Paradoja

Yolanda Díaz vive gratis en Madrid y lo llama "condena": la vida que dejará al salir del cargo

Reside en un piso oficial dentro del Ministerio de Trabajo, en la zona de Nuevos Ministerios, junto a su hija Carmela

La vivienda tiene unos 400 metros cuadrados y, según ella misma, “no se puede ver el mar”, algo que echa de menos

Al tratarse de una residencia oficial, no asume gastos como la luz o el agua

Yolanda Díaz, en una imagen de archivo. (Foto: Gtres)
Yolanda Díaz, en una imagen de archivo. (Foto: Gtres)
  • Rosa Torres
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Hay condenas y condenas. Está la de cadena perpetua, la del café de máquina y luego está la que sufre, según sus propias palabras, Yolanda Díaz: vivir en Madrid sin mar. Un drama. Una tragedia griega. Un castigo mitológico. Porque sí, la vicepresidenta segunda asegura que residir en la capital es «una condena»… aunque esa condena consista en habitar un piso oficial de 443 metros cuadrados en pleno Paseo de la Castellana. Hay gente que cumple condena en Soto del Real y gente que la cumple en Nuevos Ministerios. Cada cual con sus circunstancias.

La frase la soltó en Late Xou. «Soy gallega y siento el mar, pero en Madrid no hay mar», explicó. Y claro, ahí tiene razón: Madrid no tiene mar. Tiene metro, tiene atasco, tiene terrazas, tiene ministerios, tiene manifestaciones, tiene brunchs de 22 euros… pero mar, lo que se dice mar, no. De momento. Aunque el presentador, Marc Giró, bromeó con que igual algún día lo ponen. En la capital de España, si algo sobra, es capacidad para hacer cosas improbables.

Yolanda Díaz desde los arcos de Nuevos Ministerios. (Foto: Redes Sociales)

Yolanda Díaz desde los arcos de Nuevos Ministerios. (Foto: Redes Sociales)

Ahora bien, conviene contextualizar la tragedia marítima. Díaz no vive exactamente en un zulo interior sin luz natural. Vive en una vivienda oficial dentro del propio Ministerio de Trabajo, en una de las zonas más cotizadas de la capital. Traducido al lenguaje inmobiliario: ubicación premium, barrio de oficinas elegantes, conexiones de transporte que harían llorar de emoción a cualquier urbanista y todos los servicios imaginables a menos de diez minutos andando. No es casualidad: hablamos de uno de los entornos más caros, donde el metro cuadrado puede moverse entre los 8.000 y los 11.000 euros, cifras que convierten cualquier casa en un pequeño tesoro inmobiliario y que sitúan una vivienda amplia fácilmente por encima del millón de euros.

La «condena» de vivir gratis en uno de los metros cuadrados más caros del país

El piso, además, no es uno cualquiera. Con sus más de 400 metros cuadrados, es el más grande entre las viviendas oficiales de los ministros. Para hacerse una idea: hay familias enteras criando hijos, perros y plantas en pisos que cabrían en el vestidor. Y no solo eso: el pack incluye gastos cubiertos. Luz, agua, mobiliario, mantenimiento… lo que en lenguaje administrativo viene a ser un «todo incluido».

Yolanda Díaz planchando en una de las habitaciones de su piso de 400 metros. (Foto: Redes Sociales)

Yolanda Díaz planchando en una de las habitaciones de su piso de 400 metros. (Foto: Redes Sociales)

Según contó ella misma, el piso tiene detalles que no le entusiasman. El color de las paredes, por ejemplo, lo definió como «gris de fragata» y lo asoció nada menos que con el franquismo. No sabemos si el pantone venía con ideología incorporada o si el gotelé tenía carné político, pero lo cierto es que decidió redecorar con arte y piezas contemporáneas.

Otro elemento interesante del caso es la logística laboral. El presentador recordó que Díaz es la primera en llegar al despacho y la última en irse. Truco: vive en el mismo edificio. Es el equivalente institucional a teletrabajar, pero versión siglo XIX: residencia y oficina bajo el mismo techo. La conciliación, eso sí, impecable.

Vista panorámica del Paseo de la Castellana en Madrid. (Wikipedia)

Vista panorámica del Paseo de la Castellana en Madrid. (Wikipedia)

En su defensa, hay que decir que estas viviendas oficiales existen por motivos prácticos: seguridad, agenda imprevisible y la posibilidad de que un ministro de fuera de Madrid no tenga que ponerse a buscar piso en Idealista el mismo día que jura el cargo. No es un capricho personal, sino un recurso del Estado. Ahora bien, que sea práctico no impide que resulte llamativo o incluso irónico escuchar que es «duro» vivir allí. Sobre todo para quienes consideran una suerte encontrar un estudio de 40 metros que no cueste medio sueldo.

La política con traje rosa caminando en exterior urbano elegante. (Foto: Gtres)

La política con traje rosa caminando en exterior urbano elegante. (Foto: Gtres)

El contraste es lo que convierte la historia en material de columna costumbrista. Porque mientras miles de madrileños calculan cuánto subirá el alquiler este año, hay quien describe como penitencia residir gratis en uno de los ejes más caros de España. Es como decir que viajar en business es incómodo porque el champán no está suficientemente frío. Puede ser cierto, pero cuesta empatizar.

Al final, todo se reduce a perspectiva. Para una gallega nostálgica del Atlántico, Madrid puede ser un secarral sentimental. Para un opositor recién llegado de provincias, puede ser la tierra prometida. Para un turista, un parque temático de tapas. Y para un ministro con vivienda oficial, una condena…

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