Descubrimiento

Los arqueólogos no lo vieron venir: encuentran al lado del río Támesis un monasterio del siglo IX que podría haber sido el primer hospital conocido en Gran Bretaña

Abadía de Cookham
Excavaciones en la Abadía de Cookham. Imagen de la Universidad de Reading.

Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Reading ha hallado a orillas del río Támesis, en Cookham, Berkshire, los restos de un monasterio del siglo IX que podría haber sido uno de los primeros hospitales de Gran Bretaña. El hallazgo desafía la idea, mantenida hasta ahora, de que la atención a enfermos y moribundos fuera del hogar no llegó al país hasta la conquista normanda, en el siglo XI.

Liderada por el profesor Gabor Thomas desde 2021, la excavación en la abadía de Cookham, cerca de Maidenhead, ha sacado a la luz un cementerio que data dos siglos antes de lo que se creía, y que albergaba sobre todo cuerpos de personas con enfermedades terminales y heridas graves.

Un cementerio que adelanta dos siglos el origen de la asistencia médica

Los restos recuperados en el yacimiento muestran indicios de enfermedades como la tuberculosis y el cáncer, dolencias que en la primera Edad Media resultaban casi con toda seguridad mortales. Según los investigadores, el patrón de enterramientos indica que estas personas llegaban al monasterio en busca de cuidado y curación.

La doctora Sophia Mills, especializada en el estudio de yacimientos funerarios, señala que, si la hipótesis del equipo es correcta, «esto lo convertiría en uno de los primeros emplazamientos hospitalarios del Reino Unido». El propio Thomas considera que el hallazgo podría cambiar la comprensión histórica de cuándo comenzó en Gran Bretaña la tradición cristiana de cuidar a los enfermos.

tumbas
Tumbas halladas en Cookham. Imagen de la Universidad de Reading.

Hasta este hallazgo, los historiadores situaban el origen de este tipo de cuidado institucionalizado en la conquista normanda del siglo XI, casi doscientos años después de la datación del cementerio de Cookham. El yacimiento sugiere que los monjes anglosajones ya ofrecían asistencia a los enfermos mucho antes de lo que se pensaba.

Quiénes eran los enterrados en la abadía de Cookham

«La gran pregunta ahora es quiénes eran estas personas», explica Thomas. Su equipo estudia el ADN antiguo y los rastros químicos conservados en los restos para averiguar de dónde procedían y qué enfermedades padecían quienes fueron enterrados en Cookham.

Mills ha supervisado la excavación del cementerio, que formaba parte de la abadía, mientras el resto del equipo documenta otras estructuras del complejo monástico. El conjunto, sumado al propio cementerio, convierte el yacimiento en un terreno especialmente completo para reconstruir la vida, y la muerte, en un monasterio altomedieval.

Ese análisis genético y químico de los huesos permite, además de rastrear el origen geográfico de cada persona, reconstruir aspectos de su dieta y su estado de salud en los años previos a la muerte, información que rara vez sobrevive en las fuentes escritas de la época.

Una excavación que también forma a futuros arqueólogos

Además de aportar una ventana al pasado, la excavación cerca de Maidenhead funciona como campo de entrenamiento para nuevos arqueólogos. Thomas, que se aficionó a la arqueología en su primera excavación con solo 16 años, considera que la variedad de estructuras del yacimiento lo convierte en un lugar ideal para que los estudiantes se inicien en el oficio.

Amarit Parmar, que cursa primer año en Reading, retiraba tierra de excavaciones anteriores cuando descubrió una mancha de tono rojizo y anaranjado en una de las zanjas, un indicio que, según quienes supervisan su trabajo, podría señalar la ubicación de un hogar en uno de los edificios monásticos.

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