Ramón tenía razón

Situación límite en la defensa del Real Madrid

Real Madrid

El Real Madrid vive una situación límite en su retaguardia. La noticia que rodea a Raúl Asencio no solo pone en valor su compromiso inquebrantable con el club, sino que enciende todas las alarmas sobre la gestión de una plantilla que parece sostenida por alfileres en todo aquello que tiene que ver con su defensa. El canterano, que se ha convertido en una pieza esencial, no sólo por la mejoría en su rendimiento sino también por pura necesidad y está conviviendo con una fisura en la tibia desde el inicio de la temporada.

La revelación de este problema físico explica muchas cosas. Asencio arrastra esta lesión, posiblemente originada por un golpe en el partido contra el Olympique de Marsella en el comienzo de la Champions. Durante meses, el joven central ha estado «apretando los dientes», jugando con un dolor constante gracias a una tolerancia al dolor admirable. Ayer mismo, tras recibir un nuevo impacto en la zona afectada, tuvo que ser sustituido en el descanso, dejando su lugar en la zaga a Aurélien Tchouaméni.

El motivo por el cual no ha parado es tan evidente como preocupante: el Madrid no se lo podía permitir. Con las bajas recurrentes de Huijsen, Rüdiger, Militao y la inactividad de Alaba desde su lesión de rodilla, Asencio era, irónicamente, el único central que dábamos por sano al cien por cien. A falta de pruebas definitivas para evaluar si la fisura ha empeorado, el jugador mantiene la intención de seguir compitiendo, pero el riesgo de que esto derive en una fractura o en lesiones musculares por compensación es una realidad que el club no debería ignorar.

El caso de Asencio no es un hecho aislado, sino el síntoma de una enfermedad crónica en la planificación defensiva. La situación del Real Madrid está llevando al límite físico a jugadores que deberían ser el futuro del club. Rüdiger lidia con una artrosis prematura que probablemente acortará su carrera; a Militao en un proceso de recuperación delicado con tratamientos de células de crecimiento que pueden aumentar el riesgo de recaída, Alaba incapaz de jugar dos partidos seguidos; y a Huijsen, quien recientemente admitió haber jugado varios encuentros lesionado, sin poder esprintar al máximo de sus capacidades.

Incluso alternativas como Carreras o el propio Tchouaméni no dejan de ser parches que «desvisten a un santo para vestir a otro». La realidad es que el Real Madrid no cuenta con dos centrales que estén al cien por cien de forma simultánea en casi ninguna convocatoria. Es una situación desesperada que requiere, por definición, de medidas desesperadas.

A fecha de 21 de enero, el tiempo todavía juega a favor de la dirección deportiva, pero el margen se agota. Si bien el mercado de invierno nunca ha sido del agrado del club, la coyuntura actual obliga a actuar. No se trata solo de buscar competitividad inmediata, sino de preservar la integridad física y las carreras de los defensas que todavía están disponibles. Forzar a Asencio a jugar con una fisura es jugar con fuego en un momento en el que las manos ya deberían estar ardiendo.

Si el cuerpo técnico, respaldado por las palabras de Arbeloa, considera que jóvenes como Joan Martínez aún no están listos para tener un impacto inmediato en el primer equipo, el mercado es la única salida lógica. No se busca necesariamente un titular indiscutible para los próximos cinco años, sino un «central con cara y ojos», un cuerpo sano que permita rotaciones y evite que la retaguardia blanca colapse definitivamente. La pasividad ante este escenario sería una temeridad que el Real Madrid podría pagar muy cara en el tramo decisivo de la temporada.

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