Así se aprovecha el calor de la inteligencia artificial para alimentar las calefacciones de las ciudades
La inteligencia artificial genera un elevado consumo de agua y de energía eléctrica
En 2030, esta factura energética de la inteligencia artificial se habrá más que duplicado
El centro de datos de Meta en Talavera de la Reina gastará más de 600 millones de litros de agua al año
La acelerada expansión de la inteligencia artificial está provocando un grave impacto ambiental del que conviene tomar conciencia. Y es que detrás de cada búsqueda, texto o imagen creada se encuentran centros de datos que funcionan durante las 24 horas del día, generando con ello un elevado consumo de electricidad, agua y otros muchos valiosos recursos naturales.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la factura que le pasa la IA al planeta no va a dejar de subir. El organismo señala en un informe que la demanda eléctrica de estos nodos de computación ha crecido a nivel mundial alrededor de un 12% anual desde 2017, cifra que más que cuadruplica el incremento de la tasa de consumo eléctrico total.
La AIE también prevé que, para finales de década, este consumo de electricidad originado por los centros de datos que sostienen la inteligencia artificial y la tecnología digital en general se habrá duplicado con creces. Los análisis de Goldman Sachs confirman esta tendencia y pronostican que el aumento energético llegará al 165% para el año 2030, tomando como referencia el año 2023.
Calor constante
Uno de los efectos más directos del funcionamiento intensivo de los centros de datos es la generación constante de calor, hasta el punto de que la energía térmica puede acabar dañando los propios equipos si no se gestiona de forma adecuada.
Para evitarlo, estas instalaciones recurren a complejos sistemas de refrigeración que suponen un importante gasto de agua. Un ejemplo es el centro de datos que Meta tiene previsto construir en Talavera de la Reina (Toledo), cuyo funcionamiento requerirá más de 600 millones de litros de agua potable al año.
Con dicho volumen se podría satisfacer el consumo doméstico anual de unas 15.000 personas, aproximadamente. Recordamos que por Talavera de la Reina cruza el río Tajo, cuya cuenca se ve frecuentemente afectada por episodios de sequía, y que además está sometida a fuertes tensiones precisamente por el reparto del agua.
Calefacción urbana
En los países del norte de Europa, las bajas temperaturas permiten reducir el uso de sistemas de refrigeración intensivos en agua, recurriendo con mayor frecuencia al enfriamiento por aire exterior. Pero, ¿y si en lugar de dejar escapar todo ese calor producido por la inteligencia artificial y la tecnología digital, se empleara para los sistemas de calefacción urbana?
Este es el planteamiento que está detrás del desarrollo de multitud de iniciativas que están dando un nuevo uso a toda esa energía térmica que antes se desaprovechaba.

Finlandia
Ciertamente, hablamos de propuestas que son más fáciles de llevar a cabo en países que, como Finlandia, cuentan con sistemas de calefacción urbana basados en grandes redes de tuberías subterráneas que distribuyen agua caliente por viviendas y edificios.
Sobre esa infraestructura consolidada, integrar el calor generado por los centros de datos resulta un paso casi de pura lógica. No olvidemos que los servidores operan sin interrupción y producen energía térmica de forma continua. Con la tecnología adecuada, ese calor puede incorporarse a la red de forma masiva.
Bombas de calor
Dicho proceso comienza con la captura del calor que desprenden los servidores mediante sistemas de intercambio térmico instalados en los propios centros de datos. Ese calor se transfiere después a circuitos de agua que elevan su temperatura con ayuda de bombas de calor.
Una vez acondicionado, el agua caliente se inyecta en la red urbana y se distribuye por la ciudad a través de las tuberías subterráneas, llegando a viviendas, colegios u hospitales.
De este modo, una energía que antes se perdía en el ambiente se transforma en un recurso útil para la climatización, reduciendo al mismo tiempo el consumo de combustibles fósiles y las emisiones asociadas.

Primeras iniciativas
Ya existen varias iniciativas en marcha basadas en la aplicación de esta tecnología. En Finlandia, uno de los casos más consolidados es el de la empresa Nebius, que opera en Mantsala, al sur del país, un centro de datos capaz de recuperar la energía suficiente como para abastecer a unos 2.500 hogares.
La propia capital del país, Helsinki, ha firmado ya varios acuerdos con operadores tecnológicos para poder capturar hasta el 90% del calor que producen sus centros de datos.
Sólo con la energía térmica que obtienen de la planta de Telia, una de estas empresas, se ha conseguido proveer de calefacción a unos 14.000 apartamentos, y la idea es duplicar esa cifra en los próximos años.
Microsoft y Google
A poca distancia de Helsinki, en la ciudad de Espoo, Microsoft está desarrollando un amplio campus de centros de datos que, a partir de 2027, permitirá suministrar calefacción a unos 250.000 usuarios de la urbe y también de los municipios vecinos de Kirkkonummi y Kauniainen.
Un planteamiento similar ha adoptado Google, que se ha asociado con la empresa energética municipal Haminan Energia en la localidad de Hamina, en el sureste del país.
Allí, el calor residual de su centro de datos ha comenzado a canalizarse hacia la red urbana de calefacción, con el objetivo de cubrir en torno al 80% de la demanda anual de la ciudad, que cuenta con cerca de 20.000 habitantes.

Islas Británicas
También empiezan a consolidarse experiencias relevantes en las Islas Británicas. La calefacción urbana de Tallaght, al suroeste de Dublín, se alimenta en parte con la energía térmica procedente de un centro de datos de Amazon para abastecer a edificios públicos, viviendas y un campus universitario. En su primer año de funcionamiento, el sistema permitió evitar alrededor de 1.100 toneladas de CO₂.
La alcaldía de Londres también está trabajando en la puesta en marcha de una nueva red de calefacción en el oeste de la ciudad que prevé suministrar calor a más de 9.000 hogares a partir de centros de datos locales.
En definitiva, mientras se trabaja en la necesaria reducción de los recursos naturales que sostienen la inteligencia artificial, estos proyectos demuestran que también es posible mitigar parte de su impacto ambiental mediante soluciones inteligentes que convierten lo que antes era un residuo en un recurso de alto valor.