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En 1956 creyeron que era buena idea cruzar abejas africanas y europeas para producir más miel: 70 años después, ese «error» puede ser el antídoto que salve a las abejas de EEUU

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

En 1956, el genetista brasileño Warwick Kerr cruzó abejas africanas con abejas europeas en Brasil para conseguir una colmena más productiva y adaptada al clima tropical. Sin embargo, el experimento se le escapó de las manos al año siguiente.

Hoy, siete décadas después, esas abejas africanizadas podrían convertirse en la clave para proteger a las abejas de Estados Unidos frente a uno de sus mayores enemigos.

La historia conecta unos genes llevados desde África hasta la selva brasileña con un hallazgo reciente en Estados Unidos sobre la resistencia de las abejas frente a uno de los parásitos que más colonias destruye cada año.

El cruce de abejas africanas y europeas que Warwick Kerr probó en Brasil en 1956

Warwick Kerr buscaba una abeja menos agresiva que la africana salvaje, pero más productiva que la europea en el trópico brasileño. El genetista consiguió 63 reinas vivas de apicultores sudafricanos y las llevó a una estación de cuarentena cerca de Río Claro, en el estado de São Paulo, donde 48 sobrevivieron hasta el año siguiente.

Kerr cruzó esas reinas con zánganos europeos y obtuvo los primeros híbridos. La mortalidad natural redujo el grupo a 29 colmenas, resguardadas con excluidores de reinas para evitar que las hembras africanas escaparan.

En octubre de 1957, un apicultor local retiró esos excluidores sin autorización y liberó por accidente a 26 reinas africanizadas con sus pequeños enjambres en el bosque cercano, según recoge la Universidad Estatal de Oklahoma. Kerr esperaba que las abejas murieran en estado salvaje o que se cruzaran con ejemplares europeos hasta perder sus rasgos africanos.

¿Cómo llegaron las abejas africanizadas hasta Estados Unidos después de escapar en Brasil?

Los enjambres de abejas africanizadas se desplazan mucho más lejos que los de abejas europeas, que rara vez recorren más de unos pocos kilómetros antes de asentarse. Los enjambres africanizados pueden avanzar unos 100 kilómetros de una sola vez e instalar sus nidos en lugares muy variados.

Hacia la década de 1980, las abejas africanizadas ya habían llegado a México. La primera colonia natural en Estados Unidos se encontró el 15 de octubre de 1990, cerca de Hidalgo, en Texas. En 1993 aparecieron enjambres en Arizona y Nuevo México. California confirmó su llegada al año siguiente.

En agosto de 2004, dos muestras de abejas del condado de Tillman, en Oklahoma, dieron positivo por PCR para abejas africanizadas, después de que siete integrantes de una cuadrilla de trabajo terminaran hospitalizados al cortar la rama de un árbol dañado por una tormenta.

¿En qué se diferencian las abejas africanizadas de las europeas en Estados Unidos?

Las abejas africanizadas y las europeas son la misma especie. Tienen el mismo aspecto, el mismo veneno y ambas solo pueden picar una vez. La diferencia está en el comportamiento, ya que las africanizadas reaccionan más rápido, participan más abejas en cada ataque y detectan una amenaza desde unos 15 metros de su nido.

También, las abejas africanizadas perciben vibraciones de maquinaria a unos 30 metros de distancia, pueden perseguir a una persona entre 400 y 800 metros y permanecen agitadas durante más de una hora después de un ataque. Además, enjambran con más frecuencia, anidan en huecos más pequeños y trasladan toda la colonia con facilidad si escasea el alimento.

Lejos de la colmena, sin embargo, las abejas africanizadas no son más peligrosas que cualquier otra abeja o avispa, ni forman grandes enjambres para perseguir a la gente por iniciativa propia.

El estudio de California que convierte a las abejas africanizadas en un posible antídoto contra la varroa

Un estudio publicado en la revista científica Scientific Reports en marzo de 2026, en el repositorio PMC del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, encontró que una población híbrida de abejas del sur de California, con una ascendencia africana parcial heredada de las abejas africanizadas, muestra una resistencia notable al ácaro Varroa destructor, la plaga que más colonias destruye en el país.

Las colonias híbridas registraron 1,26 ácaros por cada 100 abejas, frente a los 4,83 de las colmenas comerciales, una diferencia del 68,3 % menos de intensidad de varroa. También necesitaron menos tratamientos químicos, ya que solo el 53,5 % de las inspecciones superó el umbral que exige actuar, frente al 77,5 % en las colonias comerciales.

El trabajo, firmado por Genesis Chong-Echavez y Boris Baer, del Departamento de Entomología del Centro de Investigación Integrativa de Abejas de la Universidad de California en Riverside, apunta a que la presión sostenida del parásito, sin intervención humana, pudo favorecer la aparición de rasgos asociados a la resistencia.

Hoy, más del 60 % de los apicultores de la zona ya mantiene estas colmenas híbridas. Las pérdidas anuales de colonias en Estados Unidos rondan el 40 % y el 50 %, y en 2025 llegaron al 62 %.

Los autores describen a esta población híbrida como «un recurso valioso para investigar los mecanismos genéticos y de comportamiento» que sostienen esa resistencia.