El plan de Laurene Powell para agotar en vida la fortuna de Steve Jobs desde su mansión de Malibú
Laurene Powell Jobs, viuda de Steve Jobs, ha reducido su fortuna en unos 5.000 millones de dólares
A través de Emerson Collective y la Waverley Street Foundation, ha destinado miles de millones a causas sociales
Su objetivo declarado es no crear una herencia dinástica y agotar su patrimonio en vida

Laurene Powell Jobs, viuda del mítico fundador de Apple, Steve Jobs, se ha convertido en una de las figuras más singulares del panorama económico y filantrópico mundial. Lejos del estereotipo de la heredera que se limita a conservar y multiplicar su fortuna, Powell Jobs ha hecho exactamente lo contrario: gastar, invertir y redistribuir gran parte del patrimonio que heredó de su marido para cumplir con su última voluntad. A día de hoy, ha reducido su fortuna en cerca de 5.000 millones de dólares, aproximadamente la mitad de los más de 10.000 millones que Steve Jobs dejó tras su fallecimiento en 2011.
La mayor parte de esa herencia llegó en forma de acciones de Apple y de The Walt Disney Company, participación esta última derivada de la venta de Pixar. Con el paso de los años, esos activos no solo se han mantenido, sino que han incrementado su valor, permitiendo a Laurene Powell Jobs destinar cantidades multimillonarias a causas sociales sin comprometer su estabilidad financiera. Sin embargo, su objetivo no es preservar ese capital a largo plazo. Ella misma lo ha expresado con claridad en varias entrevistas: no le interesa crear una dinastía hereditaria y su intención es que la fortuna termine con ella.

Laurene Powell Jobs en Washington. (Foto: Gtres)
El eje central de su actividad filantrópica es Emerson Collective, una firma de inversión de impacto que combina filantropía, activismo y apoyo a iniciativas en ámbitos como la justicia climática, la educación, la inmigración, la salud y los medios de comunicación independientes. Powell Jobs preside esta organización y controla cerca del 70% de sus participaciones. Para financiarla, ha seguido un plan meticuloso: vender aproximadamente el 10% de sus acciones de Disney cada año desde la muerte de Steve Jobs. Gracias a esta estrategia, se estima que ya ha canalizado más de 2.000 millones de dólares hacia proyectos sociales.
A este esfuerzo se suma el compromiso adquirido en 2021 a través de la Waverley Street Foundation, mediante la cual prometió destinar otros 3.500 millones de dólares en una década a iniciativas que buscan soluciones innovadoras contra el cambio climático. Todo ello responde a una idea clara: devolver a la sociedad lo que Steve Jobs obtuvo de ella, una filosofía que define tanto su vida pública como privada.




Laurene Powell Jobs y su hija Eve durante unas vacaciones. (Foto: Gtres)
Paradójicamente, esta austeridad en términos de herencia no significa renunciar a ciertas comodidades. Uno de los aspectos más llamativos de su vida actual es su fuerte apuesta por el mercado inmobiliario de lujo, especialmente en California. En Malibú, uno de los enclaves más exclusivos de Estados Unidos, Laurene Powell Jobs ha ido construyendo un auténtico complejo residencial frente al Pacífico. Desde 2015 ha adquirido varias propiedades contiguas en la zona de Paradise Cove, invirtiendo decenas de millones de dólares. Solo una de esas operaciones, valorada en unos 70 millones de dólares, ha contribuido a consolidar una de las mansiones privadas más impresionantes de la costa californiana.
La propiedad se extiende sobre varios acres con vistas directas al océano, rodeada de vecinos igualmente ilustres del mundo tecnológico y empresarial. Aunque algunas de las viviendas originales eran construcciones de mediados del siglo XX, todo apunta a que Powell Jobs planea unificar y remodelar el conjunto para crear una residencia aún más amplia y moderna, acorde con el estilo discreto pero sofisticado que siempre ha caracterizado a la familia Jobs.




Laurene Powell Jobs durante unas vacaciones. (Foto: Gtres)
Así, la vida actual de Laurene Powell Jobs se mueve entre dos mundos aparentemente opuestos: por un lado, el lujo inmobiliario en enclaves privilegiados como Malibú; por otro, una firme determinación de diluir una de las mayores fortunas del sector tecnológico en proyectos que buscan un impacto social duradero. En esa tensión entre riqueza y propósito, la viuda de Steve Jobs ha encontrado su propio camino, uno que honra el legado de su marido y redefine el significado del poder económico en el siglo XXI.