Champions: Roma-Real Madrid

El Madrid es inmortal

Otra remontada histórica del Real Madrid, que perdía 3-1 en el 60 y acabó ganando 3-4

La entrada de Endrick y Arda Güler y la salida de Vinicius, que regaló un gol, fueron decisivas para que los de Mourinho lograran una gesta inolvidable en el Olímpico de Roma

El Real Madrid recurrirá los cuatro partidos de sanción a Vinicius: "Nos parece una exageración"

El Real Madrid es inmortal. Y en la Copa de Europa más. En el Olímpico de Roma volvió a escribir una de esas remontadas imposibles que los blancos convierten en rutinarias. Perdían 3-1 en el 60. El equipo de Mou, sin juego y con dos tarugos por mediocentros, estaba desnortado. Roto. En ruinas. Mou se la jugó y quitó a Vinicius, que había regalado el 2-1 y pasó a Valverde al lateral. La entrada de Güler, que dio tres asistencias de córner, y de Endrick, que marcó y estuvo en todas, fueron claves para una de esas remontadas que ya están por derecho propio a la historia del Real Madrid.

Minutos antes de que se conociera el once de Mourinho llegó la cacicada. Cuatro partidos de sanción a Vinicius. No hace falta decir nada más. Todo el mundo ha visto el tirón de pelo y cualquiera que se quite la bufanda de los ojos será capaz de percibir el agravio comparativo entre la sanción al brasileño y la impunidad con la que se han manejado otras conductas de otros jugadores. Y no miro a nadie. Les supongo buenos entendedores. Pero contra el Real Madrid para Tebas siempre es Nochevieja: hay barra libre.

Mourinho, perplejo pero no sorprendido por lo de Vinicius, le devolvió a la titularidad y se la quitó a Güler. El cambio fácil. Es evidente que Diomande (140 millones mediante) ya no va a ser suplente muchas más veces y que Fede Valverde para Mourinho es mediocentro, así que el turco es el lado débil de la cuerda para que pueda jugar la BMV. Atrás regresaban Dumfries y Cucurella a los laterales y se mantenía Rüdiger, que mandaba al banquillo a Huijsen quien sabe si castigado por su estúpida roja en el derbi.

Enfrente la Roma, equipo bullicioso del atrevido Gasperini, que salió dispuesta a meterle los mismos decibelios al partido que su afición a la previa. Bullía el Olímpico y empujaba a su equipo en pos de la meta de Courtois. El Real Madrid trataba de calmar el juego en los minutos iniciales del partido con una posesión lenta pero segura como un inspector de Hacienda al borde de la jubilación.

Aprieta la Roma

Los primeros sustos para el Real Madrid llegaron rápido. Y los primeros paradones de Courtois, sobre todo uno con la mano derecha a un venenoso disparo de Mario Hermoso (canterano del Madrid) desde la frontal del área. La Roma tenía la pelota y el Madrid lo fiaba todo a defenderse con orden y a la velocidad de sus contras. Vinicius avisó en una galopada que empeoraron Mbappé primero y Bellingham después.

Sin noticias de Tchouaméni ni de Fede Valverde en los minutos iniciales. Con ellos el centro del campo del Real Madrid es puro gotelé. Y a veces ARCO, que es peor porque nadie lo entiende. Otra vez la Roma avisó a los diez minutos con una ocasión de Dybala dentro del área pequeña que se le marchó fuera por centímetros. Al Madrid le llegaban con una facilidad extrema. El equipo de Mourinho, partido, era además blandito.

La Roma iba a ocasión por minuto. En el Real Madrid sólo respondía Courtois. Cucurella y Dumfries estaban desbordadísimos mientras Vinicius y Cucurella estaban más liberados de trabajo que un sindicalista. La mejor noticia para Mourinho fue la lesión muscular de Manu Koné, que se había merendado a los troncocentros del Madrid en el primer cuarto de hora. Entró en su lugar el imberbe Pisili.

El Real Madrid seguía en el alambre y la Roma se merecía el gol. Y lo logró justo al filo del minuto 20. Fue una jugada bien cocinada que nació de una pérdida arriba del Madrid en la que los madridistas defendieron con la mirada mientras los de Gasperini trenzaban pase tras pase. Así llegó la pelota a De Roon a unos diez metros de la frontal. Su disparo se envenenó y pilló a contrapié a un Courtois que no pudo sacársela de encima.

Por fin Mbappé

Tres minutos después otra pérdida de Diomande en su propio campo provocó que la Roma corriera y encontrara a Malen dentro del área. Su disparo lo atrapó Courtois aunque casi se le escapa sobre la línea. El Real Madrid estaba, más que tocado, hundido. Hundidísimo. Pero el Madrid tiene a Mbappé. El francés recibió una pelota llovida del cielo en tierra de nadie, aprovechó un desajuste defensivo de Mario Hermoso, disparó desde fuera del área y su tiro tocó en Mancini para cambiarle la trayectoria a Gollini.

La Roma acusó el tanto de Mbappé y el Real Madrid se tranquilizó. Diomande empezó a mostrarse tanto en defensa como en ataque, todo lo contrario que Vinicius. Cucurella tuvo en su zurda el 1-2 en el 37 pero su disparo se marchó fuera. Respondió la Roma con una contra que no alcanzó por poco Malen en el segundo palo. Otra vez sufría el Madrid en los minutos finales de la primera mitad.

Defendían con todo los de Mourinho. Hasta Bellingham se remangó para desviar a córner un tiro de Malen. Lo mejor que le podía pasar al Real Madrid era que Letexier pitara el final de la primera parte. Y eso que la última ocasión del primer tiempo fue una contra que inició Diomande, aceleró Vinicius por la izquierda y finalizó Bellingham con un disparo cruzado que se marchó fuera por muy poco. Con esa ocasión para el Madrid nos fuimos al descanso.

Otro regalo de Vinicius

Del que regresamos con los mismos once en el Real Madrid y las mismas ganas de presionar en la Roma. Mou puso pronto a calentar a Camavinga, Trent, Bernardo Silva y Thiago Pitarch. Tenía claro donde estaban los males de su equipo. En el mismo sitio que en todos los partidos. Y en esa zona del campo llegó el segundo de la Roma. La culpa fue de Vinicius, que tuvo una pérdida estúpida e infantil en el mediocampo por intentar darla de tacón. Endika se la robó y tocó para Mancini. El capitán encontró al recién entrado Rodrigo Mora, que leyó perfectamente el desmarque de Malen, que batió por arriba a Courtois en su media salida.

Tras el gol de la Roma las cámaras pillaron a Mourinho, con cara de asco, repitiendo el taconazo estúpido de Vinicius. Tenía toda la razón. Lo que había hecho Vini, sencillamente, no se puede hacer. El Real Madrid volvía a suicidarse. Y Mou, por muy enfadado que parecía, no hacía nada. Con su equipo descosido Malen hizo el tercero de la Roma. Sólo estaban atrás Cucurella, Konaté, Tchouaméni y Valverde, que rompía el fuera de juego. Ni rastro de Konaté ni de Dumfries, que ni regresaron. Ahí sí, con el partido perdido, Mou se cargó (por fin) a Vinicius, también a Dumfries, y metió a Endrick y Güler.

El cambio táctico de Mourinho, con media hora por delante, igual llegaba tarde. Valverde pasaba a ser lateral derecho, Güler mediocentro y Endrick compartía el área con Mbappé. Era ya jugar a la desesperada. En el 61 Mbappé falló la ocasión de cada día al disparar al muñeco dentro del área. Rechazó con los pies Gollini. Tocó a rebato el Real Madrid y empezó a encadenar ocasiones en el área. Primero Endrick se tiró alevosamente para fingir penalti y luego fue Mbappé el que de nuevo se topó con el portero de la Roma.

Mbappé lo intentaba una y otra vez. En el 68 le anularon un gol por un fuera de juego de esos milimétricos tras un gran pase de Diomande. Desde que Fede Valverde se había quitado del centro y Vinicius del campo el Real Madrid era mucho mejor. En el 70 Mou metió a Bernardo por Tchouaméni con la intención ya de quemar sus últimas legiones.

Al menos el Real Madrid le puso un punto de orgullo liderados por un Mbappé que las quería todas. El equipo estaba muy partido, pero eso ya daba igual. Mourinho esperó al 77 para meter de golpe a Carreras por Cucurella (otro partido torcido) y a Espí por Diomande para ir ya con todo al área. El Madrid apretó con todo.

En el 82 Espí aprovechó en boca de gol un mal rechace del meta Golini dentro del área. El colegiado, a instancias de su asistente, lo anuló, pero el tanto era legal, así que el VAR dio por válido el 3-2. El Real Madrid fue a por todas, a calzón quitado, como toda la vida en la Champions. Y así llegó el milagroso 3-3. Otra vez un córner sacado por Güler, otra vez un remate de Endrick (desaprovechado por Mourinho) y esta vez su testarazo se alojó en la portería de Gollini. Pues el Real Madrid había conseguido la remontada en un pispás.

Con el Madrid en trance podía llegar el cuarto en cualquier momento. Lo tuvo Bellingham en su cabeza en el 87 después de otro maravilloso saque de esquina de Güler. Aún quedaba tiempo para firmar una remontada histórica. Y la firmó Rüdiger, otra vez a la salida de un córner y otra vez tras una asistencia desde la esquina de Arda Güler. Era una remontada clásica del Real Madrid de siempre, del Real Madrid de las quince Copas de Europas.

En los minutos finales el Real Madrid tiró de escudo, de orgullo y de oficio. Supieron los blancos proteger el preciado botín de la remontada y se vuelven a casa con tres puntos valiosos y la confianza por las nubes. Mourinho debe aprender la lección: al equipo le falta fútbol pero es que lo tiene guardado en el banquillo.

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