Bombardeo de castores: sueltas ilegales que paradójicamente son beneficiosas para el clima y los ríos
Los castores volvieron a España en el año 2003
La especie está protegida por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico
Los castores construyen presas empleando ramas, arbustos, troncos y otros materiales de los ríos
Tras siglos sin presencia documentada de castores en España, los expertos confirman que este roedor semiacuático ha vuelto a nuestro país. Su regreso comenzó de forma inesperada en el año 2003, cuando varios ejemplares fueron liberados sin autorización en la cuenca del Ebro, entre Navarra y La Rioja, y también en el río Miño, en Galicia.
La población gallega no sobrevivió, pero sí la del Ebro, y a partir de este origen comenzó a extenderse la especie, ayudada por más prácticas de beaver bombing, expresión inglesa que significa, literalmente, bombardeo de castores. Hablamos de sueltas ilegales y realizadas sin ningún tipo de control por personas que defienden los beneficios que aportan estos animales.
Según la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM), la reintroducción de 2003 fue llevada a cabo por «activistas centroeuropeos sin tener en consideración la normativa estatal, la europea o las líneas de acción marcadas por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza)».
Intentos de erradicación
Debido a esta liberación irregular, y a pesar de que los castores se encuentran protegidos por la normativa europea, la especie fue objeto de una «regulación especial para intentar erradicar la población ilegalmente generada, lo que supuso la captura y eutanasia de muchos animales, aunque sin conseguir el objetivo final», detalla la SECEM.
Tras el fracaso de esta línea de actuación, en el año 2020 se produjo un cambio radical de postura. En ese año, la especie pasó a estar protegida por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO). También fue incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE) en España, lo que prohíbe su caza y captura, salvo excepciones autorizadas.
Actualmente, existen pruebas que confirman la presencia de castores en ríos como el Ebro (entre Navarra y La Rioja), el Duero (Zamora), el Guadalquivir (Jaén), el Jalón (Soria), el Tajo (Guadalajara) y el Sil (León). También se acaba de confirmar su llegada a Cataluña, tras detectarse ejemplares en la comarca del Segrià y en zonas próximas a la confluencia entre los ríos Cinca y Segre, en la provincia de Lérida.

Cambio climático
Esta expansión del castor por España no está exenta de problemas, como es lógico tratándose de una especie que ha sido introducida sin ningún tipo de control, pero también aporta beneficios ambientales de enorme relevancia.
Y es que, según un reciente estudio liderado por la Universidad de Birmingham, y que contó con la participación de una entidad española, como es el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), los castores se han convertido en unos inesperados aliados frente al cambio climático.
La clave está en las presas que construyen estos animales empleando ramas, arbustos, troncos y otros materiales que encuentran en los ríos.
Zonas inundadas
Estas estructuras frenan la velocidad del agua y crean zonas inundadas aguas arriba. Al reducirse la corriente, el material orgánico (hojas, restos vegetales o madera muerta) se acumula y pasa a formar parte de los sedimentos, proceso en el que se almacena mucho carbono.
De hecho, según el estudio citado, los ríos en los que hay castores europeos pueden almacenar hasta un 26% más de carbono. «Al ralentizar el agua, retener sedimentos y ampliar los humedales, los arroyos se convierten en potentes sumideros de carbono», destaca Joshua Larsen, de la Universidad de Birmingham y uno de los autores principales.
«Este estudio pionero representa una oportunidad importante y un avance para futuras soluciones climáticas basadas en la naturaleza en toda Europa», insiste Larsen. El carbono acumulado puede permanecer almacenado hasta tres décadas.

Infiltración de agua
Otro beneficio que aportan las presas construidas por los castores es la transformación del paisaje fluvial. Esto pasa cuando dichas estructuras frenan la corriente, provocando que el agua deje de circular río abajo y tenga así más tiempo para infiltrarse en el subsuelo.
A su vez, esta mayor infiltración aumenta la recarga de las reservas subterráneas de agua y mejora la calidad del líquido elemento, que se filtra lentamente a través de los sedimentos.
«Quizás con menos agua visible en superficie en algunos momentos porque se reduce el caudal, pero con más reserva escondida bajo tierra, disponible a medio y largo plazo en caso de sequía», explica Josep Barba, investigador del CREAF.
Controversias y preocupaciones
Pese a los interesantes hallazgos de este estudio, Barba es consciente de que la vuelta de los castores está generando controversia por las posibles afecciones en bosques y riberas. «Pero debemos tener en cuenta que la vegetación que tenemos aquí está adaptada a su presencia y con este estudio mostramos los beneficios que aporta este mamífero para mitigar el cambio climático».
Barba también reconoce que existe preocupación en el sector agrario, especialmente en cultivos situados junto al cauce del río, «pero casi toda la actividad del castor se concentra en los primeros 20 metros desde el margen fluvial, por lo que la afectación suele ser muy localizada», afirma.

No es especie invasora
El investigador también aclara que el castor, pese a que estuvo desaparecido durante siglos, no es una especie invasora, y que no debemos confundir al castor europeo con el americano, que puede generar impactos mucho mayores fuera de su área natural.
Son especies, insiste, con comportamientos muy diferentes y, en el caso de la europea, se alimenta sobre todo de hierbas y arbustos de menos de cinco centímetros de diámetro. Por otro lado, el castor europeo construye presas más pequeñas, habitualmente en afluentes secundarios o terciarios, no en grandes ríos.
«Con el castor americano sí que vemos imágenes en la Patagonia con miles de hectáreas de árboles muertos; esto con el castor europeo no pasaría», concluye el experto.