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Antonio Pérez: el secretario de Felipe II que pasó de ser el hombre más poderoso de la corte a huir como el fugitivo más buscado de Europa

Antonio Pérez, pasó de ser el secretario de Felipe II y tener mucho poder, a ser buscado por la justicia. Te lo contamos aquí.

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  • Francisco María
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Hubo un tiempo en el tablero de la monarquía hispánica en el que las decisiones más delicadas del imperio no pasaban por las salas del Consejo de Estado, sino por el despacho privado de un hombre elegante, astuto y con una ambición tan desmedida que terminó por devorarle. Antonio Pérez manejaba los hilos del despacho de Felipe II con la precisión de un relojero y la frialdad de quien conoce los secretos más oscuros de la corte. Hijo de alta cuna y beneficiado por el favor real, acumuló poder, influencia y propiedades hasta convertirse en la sombra indispensable del monarca más cauto de la cristiandad. Su caída, sin embargo, no fue un proceso lento ni discreto, sino un estallido de intrigas palaciegas, asesinatos políticos y una persecución implacable que convirtió al favorito en el prófugo más perseguido de Europa.

La caída en desgracia del secretario

El principio del fin comenzó una noche de Pascua en Madrid, concretamente en la calle del Saco, cuando apareció apuñalado Juan de Escobedo, secretario de don Juan de Austria. Detrás de aquel crimen no había una reyerta callejera, sino una compleja trama de alta traición urdida en la penumbra.

Escobedo conocía demasiado sobre los manejos de Antonio Pérez en Flandes y su confabulación con los rebeldes holandeses, poniendo en peligro la política exterior de la Corona. Felipe II, que tardó en atar cabos pero poseía una paciencia infinita y una memoria implacable, descubrió la red de corrupción y deslealtad que su secretario había tejido aprovechándose de su confianza.

La detención de Pérez en 1579 supuso un terremoto institucional; el favorito intocable caía en desgracia, arrastrando consigo a la mismísima princesa de Éboli, su cómplice en los tejemanejes políticos de la corte.

Un largo proceso judicial

Lo que siguió fue un pulso judicial y político sin precedentes que duró más de una década. Antonio Pérez estuvo encerrado, interrogado bajo tormento y procesado por malversación y asesinato. Lejos de venirse abajo, el exsecretario demostró poseer una capacidad de supervivencia alucinante. Sabía que guardaba documentos comprometedores y cartas del propio monarca que podían destruir la reputación del rey prudente.

Esa correspondencia secreta se convirtió en su póliza de seguros, en un escudo de papel con el que chantajeaba veladamente al aparato del Estado mientras el proceso se alargaba en los tribunales de Madrid.

Se gesta la fuga

Hastiado de esperar una condena definitiva que podía costarle la vida en el patíbulo, Pérez urdió una fuga de película. Gracias a la complicidad de su esposa, doña Joana de Coello, y a una red de lealtades tejida durante años, logró escapar de la cárcel de corte disfrazado y emprender una huida vertiginosa hacia el reino de Aragón.

Cruzar las fronteras internas de la monarquía no era un asunto menor. Aragón poseía sus propias leyes, sus fueros tradicionales y una institución judicial específica, el Justicia Mayor, que actuaba como un cortafuegos frente al absolutismo centralizador de Felipe II. Al refugiarse allí, Antonio Pérez invocó los fueros aragoneses, transformando un pleito penal por asesinato en un conflicto constitucional de primer orden entre el monarca y las libertades del reino.

Conflictos en Zaragoza

La tensión en Zaragoza alcanzó cotas insostenibles. Las tropas reales se apostaron en las inmediaciones, exigiendo la entrega del reo, mientras el pueblo aragonés, celoso de sus privilegios históricos, veía en Pérez a un símbolo de resistencia frente al despotismo castellano.

Cuando la Inquisición intervino para reclamar al preso bajo el pretexto de herejía, un ardid legal para saltarse los fueros civiles, estalló la revuelta popular conocida como las Alteraciones de Aragón. Las calles zaragozanas ardieron en protestas, la prisión fue asaltada por una turba enfurecida y el exsecretario recuperó efímeramente la libertad entre gritos de rebeldía.

Aquel triunfo duró lo que tardaron los tercios de Felipe II en entrar a sangre y fuego en Zaragoza para restablecer el orden. Con la rebelión aplastada y el Justicia Mayor ejecutado por orden real, el margen de maniobra se agotó por completo. Antonio Pérez tuvo que volver a huir, esta vez cruzando los Pirineos a lomos de una mula en plena noche, desafiando el frío y la nieve, con los agentes del rey pisándole los talones.

Pérez acogido en Francia

El hombre que un día dictaba órdenes a los embajadores españoles en todo el continente apareció en Francia convertido en un pordiosero ilustrado, desprovisto de su fasto pero armado con un arma letal: su pluma. Acogido por las cortes protestantes de Francia e Inglaterra, enemigos acérrimos de Felipe II, Pérez encontró su venganza en la imprenta. Publicó sus famosas Relaciones, un libro ácido, parcial y brillante donde retrataba al rey de España como un tirano melancólico, cruel y fanático.

Aquella obra se convirtió en el primer gran éxito de ventas europeo y cimentó de manera definitiva la llamada Ley Negra contra la monarquía hispánica.

Conclusión

Pérez pasó el resto de sus días en el exilio londinense y parisino, consumido por el resentimiento y convertido en una pieza de museo político para las potencias rivales de España. Murió en París, viejo y arruinado, lejos de los fastos del Alcázar madrileño donde un día lo fue todo.