Leonor será la primera Reina desde 1800: los errores que no debe repetir de Juan Carlos I e Isabel II
Leonor hereda dos caídas: la de Isabel II, derrocada en 1868 por la Revolución de 'La Gloriosa'
Y la de su abuelo Juan Carlos I, cuya salida de España en 2020 simbolizó el ocaso público del rey de la Transición
Este reportaje se apoya en las reflexiones de la escritora y periodista Sara Olivo
El 31 de octubre de 2023, al cumplir 18 años, la Princesa Leonor juró la Constitución en el Congreso de los Diputados. Fue un gesto solemne, pero también un punto de inflexión histórico: será la primera reina soberana de España desde Isabel II. Casi dos siglos separan a ambas figuras, pero la historia de la Corona ofrece advertencias que trascienden generaciones. Entre ellas, una que se repite con inquietante persistencia: cuando la vida privada se convierte en asunto público, la institución empieza a resquebrajarse.
Hija de un rey que prometió una «monarquía renovada para los nuevos tiempos», la hija mayor de Felipe VI y Letizia se prepara para un papel estrictamente constitucional, marcado por la ejemplaridad y la proyección pública. Su formación (que combina instrucción militar en los tres ejércitos y una educación internacional en Gales) no solo busca construir una futura jefa del Estado, sino blindarla frente a los errores, las polémicas y las grietas que en el pasado pusieron a la Corona en entredicho. A fin de cuentas, Leonor no hereda solo una Corona. Hereda una historia.
Isabel II, la última reina
El contraste con Isabel II resulta inevitable. La última mujer que ocupó el trono de España llegó al poder siendo apenas una niña, en un país sacudido por guerras carlistas, intrigas palaciegas y una política inestable.
Huérfana de padre desde muy pequeña, creció en una soledad casi permanente dentro de Palacio. Su educación fue deficiente y su formación intelectual, frágil. «Recibió una educación muy pobre, hasta el punto de que cometía faltas de ortografía garrafales», señala la periodista y escritoria Sara Olivo, autora de Los Borbones y el sexo: de Felipe V a Felipe VI y de La duquesa salvaje, novela sobre la vida de María Luisa de Borbón y Vallábriga, nieta de Felipe V, que pudo haber llegado a convertirse en Reina de España.
En una época en la que el poder también se sostenía sobre la cultura, el dominio de los idiomas y la preparación política, Isabel II llegó al trono con un bagaje limitado para la magnitud de su tarea. A esa fragilidad inicial se sumó la ausencia de su madre, María Cristina, quien se instaló en Francia tras contraer matrimonio en secreto con Agustín Fernando Muñoz, dejando a la joven reina rodeada de cortesanos y consejeros cuya lealtad no siempre estaba garantizada. En ese clima de intrigas y desconfianza, incluso su primer ministro, Salustiano Olozaga, se vio envuelto en rumores sobre comportamientos inapropiados con la reina, un escándalo que terminó por arruinar su carrera política.
A los 16 años, Isabel fue obligada a casarse con su primo, Francisco de Asís de Borbón, en una unión diseñada para asegurar la continuidad dinástica que, sin embargo, fue un fracaso desde el primer momento. En la Corte y en la prensa europea comenzaron a circular rumores sobre la supuesta homosexualidad del rey consorte, alimentando burlas, desprestigio y especulaciones políticas. En ese contexto, la presión por asegurar herederos convirtió la intimidad del matrimonio en un problema público.
Los rumores sobre los supuestos amantes de Isabel II la acompañaron durante gran parte de su reinado. No fueron solo cotilleos, sino un arma política utilizada dentro y fuera de España para debilitar su autoridad. Entre los nombres que se repitieron con más frecuencia en la prensa y en algunos relatos históricos figuraban el general Francisco Serrano, conocido como el «General Bonito»; el aristócrata José Ruiz de Arana, y el capitán de ingenieros Enrique Puigmoltó, a quien incluso se llegó a atribuir la paternidad de Alfonso XII.
Más allá de la veracidad de estas historias, su difusión dañó gravemente la imagen de la reina y convirtió su vida privada en un asunto público. Pasquines, artículos satíricos y caricaturas la retrataban como una soberana dominada por sus pasiones, en un país ya sacudido por crisis políticas y pronunciamientos militares. En ese contexto, como señala la periodista, «Isabel II tuvo muchos amantes, y el machismo de la época provocó que se mostraran menos comprensivos con ella que con otros Reyes de la dinastía borbónica tan aficionados al sexo como ella. Los cotilleos sobre su vida privada opacaron aspectos de su personalidad muy desconocidos».
Traiciones dentro de la familia
Isabel tampoco encontró refugio en su entorno más cercano.
Mantuvo una relación normal con su hermana, la Infanta María Luisa, hasta que descubrió que esta y su marido, Antonio de Orleans, duque de Montpensier, conspiraban para arrebatarle la Corona.
Con el beneplácito de su esposa, Montpensier financió pronunciamientos militares, intrigas parlamentarias y campañas de desprestigio contra la reina. Entre ellos, apoyó movimientos como los que acabarían llevando al General Prim al centro de la escena política. «Cuesta creer que hoy una hermana de la heredera, como la Infanta Sofía, pudiera protagonizar algo parecido contra la Princesa de Asturias», subraya Sara, marcando la distancia entre aquella monarquía y la actual.
La sucesión que pudo llevar a la Infanta Elena al trono
Para Sara Olivo, el acceso de Leonor al trono va más allá de una cuestión dinástica. «Leonor será la primera Reina desde Isabel II, aunque una antepasada directa suya, Isabel I, ya ocupó el trono de Castilla y tuvo un peso decisivo en la historia de España. Supone un hito histórico muy importante. Consolida el principio de igualdad en la Corona tras doscientos años, aunque la Constitución todavía mantiene la preferencia masculina en el orden sucesorio». La escritora recuerda que, cuando nació la joven, ya se sabía que sería heredera, aunque la ley sálica no había sido derogada formalmente ni la Constitución modificada.
Las guerras carlistas, añade, tuvieron su origen precisamente en la disputa entre Isabel II y su tío, el infante don Carlos, que reclamaba el trono por la supuesta prevalencia legal del varón sobre la primogénita de Fernando VII. «De haberse aplicado ese criterio en tiempos de Juan Carlos I, la Corona habría correspondido a la Infanta Elena. Es un melón que pocos se han atrevido a abrir, pero sobre el que se ha teorizado», apunta Olivo.
El espejo moderno: Juan Carlos I
La historia no se detiene en el siglo XIX y reaparece en la figura más cercana a Leonor: su abuelo. Juan Carlos I llegó al trono en 1975 envuelto en un aura casi mítica como el Rey de la Transición. Durante décadas fue el símbolo de una España que dejaba atrás la dictadura y abrazaba la democracia. Sin embargo, al igual que ocurrió con Isabel II, su vida privada terminó por cruzarse con su destino público. Las relaciones sentimentales, las investigaciones sobre su patrimonio y los escándalos mediáticos fueron erosionando su imagen hasta desembocar en su salida de España en 2020.
Ese exilio del marido de la Reina Sofía evocó para muchos el de la reina destronada tras la Revolución de 1868, conocida como La Gloriosa, un levantamiento militar con apoyo civil que estalló en septiembre de ese año y provocó el destronamiento y la marcha de Isabel II a Francia. En ese paralelismo se detiene Sara Olivo, quien lo resume así: «Así como Isabel II tuvo a Sor Patrocinio, Juan Carlos tuvo a figuras como Mario Conde. Personas que no solo influyeron en su entorno, sino que terminaron afectando a la imagen de la institución».