Adiós a Irene de Grecia: el alma libre de la Familia Real y sombra de la Reina Sofía
La princesa era la hermana menor de la Reina Sofía
Apasionada de la música y con una gran vocación solidaria, nunca se casó y se instaló en Madrid
La Familia Real de España y, en especial, la Reina Sofía lloran la muerte de una de sus figuras más entrañables. La princesa Irene de Grecia, a la que su entorno más cercano llamaba «tía Pecu» porque la consideraba la excéntrica de la familia, ha fallecido a los 83 años después de unos años en los que su salud se había ido deteriorando.
Un duro varapalo para toda la familia, pero, sobre todo para la madre del Rey Felipe VI, que no sólo estaba muy unida a la princesa Irene, sino que, además, ya tuvo que afrontar la muerte de su hermano, el rey Constantino de Grecia en enero de 2023 y la de su prima Tatiana Radziwill. Doña Sofía ha perdido en menos de cinco años al mayor y a la menor de sus hermanos y a otra de las personas más importantes de su vida. Sin duda, pérdidas devastadoras para ella en la etapa final de su vida.
Este jueves se ha confirmado la noticia después de que saltaran todas las alarmas por el aplazamiento de varios actos oficiales de la Reina Sofía. Irene de Grecia no formaba parte de la institución y todo lo relacionado con ella pertenece a la esfera privada, por lo que cabe la posibilidad de que no se ofrezcan detalles de cara a sus exequias. No obstante, sí se sabe que el deseo de la princesa era descansar en la finca en la que se encuentra el Palacio de Tatoi, en Grecia, donde se ubica el cementerio en el que se encuentran los restos de sus padres y de su hermano.
La sombra de la Reina Sofía
Irene de Grecia nació el 11 de mayo de 1942 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, durante el exilio de su familia por la invasión nazi de Grecia. Esto es algo que la diferenciaba de sus hermanos, que sí nacieron en Atenas. A lo largo de su vida, la princesa ha vivido en muchas partes del mundo, desde Atenas hasta Londres, pero en 2018 se convirtió legalmente en española tras jurar la Constitución en un acto privado gracias a un real decreto que reconoció sus lazos con España.
No obstante, fue en 1981 cuando se instaló en el Palacio de la Zarzuela. Su intención inicial era una visita breve a Madrid, pero la muerte de la reina Federica y la delicada situación sentimental del matrimonio de don Juan Carlos y doña Sofía hicieron que su plan de vida cambiara: «Vine para pasar cinco días y me quedé cinco años, pero según pasaba el tiempo comprendí que mi lugar estaba al lado de Sofía», le contó a la periodista Eva Celada.
Precisamente ése ha sido el sitio que Irene de Grecia ha ocupado los últimos años y donde ha dejado un inmenso vacío. Ha sido la escudera, la confidente y la sombra de la Reina Sofía en sus mejores momentos y, por supuesto, en los menos buenos. Siempre discreta, siempre en segundo plano y sin llamar la atención, pero sin dejar de estar a su lado. Doña Sofía también ha sido un gran apoyo para ella, sobre todo, en estos últimos años en los que su salud se ha deteriorado poco a poco. La madre del Rey ha permanecido pendiente de su hermana e incluso la hemos visto empujando la silla de ruedas que utilizaba. Dos hermanas unidas ante la adversidad y hasta el último momento.
Los amores frustrados de Irene de Grecia
A pesar de que siempre ha sido muy discreta y ha intentado no llamar la atención, la vida de Irene de Grecia también ha estado cargada de momentos que darían para una novela. Apasionada de la música y dotada de un talento excepcional, la princesa llegó a ser una auténtica virtuosa del piano, incluso tocó en el Royal Albert Hall frente a la familia real británica.
Una de las cuestiones que más interés ha generado siempre es la vida amorosa de la hermana de la Reina Sofía, sobre todo, si se tiene en cuenta la merecida fama de casamentera de su madre, la reina Federica y el episodio del crucero del Agamenón. Aunque nunca llegó a casarse, no significa que no tuviera pretendientes, algunos incluso espantados por comentarios de su cuñado, el Rey Juan Carlos. Fue el caso de Gonzalo de Borbón o de Jesús Aguirre -que se casó después con la duquesa de Alba-. Según ha contado en alguna ocasión la periodista Pilar Eyre, el Rey Juan Carlos le dijo a ambos que dejaran en paz a su cuñada.
Cuando era joven, Irene de Grecia se enamoró de su primo Mauricio de Hesse, hijo de Felipe de Hesse-Kassel y la princesa Mafalda de Saboya. Irene tenía apenas 20 años y la historia no prosperó porque Mauricio prefirió casarse con la princesa Tatiana de Sayn-Wittgenstein-Berleburg. No fue su única decepción, sino que tiempo después estuvo a punto de contraer matrimonio con el príncipe Miguel de Orléans, hijo del conde de París. La historia se torció cuando entró en escena Beatriz de Orleans, con quien finalmente se casó el príncipe.
Se sabe que tuvo un romance con el diplomático alemán Guido Brunner, una historia discreta y serena, muy acorde con el carácter de la tía del Rey Felipe. Ambos se conocieron durante la etapa en la que Brunner estaba de embajador en Madrid y se les veía juntos con frecuencia. Este romance no contaba con la aprobación del Rey Juan Carlos.
La hermana de doña Sofía nunca ha querido hablar abiertamente de sus relaciones amorosas, a pesar del interés de los medios. «He estado enamorada, naturalmente, pero no quiero contar ninguna historia de amor que he vivido por discreción», confesó a Eva Celada. No obstante, no cabe duda de que prefirió renunciar al matrimonio y dedicarse a otras cuestiones, entre ellas, sus causas solidarias.
Su legado de generosidad
Tanto la espiritualidad como la solidaridad fueron dos constantes muy importantes a lo largo de la vida de Irene de Grecia. Antes de instalarse en Zarzuela, la princesa se trasladó a La India y se sumergió en la filosofía hindú. Fue allí donde encontró una nueva manera de entender el mundo, marcada por el desapego, la solidaridad y la meditación. Esta experiencia llevó a la hermana de doña Sofía a poner en marcha su ONG Mundo en Armonía, dedicada a promover el bienestar espiritual y material de todos los seres vivos.
Esta organización estuvo activa durante casi cuatro décadas y cesó su actividad en 2024, con una carta firmada por la propia Irene a sus colaboradores. A lo largo de estos años llevó a cabo numerosas iniciativas solidarias y una de las más llamativas fue a finales de los años 80, cuando impulsó el traslado un centenar vacas en avión desde Europa hasta La India para evitar que fueran sacrificadas y ayudar a grupos que necesitaran leche.