentencia Fraser.